Solo será un minuto

La mirada de la tristeza

La historia de Iván, el hombre de las debilidades

01.09.2015 | 09:02
La mirada de la tristeza

Iván: "Todos tenemos debilidades que alimentan los errores. La mía es especialmente dañina y no se me ocurriría nunca buscarle una explicación razonable. Quizá, como creyente en la reencarnación que soy, tuve vidas anteriores en las que me acostumbré a lamer heridas y disfrutar con su sabor. Y de ahí mi tendencia a enamorarme de mujeres tristes. No siempre fue así. Tuve una adolescencia sosa, un par de novias de las que no recuerdo el nombre y algún capricho. Pero un día, ya entrado en los 20, fui al hospital a visitar a un amigo y en la cama de al lado había un hombre muy enfermo con su esposa intentando construir sonrisas convincentes.

Sentí una atracción repentina e irracional por aquella mirada azul que se había acostumbrado a las lágrimas ocultas. Volví al día siguiente para sorpresa de mi amigo y cuando ella se fue a la cafetería, me despedí apresuradamente y la seguí. Soy bueno dando consuelo, por algo soy psicólogo y poeta. Bueno en lo primero, cumplidor en lo segundo. No me siento orgulloso de lo que ocurrió en los siguientes meses así que me lo reservo. Afortunadamente, su marido se recuperó y mis remordimientos se suavizaron. Al poco tiempo coincidí en el ascensor con una vecina a la que no conocía. Iba vestida de negro y llevaba una urna con cenizas. Su mirada era serena, de una tristeza sin desgarro aparente, una viuda prematura con la mirada apesadumbrada pero no derrotada. Me puse muy nervioso y en ese estado es cuando doy lo mejor de mí. Fue una corta pero muy intensa historia que se terminó porque ella descubrió pronto mi afición a los sentimientos de alto riesgo y no quería coleccionar cicatrices.

Y así voy coleccionando historias de penas y caricias. La última es reciente. Vi a Sonia hace una semana en un informativo de televisión local. Estaba en un bar y no podía escuchar el sonido pero por su mirada doliente supe que no era una noticia agradable. La reconocí en seguida. Estudió conmigo la carrera pero la dejó a la mitad porque se había enamorado de un audaz corresponsal de guerra".

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