En este 2023 me gustaría abogar porque fuese el año de la información, tenemos una gran cantidad de recursos y medios digitales disponibles a tan solo un ‘click’ para acceder a multitud de contenidos, por ello el objetivo de esta carta, remar a favor del conocimiento y la accesibilidad.

El tema principal es la comunidad de personas Sordas, su cultura y tradiciones, la terminología adecuada para referirnos al colectivo; en un año tan señalado de cambios en muchos campos sociales, la perspectiva de género, el lenguaje inclusivo, la visibilización de las personas con discapacidad… Las personas sordas son el colectivo olvidado, poseen la discapacidad que en el ámbito llamamos ‘invisible’ y si, personas sordas porque ante todo prima la persona sobre la discapacidad.

Muchas veces se comete el error de anteponer la discapacidad a la persona, pero la terminología adecuada o más correcta para referirnos al colectivo en general es ‘persona sorda’, ni minusválido, ni discapacitado, ni persona con sordera, ni sordo, ni sordo-mudo, este último es muy común, la gran mayoría de personas sordas no son mudas, esto significaría que su afección orgánica reside en las cuerdas vocales, sin embargo no es así, las personas sordas gracias a su derecho pleno de elegir, deciden en qué sistema comunicarse y con cual se sienten más cómodos, gracias a la lengua de signos acceden a la información de forma visual, aunque muchas veces haya barreras invisibles también: véase la situación de las mascarillas durante la pandemia, el desconocimiento por parte de la población oyente de su lengua natural, la falta de accesibilidad en todos los ámbitos de su vida por la falta de contratación de profesionales como los intérpretes de lengua de signos o los mediadores comunicativos en educación, sanidad, medios de comunicación etc.

En la ley 27/2007 del 23 de octubre se reconoce la lengua de signos como una lengua oficial del Estado, ¿Entonces, porqué es lengua de signos y no lenguaje de signos? Para que una lengua se reconozca como tal debe de cumplir una serie de requisitos tales como: una estructura gramatical y sintáctica, vocabulario, el uso y tradición por parte de un colectivo o territorio …

A pesar de ser una lengua oficial del Estado, en España cohabitan la lengua de signos española y la lengua de signos catalana, porque no, la lengua de signos no es universal, varía al igual que el dialecto y el idioma del lugar, pero ello no impide su comprensión al ser muy visual y expresiva.

En este sector trabajamos profesionales muy dispares en cuanto a funciones se refiere, pero con un objetivo común: la accesibilidad. En mi caso, como mediadora comunicativa mi función es ser el puente de comunicación entre las personas con discapacidad y su entorno, los intérpretes de lengua de signos cuyo objetivo reside en interpretar fielmente la información entre la persona con discapacidad y su entorno o el especialista en lengua de signos que es un profesional sordo encargado de la enseñanza y difusión de la cultura sorda.

Me gustaría que en un futuro cercano la inclusión se hiciese realidad, el primer paso está de nuestra mano reivindicando nuestros derechos, haciendo presente la lengua de signos en centros educativos de la mano de profesionales vinculados a la comunidad sorda, el acceso total y completo a la información y en nuestro día a día.

Ainoa Álvarez Durán