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Bárbara Palmero

Bárbara Palmero

Ganadera, escritora y exalcaldesa de Prado

Al vent del mòn

La resistencia del Gobierno regional a acatar el orden legal vigente nos hermanaría con la Cataluña insumisa

El barco de Piolín, en el puerto de Barcelona LOZ

Ver para creer, y no será porque no estamos advertidos. Cito textualmente, artículo 155 de la Constitución Española: “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.

La única diferencia entre la Cataluña del 1 de octubre, adoctrinada en un odio obcecado a España, y la CyL actual, adoctrinada en un odio cerril a la Ciencia, es que resultaría imposible meter el barco del Piolín y los beneméritos en el Lago de Sanabria, y el Duero no es navegable.

Con ecoesquemas de la PAC o sin ellos, lo cierto es que el gallardo vicepresidente, en su descarado descenso a los infiernos de la locura, está cruzando todas las líneas rojas. Y al servil Mañueco no le queda más remedio que poner la misma cara de circunstancias que adoptaba Hitler cada vez que Jesse Owens vapuleaba a sus competidores de raza aria.

Hace ya unos años, un congresista norteamericano seguidor de la teoría Creacionista se hizo famoso mundialmente, cuando insultó a la inteligencia defendiendo aquello de que Darwin mentía, porque él nunca había visto un mono transformarse en hombre. Después, con toda probabilidad y harto satisfecho de su estulticia, se sentó tranquilo a fumarse uno de esos habanos falsos made in Miami.

Pues bien, el creacionismo es casi el único atentado contra la humana inteligencia que le queda por cometer al gallardo anti-Ciencia. Primero fue aquello de que el cambio climático no existe, son los comunistas. O los padres. O san Francisco de Sales, patrón de periodistas y escritores.

Aunque lo de refutar el cambio climático, hasta se le puede llegar a perdonar al gallardo negacionista. No en vano, la revista Science acaba de hacer público un estudio de la Universidad de Harvard, en el que se detalla como científicos a sueldo de ExxonMobil llevan desde los años 70 falseando las evidencias que demuestran la relación directa entre la quema de combustibles fósiles y el calentamiento global.

La única diferencia entre la Cataluña del 1 de octubre y la CyL actual, adoctrinada en un odio cerril a la Ciencia, es que resultaría imposible meter el barco del Piolín y los beneméritos en el Lago de Sanabria, y el Duero no es navegable

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Al argumento de autoridad me remito, decía Cicerón que la libertad no consiste en tener un amo justo, sino en no tener amo ninguno. Los científicos a sueldo de la mayor petrolera de los Estados Unidos tenían sobrados motivos para mentirnos a todos: servir a su amo y cobrar una pasta por ello.

De igual modo, si el vice se comporta como esos mercenarios de la ciencia a sueldo de Exxon, y se empecina en negar que en Zamora no hace frío ni nieva como hace veintitrés años, que son los que llevo trabajando al raso y viviendo aquí, él sabrá a qué amo sirve. Al pueblo español seguro que no.

No se ha atrevido a negar el Big Bang, pero sí a desmontar la teoría de la evolución de las especies de Darwin. Aún sangran los oídos al recordar cuando dijo aquello de que el único fin del sexo era la reproducción. Una incorrección biológica, porque durante la evolución, la especie humana perdió el celo, y por eso mismo, es de los escasos animales que recurren al sexo por puro goce, y no por un imperativo del instinto.

Pues bien, siguiendo con su mostrenco puritanismo, el gallardo seguidor del mythos (fábula) y contrario al logos (razón), se ha atrevido ahora a contravenir el dictamen de los doctores en ginecología e insiste en aplicar sus no avaladas por ninguna disciplina científica medidas antiabortistas. Que, por otra parte, contravienen el ordenamiento legal vigente.

Como lo contravenía el referéndum catalán, por ello el Gobierno de la nación se vio obligado a aplicar el artículo 155.

Valladolid, tenemos un problema. Antes, cuando la despoblación no era una cuestión de Estado y los pueblos estaban llenos de gente, en cada pueblo había un tonto. Lo bueno del tonto del pueblo era que sabía cuál era su lugar en el mundo. Y por ello, no hacía perder el tiempo a nadie intentando rebatir los conocimientos del señor cura, del señor veterinario o del señor alcalde.

Pero ahora que en los pueblos sólo quedamos cuatro gatos, dos gallinas y tres ovejas; ahora que del rural ha emigrado todo el que ha podido y ha querido hacerlo; ahora que no queda apenas nadie, ni siquiera el tonto del pueblo. Ahora, el tonto del pueblo ha sido sustituido por el tonto de la ciudad.

El problema con el tonto de la ciudad es que, pese a ser un mero licenciado en ciencias sociales, se las denomina ciencias, pero no son verdaderas ciencias, son sólo saberes multidisciplinares, se atreve a negar las evidencias empíricas que demuestran el caos climático.

El problema con el tonto de la ciudad es que, pese a no tener útero ni un doctorado en obstetricia, es capaz de pontificar sobre reproducción humana. El problema con el tonto de la ciudad es que dentro de su supina estupidez es capaz hasta de negar a Einstein.

Lo peor de tamaña ignorancia es que termina por salpicarnos a todos. Nunca se había hablado tanto, y tan mal, de nuestra región. Así que este artículo deja de seguirle el juego a la insensatez, y acaba como empezó. Con la venia del insumiso Raimon, cantando entre líneas, como se hacía en un pasado al que algunos pretenden devolvernos: “Y todos, todos llenos de noche, buscamos la luz, buscamos la paz, buscamos a Dios, al viento del mundo”.

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