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Demetrio Madrid

Para Zamora y su provincia

Si se quiere conseguir los objetivos legítimos, es imprescindible la colaboración y cooperación

Demetrio Madrid en una imagen de archivo. José Luis Fernández

Cualquiera de los últimos acontecimientos recientes y sus resultados, merecen una reflexión en relación a las consecuencias geopolíticas. Estoy pensando, en la invasión en Ucrania, en las elecciones en Andalucía, en Francia y en Colombia; y otros hechos que afectan a la mayoría de los ciudadanos. Aunque me detendré en la importancia de las estrategias y de sus responsables.

En este tiempo que nos ha tocado vivir de individualismo exacerbado, sin embargo, se ha demostrado que nadie es autosuficiente y ajeno a lo que ocurre en el mundo. Nos guste o no, vivimos en tiempo de la llamada globalización, un proceso que se ha producido fundamentalmente en el seno de la llamada civilización occidental y significa entre otras muchas posibilidades la capacidad de mover mercancías, mover personas. Así como la capacidad de cambiar de ideas y hasta sentimientos.

Hay quienes creen que su inicio se implantó en el siglo XX al final de la llamada “guerra fría”, aunque no hay acuerdo, porque otros piensan que comenzó en 1492 con el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Algunas actividades sociales, políticas y empresariales, dan lugar a la creación de nuevas estrategias, destinadas en cada territorio a vender sus mercancías, sean sociales o mercantiles para colocar, en definitiva, sus productos en los mercados internacionales. España está inevitablemente en los avatares de la globalización, como nuestra Comunidad Autónoma y como es lógico la ciudad y provincia de Zamora. Lo que significa que los comportamientos, relaciones y gestiones, tanto de las administraciones públicas como las empresa, necesariamente tienen que establecer una estrategia acorde con los condicionantes que exige esta situación.

Estoy diciendo que los responsables, económicos, sociales, culturales y políticos en cualquier ámbito, tienen que actuar conforme a esa realidad, que hemos descrito, si desea alcanzar los objetivos de eficacia, económica social y política. También para el bienestar de los ciudadanos, es imprescindible la destreza de la interdependencia con otros territorios, otras empresas y otras administraciones. Si se quiere conseguir los objetivos legítimos, es imprescindible la colaboración y cooperación entre dichas empresas y las administraciones. Es decir entre los gestores de las empresas y de los entes públicos, pues tienen esa doble dimensión gestora y política. Y además, deben entenderse aun en la discrepancia.

Me detendré en la acción política en aquellos aspectos que se refinen a las actividades y lo que significan la administración de los bienes y recursos públicos y su distribución. Pensando en quienes más los necesitan. Es de desear que una ajustada actuación política deberá contener un compromiso con el desarrollo y la justicia social, que contenga trasparencia, intolerancia con la corrupción, austeridad y eficacia, también pedagogía, Sabiendo que las necesidades son, normalmente, más que las disposiciones presupuestarias. Por lo que será necesario sumar aportaciones y la cooperación de otras instituciones, para lo que es incuestionable un buen trabajo de gestión que comprenda credibilidad, firmeza, autoridad, convicción y si es posible empatía.

Es difícil entender que un dirigente político, jefe de la oposición, trate de deslegitimar fuera de su país a su propio Gobierno. Evidentemente es una acción poco política.

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Si entendemos la política como un organismo en desarrollo para responder al noble objetivo del bien general, o bien común como concebía Gramsci. Ya tenemos los españoles conocimiento práctico y amplio de la democracia, cuando recogemos de nuestra Constitución sus mandatos, que nos permite a los ciudadanos vivir en formas de convivencia pacífica, de manera que las relaciones sociales se establecen por acuerdos en los distintos niveles, dentro del propio Estado, Comunidades Autónomas o Ayuntamientos, como parte del propio Estado que son, con plena trasparencia, opuesta a la corrupción, sea esta política, económica o administrativa

Las comunicaciones entre las personas e instituciones deberán tener unas relaciones de cooperación y si es posible de ayuda responsable y leal. Por lo que no es un buen ejemplo o modelo el comportamiento y de lealtad, lo que acabamos de ver (una vez mas) con ocasión de la postura de Argelia al poner en peligro las relaciones comerciales y diplomáticas con España, es decir con todos los españoles. Pues bien el responsable del principal partido de la oposición, el señor Feijóo, declara ante la Unión Europea y al propio Gobierno de Argelia, que el presidente de España, es decir de todos los españoles, “no representa al pueblo español”. Es difícil entender que un dirigente político, jefe de la oposición, trate de deslegitimar fuera de su país a su propio Gobierno. Evidentemente es una acción poco política.

Evidentemente, este cotidiano comportamiento (utilizado reiteradamente por el señor Casado), significa una ausencia de rigor político y alejamiento del comportamiento de ser un político de Estado. Y bien que lo siento. Evidentemente esta estrategia no es la de sumar esfuerzos y de cooperación en asuntos de Estado, más bien ausencia en defender los intereses de España, es decir de todos los españoles. En definitiva, la cooperación, en asuntos de Estado, no está reñida con el ejercicio legítimo de una oposición enérgica y exigente de los intereses de España.

Pero volvamos a lo nuestro, es decir a la deseable buena relación y la indispensable cooperación para poder proyectar, o por lo menos contribuir al buen gobierno y prestigio de España, para lo cual hay que tener una visión de largo alcance, una cierta cosmovisión en la cooperación. No siendo que le ocurra como aquel político que en consulta con su oculista, cuando este le preguntó para que quería las nuevas gafas, si para lejos o para cerca, el cliente respondió: para Zamora y su provincia.

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