12 de agosto de 2018
12.08.2018
Domingo 12, XIX del tiempo ordinario

Jesús sostiene nuestra vida

12.08.2018 | 02:03
Jesús sostiene nuestra vida

Es una experiencia que todos llevamos dentro: no podemos sostener nuestra vida con nuestras propias fuerzas. Por momentos creemos que somos capaces, que somos fuertes, que sacamos adelante nuestra vida nosotros solos. Pronto las dificultades, la debilidad, el sufrimiento, la enfermedad, el cansancio? llaman a nuestra puerta. Como Elías, estamos tentados a decir: "¡No puedo más, Señor!".

Dios sabe bien que el camino es superior a nuestras fuerzas y nos envía "su pan y su agua", que es un alimento que nos fortalece. Se sirve para ello de muchos "ángeles" que nos tocan en el hombro y nos dicen: "cuenta conmigo, levántate".

Aprovechemos para agradecer a tantas personas que acompañan y sostienen a sus hermanos en la debilidad, en la enfermedad, en el tránsito a la Casa del Padre. Profesionales de la salud, voluntarios, personas que cuidan a enfermos, religiosos y religiosas que atienden a nuestros mayores, padres que no tiran la toalla ante graves enfermedades de sus hijos, hijos que devuelven con sus padres, ya mayores, tanto amor recibido?

Juan, en el evangelio de este domingo, repite una y otra vez: Jesús es quien sostiene nuestra vida. Él es fuente de vida sin fin. Jesús es "el pan de la vida", "el pan vivo, y quien lo come vivirá para siempre". Jesús es alimento vital: fuerza, esperanza? no como el maná, que es efímero, sino que nos da su propia carne, que es vida sin fin.

Celebrar la Eucaristía es sentarnos a su mesa y recibir, en su cuerpo entregado y en su sangre ofrecida, el alimento que sostiene nuestra vida, con la fuerza del Espíritu. Así yo soy Cuerpo de Cristo, tú eres Cuerpo de Cristo, somos hijos en el Padre, estamos sentados a una mesa común que nos hace hermanos.

Jesús es el pan que nos da la vida de Dios y nos hace parecernos a Él. Con ese alimento podemos ser, como nos pide San Pablo en su carta a los Efesios, buenos, comprensivos y perdonarnos como Él nos perdona.

¡Feliz verano y feliz descanso! No olvidemos reponer fuerzas con este pan vivo bajado del cielo que es Jesús, ¡que no cierra por vacaciones?!

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