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Reencuentro íntimo y sosegado

La ciudad enmudece ante el paso del Cristo de la Expiración en el Vía Crucis procesional del Santo Sepulcro y la Soledad

24.03.2016 | 06:10

El Vía Crucis procesional organizado por la Asociación del Santo Sepulcro y La Soledad acalló ayer la ciudad de Toro de la que se apoderó un estremecedor y respetuoso silencio. Faltaban pocos minutos para las diez y media de la noche cuando los cofrades se congregaron en las inmediaciones de la iglesia de Santa María de Arbas, desde la que este año partió el recorrido, después de que la hermandad no pudiera utilizar su sede, la iglesia del Santo Sepulcro, cerrada desde el pasado mes de febrero para el montaje de la exposición Aqva de Las Edades del Hombre. Antes de iniciar el desfile y bajo la mirada de la impresionante imagen del Cristo de la Expiración, una talla del siglo XVII cuya autoría es atribuida a los escultores Sebastián Ducete y Esteban de Rueda, el párroco, José Luis Miranda, fue el encargado de oficial el juramento del silencio de los cofrades.

Acto seguido, el alcalde, Tomás del Bien, realizó por primera vez la ofrenda de la ciudad y pidió a los juraran silencio para acompañar el Vía Crucis. Durante este sencillo pero emotivo acto, Del Bien recordó que, "en esta noche santa, Toro está a tus pies. Los hombres y mujeres de esta tierra, y yo en su nombre, ponen bajo tu cruz su dolor, su sufrimiento y su clamor". Como cada Miércoles Santo, resaltó el mandatario municipal, "el pueblo calla" para que solamente hable el Crucificado y para que bendiga a su paso "nuestras calles y nuestras vidas" . Del Bien imploró a continuación la protección del Cristo de la Expiración para que "se cumplan nuestros proyectos, se hagan realidad nuestras ilusiones y se desvanezcan nuestros miedos". Como cada año, este acto concluyó con una pregunta a los vecinos: "¿juráis mantener silencio durante toda la procesión?" y, tras recabar la respuesta afirmativa, apostilló "si así lo hacéis, que Dios os lo premie, sino que él os lo perdone".

Con un silencio sepulcral, los hermanos ataviados con túnica negra con cordón de esparto y caperuz blanco adornado en el centro con una cruz de malta roja iniciaron su peregrinaje por las calles de Toro en un recorrido que también fue variado este año al no poder iniciarse en la iglesia del Santo Sepulcro y concluir en La Colegiata como en ediciones anteriores. Por este motivo, el Vía Crucis celebrado ayer se desarrolló por la plaza de Arbas, rúa de Arbas, calle de la Magdalena, Pajarinas, la Merced, cuesta de las Berceras y plaza de La Colegiata donde fue entonado el Himno del Cristo de la Expiración. Tras esta parada, el desfile prosiguió por la calle Barrios, plaza de San Agustín, Puerta Nueva y plaza de San Julián para recogerse en la iglesia del mismo nombre. Numerosos toresanos aguardaban en el interior del templo la llegada de los cofrades para unirse a ellos en el sobrecogedor rezo y canto de las "cinco llagas". Tras este emotivo acto, los toresanos cumplieron con la tradición de adorar la imagen del Yacente, obra del escultor Tomás Noriega.

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