24 de junio de 2017
24.06.2017
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Cultura educadora

La exposición "La Edad de Piedra", del IES Maestro Haedo, un ejemplo del buen hacer de los profesores

24.06.2017 | 00:14
Cultura educadora

A los que ya peinamos canas y no tenemos hijos en edad escolar los problemas de la educación nos resultan ajenos, por más que nos lleguen los ecos del Informe Pisa, que es sabido evalúa sus resultados, y en nuestro caso particular no precisamente para bien. ¡Qué difícil e ingrato es educar! En cualquier edad, pero sobre todo en la adolescencia, cuando lo que menos te importa son las ecuaciones de segundo grado, las oraciones de subjuntivo, el sistema métrico decimal, cómo cristaliza el cuarzo o el descubrimiento de América. Y a propósito, cómo no recordar el tesón de Don José Rubio Alija - catedrático del Claudio Moyano donde fui bachiller - por hacernos fácil y divertido el latín, y el de tantos otros profesores que antepusieron nuestra formación por encima de nuestras juveniles preocupaciones: las chicas, la Avenida, la discoteca... Supongo que hoy no será muy distinto, y que seguirá habiendo profesores que crean en lo que hacen y se esfuercen igualmente en enseñar contra todo y contra todos. Un ejemplo cabal del buen hacer de estos profesores, comprometidos con la noble tarea de enseñar, es la exposición "La Edad de Piedra", que hasta finales de mes puede verse en el IES Maestro Haedo. No es la primera vez que este instituto se aventura en un proyecto de esta naturaleza, pues hubo otros anteriores dedicados al Tiempo del Quijote y Leonardo da Vinci.

Montar una exposición en un centro de enseñanza no es sencillo, entre otras razones porque habrá a quien le parezca no forma parte de su función, además de no ser el mejor lugar para ello. Conviene advertir que no hablamos de exhibición de obras de arte, sino de materiales que acerquen a los alumnos un aspecto del conocimiento, con el fin de facilitar su compresión de forma sencilla y práctica. Reproducir artesanamente las máquinas que el genio de Leonardo creó, o una vivienda rural de la España del Siglo de Oro, a buen seguro será un instrumento tan eficaz como una disertación académica por muy magistral que sea. En esta ocasión el proyecto se ha centrado en los primeros pasos de la evolución humana, un asunto atractivo y actual.

La imagen parlante de la exposición - que ilustra su cartel - es el "bifaz" de cuarcita roja encontrado en Atapuerca, bautizado como Excalibur, un arma de piedra, que se utilizó como ofenda votiva, y por ello tan enigmática como la espada del mítico rey Arturo. Coordinada por los profesores Cerdera Macho, Martín Baz y Domínguez Andrino, con la participación de los departamentos de Economía, Francés, Geografía e Historia, Artes Plásticas, Inglés y Orientación, y la colaboración de los alumnos, la muestra incluye un completo catálogo de útiles de piedra fabricados "ex profeso" para la ocasión, así como su evolución técnica y los correspondientes paneles explicativos. Sin embargo, la pieza estrella de la exposición lo es sin duda la gran cueva, recreada con papel rugoso e iluminación ambiental en el salón de actos, en la que se ha reproducido, con útiles y pigmentos asimismo originales, lo más granado del arte rupestre español y francés (Altamira, Lascaux, refugios levantinos, etc.) Aderezan este monumental fresco la vivienda y el ajuar doméstico del hombre prehistórico, sus armas y útiles para fabricar el fuego, el vestido o pescar, sus expresiones religiosas e ídolos, junto con una reproducción de cráneos a escala que muestran la morfología y evolución de la capacidad craneal hasta el homo sapiens. La exposición dispone además de una aplicación informática, con la que pueden bajarse imágenes, vídeos y textos en francés sobre arte rupestre, paneles con imágenes y dibujos, una audio-guía, a la que se accede a través del teléfono móvil mediante un código qr, y hasta unas gafas de visión en tres dimensiones. Abruma pensar que este exquisito y laborioso trabajo sea algo efímero, que habrá que desmontar y tirar. Pero a buen seguro permanecerá en la memoria de todos aquellos que hemos visitado la exposición, como un conocimiento útil. Una experiencia en definitiva de la mejor cultura educadora, que tanto se echa de menos en esta sociedad nuestra tan poco comprometida y crítica con la formación de los jóvenes.

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