19 de mayo de 2019
19.05.2019

Pobladura, pequeña gran resistencia

El municipio más reducido de Zamora, de solo 37 habitantes, liga su supervivencia al futuro de sus vecinos más jóvenes: un bebé y dos niños de 9 y 6 años

18.05.2019 | 21:06

Cuando Nemesia Morillo era una niña, Pobladura de Valderaduey era una aldea llena de vida: "En cada casa había cinco o seis hijos, y todos trabajaban. No había ni una sola vivienda cerrada", rememora la vecina de mayor edad, 94 años, que mantiene grabado en su memoria el pueblo en el que se crió, ese pueblo en el que había más de 60 niños y niñas que "estudiábamos en una sola clase todos juntos". Ese pueblo en el que "había médico, secretario, cura, bar, panadería y dos tiendas de comestibles, había de todo", enumera Nemesia. Hoy el único establecimiento abierto es la asociación de jubilados, un local público que hace las veces de bar para los que quedan allí viviendo permanentemente: "26 adultos, y con los tres críos 29", informa la anciana del lugar, quien mejor lleva la cuenta de los habitantes reales del municipio. Según el Instituto Nacional de Estadística figuraban 37 personas empadronadas en este Ayuntamiento el pasado 1 de enero, día en que Pobladura de Valderaduey se convertía oficialmente en el pueblo más pequeño de Zamora con Consistorio propio: una alcaldesa, dos concejales y una jueza de paz para otras 34 personas.

Siempre vinculada al paso del río Valderaduey, la vida en Pobladura dependía del cultivo de la remolacha azucarera y de la elaboración de adobe con el barro de la propia ribera. A mayores, la economía familiar se complementaba criando un cerdo, algunas ovejas y, en casa de los más pudientes, quizás una vaca. A lo largo del siglo XX el ladrillo sustituyó al adobe y la mecanización de la agricultura motivó que el campo necesitara cada vez menos mano de obra. Los jóvenes de Pobladura se vieron empujados a mudarse a zonas urbanas para trabajar: "Unos llevaban a otros. Cuando se colocaba uno de una casa llevaba a otro hermano, y aquel llevaba a otro y así. Así se fue marchando la gente, y los mayores somos los que quedamos aquí", es la explicación de Nemesia sobre el fenómeno migratorio que comenzó a diezmar Pobladura de Valderaduey durante el desarrollismo franquista. En los años 70 ya eran muy pocos los niños que nacían en el pueblo, pues las parejas jóvenes se habían ido a la ciudad, y la escuela cerró en 1974.

Hoy en día ese local que servía de escuela es la sede del club de jubilados. Donde antes había 60 niños aprendiendo cada mañana, hoy media docena de mayores juega a la brisca o al dominó cada tarde, un reflejo de la evolución de la vida en Pobladura de Valderaduey a lo largo del último siglo. El Ayuntamiento cede gratuitamente el local a la asociación para que los vecinos dispongan de un lugar donde verse unos a otros en las tardes de invierno, cuando el frío y la oscuridad no invitan a pasar tiempo a la intemperie. El resto del año "también nos entretenemos con nuestras huertas o dando un paseo hasta la raya, que es como llamamos aquí al cruce con la carretera de Villalpando", explica Andrés Manuel Redondo, un jubilado de 67 años. Para muchos el otro punto de reunión habitual es el consultorio médico, los martes cuando va la enfermera y los miércoles cuando pasa visita el facultativo.

Pero desde hace seis años hay un tercer lugar donde los habitantes de Pobladura de Valderaduey se ven prácticamente a diario: la potabilizadora portátil donde rellenan garrafas de agua para beber y cocinar. En esta zona de Tierra de Campos hay un problema de contaminación de los acuíferos por nitratos, y a pesar de que la Diputación se ha ofrecido a financiar la adquisición de una depuradora, un Ayuntamiento de este tamaño no podría asumir el coste anual de mantener la maquinaria y se ha optado por utilizar el agua corriente para lavar y para la higiene personal, y servirse para el consumo humano de esta potabilizadora portátil instalada en la Plaza Mayor por la institución provincial en 2013. Da algo más de cinco litros en cada visita y no tiene coste alguno, ni para la gente que se aprovecha de ella ni para el municipio.

Los 37.000 euros de presupuesto anual del Ayuntamiento de Pobladura de Valderaduey no dan para grandes lujos. La única empleada municipal es la secretaria-interventora que comparten con Arquillinos, Cerecinos del Carrizal y Castronuevo, la cual visita este Ayuntamiento una vez a la semana. El resto de responsabilidades las asume la propia alcaldesa, Rita Feo: "Yo misma vengo los martes y los miércoles a abrir el consultorio médico y poner la calefacción, aquí no hay alguacil, y el césped lo corta mi marido cuando puede", desgrana la regidora desde su despacho municipal en la que es "la segunda o tercera vez en nueve años" que lo utiliza, lo hace para esta entrevista. En un pueblo tan pequeño un regidor no es ni un político de carrera ni un burócrata, es un paisano más que intenta sacar algo de tiempo todas las semanas para cuidar las pocas cosas públicas que tiene el municipio.

En el caso de Rita, "yo tengo la suerte de contar con la colaboración de unos cuantos vecinos", afirma, y pone como ejemplo que "una persona de mi confianza tiene una copia de las llaves del depósito por si se corta el agua y yo no estoy en el pueblo. A veces sucede, si él abre el grifo de casa y no sale agua él va hasta el depósito y le da a la bomba, no hace falta que nadie se lo pida". El dinero que queda para realizar obras es muy poco cada año, y la mayor parte de las mejoras dependen de las ayudas que llegan periódicamente de la Diputación a través de los planes provinciales, o de las que reparte la Junta de Castilla y León.

"Somos pocos pero no hay razón para cerrar el Ayuntamiento"

A pesar de todas las dificultades y de ser el municipio más pequeño de Zamora, Pobladura de Valderaduey se resiste a perder su Ayuntamiento, y no por mero apego al terruño, sino porque su gente está convencida de que es lo mejor para sobrevivir como pueblo. "Somos pocos y hay poco para repartir, pero si nos quitaran el Ayuntamiento lo poco que hay iría para otro pueblo más grande", asevera uno de los parroquianos del club de jubilados, una idea que repetía más tarde la propia alcaldesa desde su despacho: "Si no tuviéramos ayuntamiento propio estoy convencida de que vendría menos dinero a este pueblo, o posiblemente ninguno", asevera con convencimiento.

Otra ventaja que ven los vecinos de Pobladura en contar con su propio Consistorio es el poder resolver cualquier tipo de papeleo sin tener que desplazarse. "Sabes que una vez a la semana tienes a la secretaria para cualquier papel que necesites registrar, que ella te echa una mano, y que no hay necesidad de coger el coche, y eso está muy bien en un pueblo donde todos vamos para mayores", afirma Andrés Manuel, abundando que "para comprar tampoco tienes que coger el coche ni pisar ningún supermercado si no te da la gana, por aquí pasan muchos ambulantes; con pescado, con fruta, con pan€". Por último, José Manuel Iglesias destaca "la cercanía" de "poder hablar con la alcaldesa o con el concejal de tu localidad, el poder transmitirles cualquier problema y que no nos manden desde otro pueblo. Tenemos un ayuntamiento saneado, sin deudas, y no hay razón para cerrarlo y que nos pasen a otro municipio".

Este hombre, José Manuel Iglesias, es la prueba de que vivir en un lugar como Pobladura de Valderaduey tiene sus ventajas. Él no nació en el pueblo, ni tiene vínculos familiares en la zona, pero lleva diez años residiendo allí por elección propia: "Empecé viniendo a descansar, a pasar alguna temporada... Cuando vives en una isla como Lanzarote, donde yo trabajaba, el cuerpo te pide salir de allí algún rato cada cierto tiempo, y mi mujer y yo estábamos buscando una vivienda a un par de horas de Barajas... Nos gustó una casa que vendían en un pueblo de Zamora y la compramos". Pero lo que solo iba a ser una casa de veraneo se acabó convirtiendo en su domicilio habitual. En 2009 se mudó definitivamente a Pobladura y comenzó a buscar trabajo en la provincia: "Me ganó la tranquilidad de este pueblo y su gente. Yo me he amoldado a ellos, a sus costumbres, al modo de vivir de aquí, y me han aceptado con los brazos abiertos, son una gente encantadora y me llevo bien con todo el pueblo. Colaboro en lo que me piden, en la iglesia o en la asociación de jubilados, de la que ahora soy el presidente", explica este "ciudadano del mundo" que ha acabado recalando en esta pequeña localidad terracampina.

Casos como el de José Manuel Iglesias aportan pequeños rayos de luz que alejan los oscuros augurios de un mundo rural condenado a desaparecer en menos de una generación. Pueden llegar nuevos pobladores en busca de tranquilidad, de contacto con la naturaleza, de otras formas de vida y diferentes oportunidades. Para ello, en las calles de Pobladura de Valderaduey se opina que "es necesario que se ayude a la gente que esté dispuesta a poner un negocio en los pueblos", algo que Javier Domínguez concreta en "que no se pongan tantas trabas a las explotaciones agrícolas, y también se ofrezca alguna ventaja fiscal a los negocios de los pueblos, que no pagues igual por aquí que en Zamora o en Valladolid", expresa este hombre dedicado a la albañilería y a la agricultura, y hasta hace poco también al ganado ovino.

Pero la mayor esperanza para una localidad de este tamaño sería que los niños de hoy puedan ganarse mañana la vida sin tener que huir de su tierra si no quieren. Pobladura de Valderaduey tiene la suerte de contar con tres niños entre sus treinta y tantos vecinos, el pequeño Pedro, de 9 años, su amigo Victor, de 6, y la hermana pequeña de este, todavía un bebé. Pedro y Víctor se han vuelto inseparables, cada tarde se bajan a la vez del autobús que les trae desde la escuela de Belver de los Montes y sus voces infantiles se convierten en la alegría de todos los vecinos. Suelen entretenerse jugando juntos en el parque de la localidad o frente a la casa de la abuela de Pedro. Cuando no están allí, a Víctor se le puede ver recorriendo con su bici las calles de Pobladura y hablando con todo el que se encuentra a su paso. Por ahora solo son niños, el tiempo y las condiciones de aquí a veinte años dirán si estos pequeños podrán formar nuevas familias en el pueblo, como sus padres, o si su destino estará en alguna otra parte.


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