La Vía Dolorosa

La Cuesta del Mercadillo

La tradición afirma que por la Puerta salieron Arias Gonzalo y sus hijos al Campo de la Verdad para enfrentarse a Diego Ordóñez

20.03.2016 | 01:09
La Puerta del Mercadillo, antes de su derribo.

La Cuesta del Mercadillo, empinado acceso desde las antiguas huertas que rodearon un día la abadía del Espíritu Santo, en los arrabales de la ciudad, se convierte cada Viernes de Dolores en uno de los escenarios emblemáticos para la Hermandad del Santísimo Cristo del Espíritu Santo. La calle conducía hasta la Puerta del Mercadillo, de la que aún se conserva uno de los cubos, enclavado en el primer recinto amurallado que comenzó a construirse durante el reinado de Fernando III, en el siglo IX. Se trata del mismo lienzo que arranca desde el Castillo, que aún es visible hasta San Martín y que concluía en lo que hoy es la Plaza Mayor. El nombre se debe a que, originalmente, daba paso, desde la ciudad, al mercadillo que se celebraba en San Martín.

La ascensión por la cuesta ya estaba contemplada en los estatutos de fundación del Espíritu Santo en 1974, donde se incluía el paso hacia el interior de la Catedral y la salida por la Puesta del Obispo hacia Trascastillo. Sin embargo, la incorporación al itinerario habitual de la cofradía se realizó años más tarde de su primera procesión. Fue en 1979, tras un intenso debate debido a los temores iniciales por el esfuerzo que supondría en particular para los cargadores.

Aquel Viernes de Dolores la cofradía ya había incorporado a la procesión dos elementos característicos que acompañan al Cristo gótico: el Campanil, una campana de 137 kilos, conocida como Santiago Apóstol sobre andas de forja, cuyo tañido a muerto es otra de las notas constantes mientras la procesión está en la calle, además del incensario también de forja y original, como las andas de la campana, del artesano Miguel Fernández Calles.

La estampa que ofrece las largas filas de hermanos en el estrecho pasaje, alumbrados únicamente por los faroles se ha convertido en una de las de mayor plasticidad de la procesión que abre la puerta a la Semana Santa de Zamora. Es uno de los momentos de mayor belleza, cuando el público, pegado a las paredes se ve envuelto en la penumbra, entre los olores del incensario, el tañido de la campana y, ocasionalmente, los cantos del coro que entona el "Crux Fidelis". Pero también se trata de uno de los más delicados para la organización de la procesión, tanto a la ida, cuesta arriba, como a la vuelta, por las dificultades para los hermanos de paso. Sin embargo, es uno de los escenarios clave en la atmósfera medieval que rodea la puesta en escena de la cofradía.

La Puerta del Mercadillo permaneció cegada hasta principios del siglo XX y fue derribada parcialmente en 1925. Algunos autores relacionan el derribo directamente con la construcción de una vivienda en el solar que quedó despejado, pero el autor del Plan del Director de la Muralla, Javier Rodríguez Méndez, señala como explicación más probable la propia evolución de la ciudad. "Durante el tiempo que estuvo cegado, el suelo de la ciudad creció de nivel, por lo que, al abrirse, la altura del arco no permitiría apenas el paso de carros. Lo lógico es pensar que los vecinos quisieran recuperar la salida y por eso se eliminara". De la construcción original queda el mencionado cubo de la muralla, así como el arranque del arco de medio punto. La Puerta tiene también relación directa con el Romancero zamorano: hasta su desaparición figuraron allí los bustos de Arias Gonzalo y los tres hijos muertos en el Campo de la Verdad durante el famoso Cerco de Zamora. Según la tradición, por esta Puerta salieron el gobernador y sus hijos a defender el honor de la ciudad ante el reto lanzado por Diego Ordóñez.

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