03 de agosto de 2017
03.08.2017
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Bellaquerías y latrocinios

Durante el siglo XVII se formaron cuadrillas para frenar los desmanes callejeros en Zamora

03.08.2017 | 00:13
Bellaquerías y latrocinios

Comenzaba el siglo XVII; Felipe III había sucedido a su padre Felipe II en el trono de España. Felipe III fue un monarca débil y delicado, con carácter apacible, le gustaban las matemáticas y era de misa diaria. Felipe III heredó de su padre una enorme deuda de Estado, deuda que no paró de aumentar con el despilfarro de su Corte, lo que agravó la crisis financiera del Reino.

Por nuestras tierras se producían lamentables hechos de bellaquerías y latrocinios producidos por algunos cuadrilleros de la Santa Hermandad, que lógicamente fueron depuestos de sus cargos, nombrándose a otros de toda confianza cuyas funciones eran inspeccionadas por los alcaldes.

Era tradicional ejercer oficios de pícaros y ganapanes, que estaban regulados por una ordenanza municipal, los abusos cometidos por estos personajes dieron lugar a que se limitase a que en la ciudad no hubiera más que doce de cada clase, con el correspondiente registro en el Ayuntamiento, debiendo usar para distinguirse caperuzas azules los ganapanes, y verdes los pícaros, con prohibición para éstos de meterse a corredores ni medidores de trigo y vino, por lo que "sisaban" (los pícaros vivían de mediar en los tratos con engaños o sirviendo a amos con astucia; los ganapanes se ganaban la vida haciendo recados o trabajos eventuales).

Hay constancia de que un arriero de Hellín hacía frecuentes viajes a esta ciudad llevándose mozas y muchachas, a las que engañaban con escrituras hechas ante escribano, dándoles dinero anticipado; a cuya situación pusieron remedio los regidores.

Habiendo venido a Zamora un crecido número de pobres procedentes de Galicia y Portugal, se les socorrió por una sola vez, ordenándoles marchar a sus respectivos pueblos. Con tal motivo se formó un registro de vagos y gente de mal vivir, de los que se echaba mano cada vez que había que reclutar soldados.

Los soldados que había en la ciudad promovían desórdenes y bulla por las noches escandalizando a la vecindad, por lo que se tomaron medidas para cortar decididamente tales desmanes, autorizando el rey rondar por turnos los regidores con sus correspondientes cuadrillas, prendiendo y castigando duramente a todo el que encontraban después de las siete de la noche en invierno (sería el horario solar de aquel tiempo).

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