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La Opinión de Zamora

La DO Toro desafía al cambio climático

Un estudio del Consejo Regulador y la Universidad de Lérida analiza los efectos en el viñedo y destaca las variaciones en el ciclo de desarrollo

Parcela cultivada con viñedos en un pago del municipio de Morales de Toro. | M. J. C.

Analizar la respuesta de la variedad de uva autóctona Tinta de Toro a los efectos del cambio climático. Este es el objetivo prioritario del estudio “Variabilidad espacial y temporal. Respuesta tempranillo/Tinta de Toro dentro de la Denominación de Origen y cambios proyectados bajo el cambio climático” realizado por el Consejo Regulador y la Universidad de Lérida.

La investigación pretende abordar uno de los dos mayores desafíos a los que se enfrenta el sector vitivinícola, a corto y medio plazo.

El primero es el proceso de globalización, que implica una mayor competencia en el mercado y el segundo es el cambio climático, porque las previsiones indican que, si las emisiones de gases de efecto invernadero prosiguen al ritmo actual, provocarán un aumento de las temperaturas, un descenso de las lluvias y un incremento de fenómenos climáticos extremos como la sequía.

En este punto, hay que recordar la alta dependencia que la viticultura tiene del clima, ya que juega un papel determinante en la calidad de la cosecha de uva y en el rendimiento de los viñedos.

La investigación impulsada por el Consejo Regulador en colaboración con la Universidad de Lérida ahonda en el impacto que el cambio climático puede tener en viñedos de la Denominación de Origen Toro y la respuesta de la variedad autóctona, la mayoritaria en la zona y la más empleada por las bodegas para elaborar sus vinos.

El director técnico del ente regulador, Santiago Castro, destacó que el estudio se ha centrado en el análisis de datos relacionados con la fenología del viñedo, tales como la brotación, la floración, el envero o la madurez, aunque también se ha tenido en cuenta la acidez de la uva registrada en parcelas ubicadas en siete localidades amparadas por la Denominación de Origen y situadas a una altura de entre 668 y 779 metros sobre el nivel del mar, entre los años 2005 y 2019.

Conclusiones

Los datos recopilados para elaborar el estudio arrojan una serie de conclusiones que las bodegas y viticultores de la Denominación de Origen Toro podrán tener en cuenta para adoptar las medidas necesarias con el objetivo de preservar la calidad del vino .

Entre otras conclusiones, la investigación apunta que en las últimas décadas se ha observado una “gran variabilidad” tanto en las temperaturas máximas como en las mínimas, así como en las precipitaciones en forma de lluvia registradas en la zona.

Viñedos cultivados en una parcela inscrita en el Consejo Regulador M. J. C.

Sobre las variaciones en la temperatura media durante el ciclo del cultivo de la viña, la investigación resalta que alcanzan aproximadamente unos 2,5 grados, mientras que en el caso de las máximas rebasan los 3,5 grados.

Esta fluctuación ha permitido conocer la respuesta del viñedo bajo condiciones más extremas que, según el estudio, puede aportar una idea aproximada “del efecto de un potencial calentamiento en un futuro cercano”.

Otra de las conclusiones del estudio se refiere a las alteraciones en la distribución de las precipitaciones y la aparición de periodos de sequía más prolongados que “también permiten conocer el potencial efecto de un mayor estrés hídrico en la planta”.

De esta manera, el primer impacto de cambio climático observado en el viñedo de la Denominación de Origen Toro, según el estudio, es un adelanto en la fenología y que todas las etapas “se ven afectadas”, aunque el mayor anticipo se produciría en las fases del envero y la maduración del fruto y tendría una menor incidencia en las más tempranas del ciclo vegetativo.

De hecho, en los años en los que se han registrado unas temperaturas máximas más elevadas, de hasta casi dos grados superiores a la media, o en los que han confluido unas condiciones extremas de sequía se ha observado un adelanto en las etapas del envero y la maduración de hasta 15 días respecto a la media registrada en los últimos 20 años.

Emisiones

Los datos recopilados en el estudio aportan también una idea de lo que puede suceder bajo un “escenario de emisiones controladas”, que puede dar lugar a cambios en la temperatura.

De hecho, la investigación concluye que, si las emisiones siguen aumentando sin control los adelantos en la fenología y, en particular en las etapas del envero y de la maduración de las vides, podrían alcanzar los 20 días e incluso superar esa cifra.

El adelanto de ambas etapas del ciclo vegetativo de la vid provocaría además que la maduración del fruto se produzca bajo condiciones de mayores temperaturas, lo que puede tener “efectos adicionales” en la calidad final de la uva.

En este sentido, el estudio relaciona el incremento de la temperatura con una menor acidez de las uvas, que para la variedad autóctona de la Denominación de Origen Toro tendría un particular impacto, ya que se caracteriza por su baja acidez.

Otro efecto observado tras el análisis de los datos recopilados para la investigación es el incremento de la concentración de azúcares motivado por una reducción de las bayas como consecuencia de un mayor déficit hídrico por las menores precipitaciones, lo que podría provocar un “desequilibrio entre la concentración de azúcares y los compuestos fenólicos”.

El estudio servirá de guía al Consejo Regulador para trazar una estrategia futura que defina las soluciones o alternativas que pueden adoptar tanto las bodegas como los viticultores para hacer frente e intentar mitigar los efectos que el cambio climático tendrá en los viñedos de la zona.

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