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Donaciano Bartolomé

Identidades zamoranas

Donaciano Bartolomé

Libertad para hablar y actuar en conciencia

Movimientos preelectorales peligrosos por lo que de insultos o descalificaciones pueden traer

En tiempos como estos, preelectorales, los bailes de nombres y cambios están a la orden del día. Hay trasvases de partidos, abandonos, fichajes por detrás, calculo dónde puedo quedarme con el puesto. Y se confunde el oportunismo con el deseo sincero de no adulterar la voluntad de los electores. Algunos se dan cuenta de la falsedad de los partidos en los que han militado. La información nos podría servir para distinguir entre aprovechados y auténticos. Requejo dice: “La carrera electoral parece un mercado de fichajes”. El presidente de la Diputación pide que los candidatos vayan más allá de “cambios de cromos” y piensen en los proyectos. En días pasados Joaquín Leguina, Primer presidente socialista de la Comunidad de Madrid, reconocida voz de la socialdemocracia, diputado nacional hasta 2008, fue expulsado del partido. Porque en mayo de 2021 apoyó a Isabel Díaz Ayuso (PP) en la campaña electoral autonómica. La portavoz del PSOE y ministra de Educación y Formación Profesional, Pilar Alegría, ha justificado la suspensión de militancia, durante una entrevista en TVE: “Cuando optas de forma voluntaria a formar parte de un partido político, sabes que hay unos derechos y unos deberes.

Algo similar pasó con la votación de la llamada ley trans. La diputada y exvicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo ha sido sancionada por no obedecer al jefe de filas y abstenerse. Afirmó que quiere una ley, “pero no esta. He votado en un día difícil la opción más compleja y asumo las consecuencias de mis actos”.

Y comento estos hechos ya que también tienen connotaciones con Zamora. Todos los afiliados a partidos asumen no poder hablar bien de los otros miembros de partidos y obediencia ciega al suyo, digan lo que digan o hagan lo que hagan y así nos encontramos con militantes que nos hacen comulgar con piedras de molino. ¿Qué libertad es esta? Lo primero es el partido aunque sea para decir que el día es la noche y la sequía, lluvia. Es una promesa y un camino a la despersonalización. La imposibilidad, aunque se mueran de ganas, de reconocer que los otros pueden hacer algo bueno.

¿Qué credibilidad nos pueden merecer el discurso y pronunciamientos de quienes justifican expulsiones de miembros del partido por el hecho de no hablar mal del contrincante? Es muy preocupante la inmoralidad por la que se gobiernan quienes nos gobiernan

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Esta realidad, que la vivimos a diario hasta en los pueblos más pequeños, donde el partido o los partidos gobernantes ven que quien gobierna hace cosas buenas, ni las reconocen, ni las alaban, ni lo pueden hacer. Y, al contrario, quien gobierna se muestra incapaz de reconocer nada bueno a quien está en la oposición. Todos están atados de pies, boca y manos. Y lo grave es que adoptan comportamientos contra toda lógica y moralidad y además nos gobiernan y se erigen en líderes. Así, con estos comportamientos, las personas no militantes en partidos o somos muy maduras y bien formadas o nos arrastran con su pensamiento y palabra de hablar mal de todos y todo los que no sean ellos. Ellos mismos se ven en la necesidad de actuar contra su conciencia al no poder admitir que lo bueno es bueno y lo malo es malo lo haga quien lo haga.

Estos partidos que obedecen estos estatutos que tendrían que ser, por quien corresponda cambiados o ilegalizados, son los que nos gobiernan y administran nuestra hacienda. Son incapaces por ley interna de reconocer realidades buenas si las hace el otro o virtudes y méritos del otro. No es posible regenerarnos. Nuestro sistema está muy enfermo empezando por los partidos que niegan las evidencias y han penetrado en todas las estructuras contaminándolas con su hacer partidista. Es la negación a muchos miles de militantes el derecho a la libertad de expresión en que ellos entienden por bueno para el bien común y que los mismos defienden cuando se trata de insultar o desprestigiar a otros e incluso a instituciones y signos de identidad universales.

Es la condena a seguir escuchando insultos inapropiados y a obviar alabanzas merecidas. Y eso nos afecta también en Zamora desde la más pequeña de las comunidades hasta las instituciones más grandes regidas por políticos obligados por Estatuto a desprestigiar y hablar mal de los otros. Es triste, muy triste. ¿Qué estatuto puede prohibir hablar bien de los otros cuando ejercen o aspiran a tener funciones representativas en favor de la comunidad? ¿Qué credibilidad nos pueden merecer el discurso y pronunciamientos de quienes justifican y avalan expulsiones de miembros del partido por el hecho de no hablar mal del contrincante? ¿A quiénes seguimos? Es muy preocupante la inmoralidad por la que se gobiernan quienes nos gobiernan. En este caso ha sido un partido, pero afecta a todos, a su estructura, a sus comportamientos. Movimientos preelectorales peligrosos por lo que de insultos o descalificaciones pueden traer.

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