Opinión

Adiós, Ángel, y gracias por entregarnos lo más valioso que tenías: tu vida

Las graves quemaduras que sufrió en los voraces incendios han vencido a su voluntad de mantenerse vivo

Zona arrasada por el fuego

Zona arrasada por el fuego

Ha muerto Ángel Martín, se ha convertido en la cuarta víctima de los voraces incendios que en junio y julio, arrasaron una parte muy importante del pulmón que conservaba esta provincia.

Después de varios meses luchando por mantener la vida, al final las graves quemaduras que sufrió, han vencido a su voluntad de mantenerse vivo.

Cuatro víctimas en dos incendios, una estadística demasiado elevada, un precio excesivamente alto, por no hacer las cosas como tenían que haberse hecho. Seguramente, con el paso del tiempo, para aquellos que hablen de este suceso, estos datos acabarán figurando como una mera estadística. Sin embargo, para su familia, sus amigos, la gente que le conocía y era conocedora del talante y la forma de ser de Ángel, representan una tragedia que difícilmente podrán olvidar con el paso del tiempo.

El luto que hasta ahora teñía nuestros valles y montes, con esta triste noticia se ha instalado en nuestro corazón haciendo que lloremos esta pérdida irreparable.

Las praderas comenzarán a reverdecer, veremos cómo los brotes van transformando el suelo yermo en lugares con vida. También seguramente en poco tiempo, veremos cómo las laderas de los montes van cambiando de color y el verde comienza a predominar en ellas, algunos, sobre todo las generaciones más jóvenes, seguramente volverán a contemplar en esta tierra, esos robles y encinas que se fueron pasto del fuego.

Cuatro víctimas en dos incendios, una estadística demasiado elevada, un precio excesivamente alto, por no hacer las cosas como tenían que haberse hecho

Lo que resulta irremplazable son las vidas de estas cuatro personas, que se consumieron tratando de sofocar estos incendios que la negligencia avivó con fuerza y en los que la falta de previsión y de medios hicieron que resultaran tan letales.

Se producirán con esta nueva muerte, manifestaciones de dolor, pésames de cortesía y lamentos por lo ocurrido, pero seguimos condenados a que se vuelva a repetir, no en estas comarcas en las que ya no queda nada, pero en esta provincia tan abandonada su suerte, seguiremos a merced de las inclemencias meteorológicas que, sumadas a la falta de previsión, a la falta de medios y porque no decirlo, a la falta de diligencia en solucionar los problemas, no nos deja más remedio que recurrir a la fe, para que algún día estemos en esas manos que saben atajar los problemas cuando se producen.

Cuando el voraz incendio, el segundo que se producía en menos de un mes, rodeaba el pueblo de Tábara y amenazaba con adentrarse en la población, Ángel no miro para otro lado, como otros vecinos, se dirigió al centro del problema para tratar de atajarlo y en su intento de evitar una tragedia mayor, él se convirtió en una de estas tragedias que nos ha dejado el fuego.

Siguió los impulsos que le dictaba su corazón, cuando con su excavadora se dirigió al lugar en el que fuego era más virulento, tratando de evitar que afectara a la parte industrial de Tábara, un cambio de viento lo envolvió entre las llamas convirtiéndole en una tea humana y fue estremecedor verle salir de aquel infierno envuelto en llamas.

Seguramente seguiremos escuchando manifestaciones que nos dicen que todo se hizo bien, que se actuó como correspondía en cada momento, que se siguieron todos los protocolos y no sé cuántas cosas más. De nada sirven ya los reproches ni las justificaciones, pero algunos todavía están a tiempo para poder aliviar el daño causado y en ello tienen que volcarse aquellos que velan por nuestro bienestar.

Ángel ha dejado atrás una viuda y una niña que se encuentran desprotegidos al perder el referente que tenían en su vida y es responsabilidad de nuestros dirigentes solucionar el problema al que, después de esta irreparable pérdida tienen que enfrentarse, porque por delante les espera una vida en la que no deben preocuparse por su futuro, ni por el negocio estaba tratando de sacar adelante, es el momento de implicarse en solucionar un problema que nunca debía haberse producido.

Tábara se salvó del fuego por Ángel y otros que como él, arriesgaron su integridad para que el pueblo no se viera arrasado por las llamas, por eso siempre debemos estar agradecidos a estas personas que pusieron en riesgo su integridad personal y aquellos que como Ángel, Eugenio, Victoriano y Daniel, perdieron su vida por defender nuestro bienestar, deben permanecer siempre en nuestro recuerdo con gratitud.

Gracias Ángel por este gesto que tuviste con tu pueblo, en el que nos entregaste lo más valioso que tenías y nunca olvidaremos el valor que demostraste.

Descansa en paz y recibe el más sentido abrazo de este pueblo agradecido.

(*) Hospitalero del albergue de Tábara

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