29 de noviembre de 2017
29.11.2017

Me conformo

Realidad a la carta también, ya era hora

29.11.2017 | 00:23
Me conformo

T elevisión a la carta, radio a la carta, cine a la carta? Realidad a la carta también, ya era hora. Pongamos que usted necesita creer que el Gobierno amenazó con sembrar de muertos las calles de Barcelona si no cesaba el movimiento secesionista. Pues aprieta un botón de su teléfono móvil y ahí tiene servida su realidad, que puede consumirla solo o en compañía de otros. ¿Usted precisa que Puigdemont sea un exiliado y no un huido? Ningún problema: oprima la tecla correspondiente y ya lo tiene convertido en aquello que sus sentimientos le pedían a gritos. Si usted desea que España siga siendo, tantos años después, una dictadura franquista, en cuestión de segundos hallará esta garantía en la pantalla de su trasto.

De todas las prestaciones proporcionadas por el teléfono inteligente, donde las redes sociales trabajan, como los altos hornos, 24 horas al día, 365 días al año, esta es quizá la que más esperábamos: la de que nos diera la razón. El móvil es fundamentalmente un artefacto de dar la razón. Ahora mismo estoy en el metro, entre Alonso Martínez y Chueca, donde los viajeros, casi sin excepción, tienen puesta la mirada en una pantalla que sostienen entre sus manos y cuya luz evoca la de unas de esas bolas mágicas de cristal. Habrá quien se encuentre intercambiando mensajes de amor o lástima, quizá enviando solicitudes de trabajo, no lo pongo en duda, pero la mayoría está buscando un tuit o una noticia que le dé la razón, aunque sea falsa, ya no hay modo de distinguir lo cierto de lo imaginario.

Quiero que Fulano de Tal sea un hijo de perra, solicitas, lleno de odio, a tu aparato. Al instante, aparece un sesudo artículo que lo demuestra. Quiero que el Holocausto judío no haya existido. Ahí lo tienes, en 140 caracteres. Las noticias a la carta reducen la ansiedad más que un fármaco, aunque sus efectos secundarios, socialmente hablando y a la larga, resulten perniciosos. Pero quién piensa en el futuro. Lo que le falta al teléfono es una aplicación que a la pregunta de quién es el más bello de los usuarios de internet responda que tú. No sé si hay ingeniero capaz de crearla, pero mientras la red pueda continuar asegurándome que todos los demás son feos, me conformo.

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