Hace casi 100 años la empresa Saltos del Duero preparaba su proyecto de construcción de la presa de Ricobayo, en el tramo bajo del río Esla. La obra supuso un hito en la historia de la ingeniería –la presa más grande de Europa hasta la fecha–, y también un hito en la historia de la conservación del patrimonio histórico-artístico, por la decisión que se tomó respecto a un importante monumento que iba a quedar parcialmente inundado: la iglesia de San Pedro de la Nave.

Muchas veces es inevitable que los embalses inunden pueblos enteros, con sus iglesias, sus viviendas y sus historias. El caso de San Pedro de la Nave fue la primera vez en la historia en que una empresa hidroeléctrica se preocupaba por salvar de agua un edificio por su valor artístico, histórico y cultural. El traslado “piedra a piedra” de la iglesia visigoda del siglo VII, una de las más antiguas de España, fue decisión del propio Saltos del Duero, que iniciaba así el concepto de la responsabilidad social corporativa.

San Pedro de la Nave en su emplazamiento original, en un otero junto al río Esla.

San Pedro de la Nave en su emplazamiento original, en un otero junto al río Esla. Archivo de la Fundación Iberdrola

Interior de San Pedro de la Nave antes de su traslado a El Campillo. Archivo de la Fundación Iberdrola

Hasta que se dio con la solución adecuada se barajaron todo tipo de propuestas para salvar a esta joya del arte visigodo, algunas tan descabelladas como construir un muro alrededor de la iglesia, obviando que el templo quedaría sumergido 35 metros cuando el embalse alcanzara su cota más alta. Finalmente, se optó por la opción más viable técnicamente: su traslado piedra a piedra desde su emplazamiento original a un lugar seguro.

Cabecera de la iglesia en su estado primitivo. Archivo de la Fundación Iberdrola

Desmontaje de la iglesia. Costado oeste del capitel. Archivo de la Fundación Iberdrola

San Pedro de la Nave debió de ser uno de los monumentos zamoranos que más sorprendió a Gómez-Moreno, ya que fue el que más veces visitó durante su estancia en la provincia entre 1903 y 1904.

Sillar de San Pedro de la Nave esperando a ser trasladado. Archivo de la Fundación Iberdrola

Los estudios de Gómez-Moreno sirvieron de base para el traslado y reconstrucción del templo en su nueva ubicación, una operación muy compleja que duró casi dos años y que fue dirigida por el arquitecto y restaurador Alejandro Ferrant Vázquez. Con mucho cuidado, la ermita fue desmontada del otero a orillas del Esla donde los monjes de la época visigoda la construyeron en el año 680, y más tarde reconstruida en una llanura en el término de El Campillo, donde hoy se puede visitar, a dos kilómetros del embalse.

Desmontaje de San Pedro de la Nave para su traslado. Interior del templo.

Desmontaje de San Pedro de la Nave para su traslado. Interior del templo. Archivo de la Fundación Iberdrola

Últimos momentos del desmontaje de San Pedro de la Nave. Archivo de la Fundación Iberdrola

En el proceso de reconstrucción, Gómez-Moreno y Ferrant trataron de recuperar en la medida de lo posible la estructura original del templo, eliminando algunos elementos más nuevos, que claramente habían sido añadidos en épocas más recientes.

Última hilera de piedras, antes de ser trasladada. Archivo de la Fundación Iberdrola

En el siglo XXI Iberdrola, la empresa sucesora de Saltos del Duero, continúa con esa responsabilidad social corporativa iniciada en 1930, y sigue cuidando de San Pedro de la Nave, uno de los monumentos más significativos de la provincia de Zamora. La Fundación Iberdrola inició hace más de 10 años el proyecto “Románico Atlántico”, en colaboración con la Junta de Castilla y León y el Gobierno de Portugal, para conservar, preservar y restaurar el patrimonio de Zamora, Salamanca y el norte de Portugal. Precisamente, una de las mayores intervenciones dentro de ese programa se desarrolló en San Pedro de la Nave entre los años 2014 y 2015.

Paraje de El Campillo elegido para reubicar San Pedro de la Nave en 1932. Archivo de la Fundación Iberdrola

Reconstrucción del frente norte de San Pedro de la Nave en su nueva ubicación. Archivo de la Fundación Iberdrola

Dentro de esa intervención, se eliminaron algunos focos de humedad localizados, se restauró la cubierta de la iglesia incorporando un nuevo sistema de ventilación que mejora la conservación estructural de la cubierta y del edificio, y se eliminaron las aceras que rodeaban el templo para efectuar un drenaje perimetral.

Reconstrucción del frente oeste de San Pedro de la Nave en su actual ubicación. Archivo de la Fundación Iberdrola

A día de hoy, la iglesia sigue monitorizada y se evalúan las condiciones en tiempo real de humedad, temperatura y CO2. Un sistema MHS (Sistema de Monitorización del Patrimonio) compuesto por medidores ocultos en el interior del templo envía estos datos a la Fundación Santa María la Real, que también colabora en el Programa Románico Atlántico. Sus expertos detectarían cualquier anomalía en estos parámetros que pudiera afectar negativamente a la conservación de esta joya histórico-artística.

Interior de San Pedro de la Nave hoy en día. JOSE LUIS FERNANDEZ

Otro aspecto fundamental de la intervención en la iglesia de San Pedro de la Nave fue mejorar la iluminación del edificio. Se instalaron 13 luminarias, que apenas generan un consumo total de 90 vatios y que están recubiertas de alabastro para su integración en la arquitectura del templo. El cableado está soterrado para eliminar cualquier impacto visual.

Pila bautismal y luminaria de alabastro instalada por la Fundación Iberdrola en la última intervención en el templo. JOSE LUIS FERNANDEZ

Por último, se creó un nuevo plan de gestión del edificio orientado a mejorar la afluencia de visitas. Dentro de este punto, se creó un centro de recepción de visitantes que explica al turista la historia de esta iglesia visigoda, de su traslado y de la última intervención realizada para mejorar su aspecto. “Es un centro totalmente respetuoso, ya que está construido junto al templo pero bajo un terraplén, perfectamente mimetizado con el entorno de tal manera que al aproximarte a San Pedro de la Nave lo único que se ve es la iglesia”, destaca Ramón Castrana Sánchez, director de la Fundación Iberdrola.

Ramón Castrana, director de la Fundación Iberdrola. JOSE LUIS FERNANDEZ

En este centro de visitantes también se proporciona información sobre otros templos de Zamora mejorados gracias al programa Románico Atlántico, animando a los turistas a visitar más localidades de la provincia. “Es un programa de colaboración público-privada en el que hemos invertido entre la Fundación Iberdrola y la Junta de Castilla y León más cinco millones de euros en 30 iglesias desde hace diez años”, recuerda Castrana.

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Capitel en releive en San Pedro de la Nave. JOSE LUIS FERNANDEZ

Uno de ellos es San Pedro de la Nave, y desde la intervención del programa Románico Atlántico el templo no solo se puede visitar en horario de culto, sino que está abierto al turismo todas las estaciones del año, contribuyendo a difundir la importancia de esta iglesia del siglo VII y a atraer visitantes al medio rural zamorano.