07 de febrero de 2017
07.02.2017

El cazador que mató de un tiro a su perro, condenado a seis meses de cárcel

La juez prohibe al acusado que durante un año tenga animales y ejerza profesión, oficio o comercio relacionado con los mismos

08.02.2017 | 17:34
Perrera del imputado por la muerte de uno de sus perros.

El cazador que mató de un tiró "certero" y "a corta distancia" en la cabeza a unos de sus perros al término de una cacería de jabalí y zorro en Faramontanos de Tábara en octubre de 2015 acaba de ser condenado a seis meses de prisión y a la prohibición de tener animales durante un año, así como de desempeñar profesión, oficio o comercio relacionado con los perros también por un año.

El Juzgado de lo Penal le impone tales penas como autor de un delito contra los animales, al considerar probado, a pesar de que los testigos "se desdijeron" de lo relatado a la Guardia Civil, que el 3 de octubre de 2015, una vez acabada la cacería gancho" a la que acudió con 20 canes de su propiedad, cogió un rifle "de un amigo" y disparó a uno de ellos, que carecía de identificación, "causándole la muerte". El imputado, que negó en el juicio que el can fuera suyo y afirmó que se le habían perdido dos perros y por eso dijo que no comerían más, se dirigió acto seguido al lugar donde estaba el resto de cazadores y comentar "este perro ya no come más", según la sentencia, que se puede recurrir. El ya condenado, de iniciales J.G.M., tenía la ropa manchada de sangre cuando regresó con el grupo, según consta como probado en la sentencia emitida por la magistrada del Juzgado de lo Penal.

Las diligencias penales se abrieron porque un guardia civil del Seprona escuchó, cinco días después del suceso, en una conversación de cazadores que un rehalero había matado a uno de sus perros. Los agentes hallaron, en el lugar descrito por los cazadores, el cadáver del can, con un orificio de entrada en la parte frontal del cráneo y de salida en la parte posterior, herida mortal causada por un rifle.

Los interrogatorios a participantes en la cacería comenzaron de inmediato, esa misma mañana del 8 de octubre de 2015, lo que sirvió para recabar información sobre cómo se produjeron los hechos y que permitió concretar que J.G.M. "una vez finalizado el gancho disparó dentro de la mancha con un rifle, dándole alcance, a uno de sus perros" al concluir la cacería, acto presenciado por los que se encontraban en ese momento en el coto.

Los testimonios se sucedieron en días posteriores, para confirmar el atentado contra la vida del animal e incluso que hubo quien "le recriminó lo que había hecho" y detallar que tras efectuar el disparo que acabó con el perro replicó que "estos perros ya no comen más".

La sentencia es condenatoria a pesar de que estos testigos negaron en el juicio haber visto quien disparó e incluso uno de ellos manifestó que en ese momento estaba recogiendo la señalización porque la cacería había concluido y que solo escuchó una detonación, tras lo que el acusado y unos chicos se fueron. Ese disparo podría coincidir con el que otro testigo aseguró haber hecho al aire al concluir la montería "para que los perros no se fueran y ayudar a recogerlos". Este cazador ni vio ni oyó nada, al igual que otro que apuntó que se le habían perdido dos perros y al imputado otros dos que estuvieron buscando.

Ese mismo testigo agregó que entonces oyó dos o tres disparos y el imputado y quienes se habían ido con él regresaron y escuchó al procesado decir "este perro no come más", con los pantalones manchados. En la vista oral, sí admitió que reprochó su actitud al acusado, pero solo "por lo que pensaba que había hecho", recoge el fallo judicial, afirmación que lleva a la magistrada a considerar que "el testigo tenía la certeza de que el acusado había matado al perro". El otro testigo declaró en el mismo sentido: solo escuchó los disparos, escuchó al cazador condenado decir lo mismo y le vio con sangre en los pantalones. Sobre estas manchas, el imputado manifestó en el juicio que se las causó al ayudar a cargar en la furgoneta a un perro que había atropellado un vehículo, extremo que negó el dueño del can herido. La juez se agarra para condenar al acusado a las primeras declaraciones de los cazadores, a la prueba de la sangre en los pantalones del acusado, que se explicaría por el disparo a corta distancia, a que el guarida civil escuchó el relato y no tiene motivos para mentir en su denuncia.

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