17 de febrero de 2015
17.02.2015
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Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de la Buena Muerte

Su primera salida fue en 1975, destaca por su belleza el canto del "Oh Jerusalem"

21.01.2016 | 00:45

Realiza esta la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de la Buena Muerte su primera salida procesional en el año 1975, junto con la del Espíritu Santo, siendo por tanto una de las más jóvenes de la Semana Santa zamorana. Pese a su corta vida es una Hermandad perfectamente consolidada, hasta el punto que ha tenido cerrar el ingreso de nuevos cofrades.

Su creación se inserta en el movimiento de recuperación de tradiciones populares, a la vez de que de renovación religiosa, que tiene lugar en los últimos años del franquismo.

Aunque introduce grandes novedades, como el uso de hábito monacal y una tea como forma de iluminación - en lo que coincide con la del Espíritu Santo -, entronca prefectamente con la tradición zamorana, dado que elige la noche y callejuelas de la zona antigua para desfilar, la estameña, el silencio, renuncia a las bandas de música y recupera el canto gregoriano.

El aspecto más innovador es que la imagen titular no desfile en unas andas o mesa convencionales sino que lo haga en un plano inclinado, ayudándose sus portadores de una ciriosa estructura.

El éxito de la procesión ha sido patente, y prueba de ello son los escasos cambios que se han introducido en la misma.

La túnica

Los fundadores de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte idearon un hábito novedoso en la Semana Santa, acorde con una idea de austeridad. Y tomaron como modelo las túnica que aparecen en las pinturas de Francisco de Zurbarán o en los murales del Monasterio de la Rábida (Palos de la Frontera, Huelva). La Pasión zamorana asumió entonces una novedosa cogulla. La filosofía de la sobriedad se completaba con un fajín de arpillera, símbolo de penitencia, rusticidad y ausencia de alardes.

Los hermanos llevaron zapato los primeros desfiles y, cuando económicamente fue posible, calzaron las actuales sandalias franciscanas. La imagen que exhiben hoy se completa con la llamativa tea, antaño portada directamente con la mano y, más adelante, con un hachón corto. Al cuello, un crucifijo. Primero de serie para, más adelante, incorporar cada hermano una réplica del Santísimo Cristo de la Buena Muerte realizada en bronce. Novedad, impacto y, por encima de todo, austeridad.


Canto del "Oh Jerusalem" de la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte (2014)
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