12 de enero de 2011
12.01.2011

Los orígenes romanos de Bretó

Un sarcófago hallado en la zona de «Los palomares» hace pensar a algunos expertos que en el lugar se hallaba la antigua «mansio» de «Preterion»

12.01.2011 | 01:06

Un asentamiento celta, una «mansio» romana, un poblado mozárabe, todo ello pudo dar lugar al actual Bretó en la Ribera del río Esla. Lo que no cabe duda es que los últimos hallazgos encontrados en la zona de «los palomares», un sarcófago granítico en perfecto estado junto a varias sepulturas perfectamente ordenada, apunta a que la zona de altozano sobre la carretera ZA-100 a Santovenia, se trata del antiguo cementerio de la mansio romana «Preterion». A esta conclusión ha llegado el estudioso de la historia de la zona, el vecino de Santovenia del Esla, Samuel Mezquita Cordero. Según el anónimo de Ravena o «Ravennate», entre Vico Aquarum (Castrotorafe) y Brigecon (Benavente), habría un enclave romano llamado «Preterion» y que algunos historiadores lo sitúan en el entorno de Bretó.


Fue precisamente un vecino de Bretó, Luis Rodríguez Romero, cuando hace unos sesenta años se dispuso a construir un palomar en la zona del altozano y cual sería su sorpresa que las excavaciones para la construcción dieron lugar a la aparición de una serie de tumbas y un sarcófago. El secretario del Ayuntamiento de Bretó, el señor Tirso Benítez, no dudó en el año 1954 de comunicar del hallazgo al cura párroco regente de Bretó, a don Emilio Prieto, refiriéndole con todo detalle el descubrimiento. «Al Este del pueblo, y a una distancia de la iglesia de 300 metros (la distancia es algo superior), en un alto en el que están la mayor parte de los 16 palomares que tiene este pueblo, a la derecha del camino vecinal, entre el pueblo y el cementerio nuevo, es el pago llamado de Santiago», relata en su escrito el secretario del Ayuntamiento al cura advirtiéndole, no obstante, al citar el cementerio nuevo que «no está bendecido ni se entierra por tanto en él». Tirso Benítez, según reza el escrito analizado por Samuel Mezquita, aduce que al edificar el vecino Luis Rodríguez Romero un palomar «descubrió varias sepulturas, todas ellas en filas y empedradas al menos el espacio que ocupaba el cuerpo. Todas miran hacia el Naciente; es decir que los cadáveres estaban colocados de Este a Oeste mirando hacia el Este». El secretario le cuenta al cura lo que para él significó el mayor hallazgo por sus características, el sarcófago que hoy se encuentra en una casa de Santovenia. «Una de las sepulturas era de una sola pieza, una piedra grande. Mide 1,97 de largo por 0,43. En la cabecera, una como almohada (sic), algo más alta que el resto de la sepultura, como para apoyar sobre ella la cabeza, las demás sin la almohada y aunque rodeadas de una paredecilla separando unas sepulturas de otras pero el cuerpo del difunto reposaba sobre el terreno y todas cubiertas con losas, quedando el cuerpo hueco por tener las cuatro paredes una ranura o hendidura sobre la que pesaba la losa».


La sepultura pétrea o sarcófago a la que alude el secretario pertenecería sin lugar a dudas a alguna persona principal o de relevancia, un jefecillo o santón, pues es creencia popular que fue cementerio de moros que aqui habitaron cuando la invasión árabe. El área en cuestión comprende varias hectáreas de superficie, la mayor parte cultivadas, pero precisamente en el lugar del cementerio no se tiene constancia de que haya sido cultivado en alguna ocasión. Su orografía dificultaría las labores agrícolas debido al acusado terraplén que presenta dominando la vega del Esla.


La imputación en Bretó de la zona como cementerio de moros viene de la creencia popular de la existencia del llamado castillo, sito no lejos del río, en un promontorio algo más elevado que el resto del pueblo, al Oeste del mismo y frente a la iglesia de Bretocino. En el medio, el ancho cauce del Esla. En esta parte hay ya algunas casas y en toda su extensión, a unos 20 ó 30 centímetros de profundidad y superando esta cantidad en algunos puntos, hay una capa de tierra calcinada y se han encontrado maderas quemadas, huesos de todas clases y en bastante cantidad adobes y piedras calcinadas también. Pero más hacia el río, frentando con la iglesia de Bretocino, existe un montículo algo más alto, aislado, si roturar, llamado «la Mota», explicaba ayer a este diario Samuel Mezquita Cordero argumentando los estudios llevados a cabo sobre la zona. Se trata de la ladera sobre el Esla, mirando al norte y que ha sido aprovechada para la construcción de las bodegas. Mezquita resalta que en este promontorio se han hecho algunos huecos o agujeros y la creencia popular alude a que introducida o metida la vara de la barca que suele tener unos cuatro o cinco metros de largo, no llegaban al fondo. En el año 1925 a 1926, al ampliar una bodega encontraron un silo grande enarcado, en terreno firme, muy abierto el arco y por tener mucho peso sobre él, cedió. Las oquedades están ahora cubiertas de tierra. Como curiosidad, Mezquita Cordero, resalta que en Bretó es muy corriente aludir a una especie de galería subterránea que comunica esta Mota con la Mota de Benavente. Una leyenda similar a las que abundan por toda la comarca, tal es el caso de la cueva del castro dominando Petavonium en Rosinos.


El señor Tirso es el secretario que es quien aporta los datos y Luis Rodríguez es quien encuentra el sarcófago, los dos son de la misma época aunque algo más joven el secretario por lo que «la información facilitada es en primera persona», confiesa Mezquita quien no duda en apuntar al cementerio del pago de Santiago o los palomares como anterior a la repoblación mozárabe, es decir, antes del siglo IX.


A Bretó, algunos historiadores lo relacionan también en la Baja Edad Media, en la división o designación de las diócesis de España, un dato que ofrece muchas dudas por la controversia entre varios historiadores. Lo que si es cierto es que los primeros datos sobre Bretó aparecen en documentos del Monasterio de Sahagún. En un documento de donación del rey Ordoño III al monasterio de Sahagún de Campos, fundado en el 951, aparece el nombre de Bretó: «...de prima pars término de Breto de secunda pars término de Quintos». En la parroquia de Bretó, los primeros datos de los libros existentes, son del año 1652, y los hubo anteriores. La iglesia es reconstruida a partir del proyecto de reforma del año 1673. De varios siglos antes, Samuel Mezquita tiene documentados algunos lugares de la zona como el término de «Matella». Según un documento del Monasterio de Sahagún, Matella estaría entre Bretó, Quintos y el río, y aunque no hay delimitación, podría ser que la iglesia de este despoblado, fuera la ermita de San Mamet. la ermita estaría situada en la denominada Reguera de San Mamet o huerta de San Mamés y las eras de Arriba de Bretó. Por el estado de abandono en que estaba la ermita, aunque había caudales para hacer una nueva, la mandan demoler y llevan el santo para la iglesia en el año 1778. Consta que existía ermita y cofradía antes de 1652, según el libro de visita de ese año. También están documentados los términos de la Pedrera y de la dehesa de los Montes Negros.

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