El incendio en La Culebra, la gran hecatombe para las abejas en Zamora
El fuego y el humo han acabado con ocho de los nueve colmenares que Santiago Gallego, apicultor de Boya, tenía repartidos por la Culebra

A la izquierda, abejas muertas y restos de panal calcinados. A la derecha, una colmena quemada. | Emilio Fraile / Alejandro Bermúdez
No cabe duda de que el incendio de la Sierra de la Culebra ha supuesto, además de un enorme daño ambiental para la Reserva, un mazazo económico para la población de los 24 pueblos afectados.
Uno de los mayores damnificados es Santiago Gallego, un apicultor afincado en Boya que contaba con nueve colmenares repartidos en distintos pueblos de la sierra: se han quemado ocho de ellos.
El fuego ha destruido el medio de vida de este hombre, uno de los pocos habitantes que quedan en Boya de Aliste (51 censados), pintoresco pueblo en el corazón de la Sierra de la Culebra. Aunque en estos pueblos la apicultura es a una fuente de ingresos secundaria para algunas familia, Santiago había apostado por invertir en las abejas sus ahorros cuando hace seis años se quedó en el paro. Produce y vende miel de alta calidad, de brezo, castaño y otro tipo de flores, según el colmenar de procedencia, ya que contaba con esas nueve explotaciones diferentes.

Santiago Gallego pasea por dos de sus colmenares afectados por el incendio de la Sierra de la Culebra. | Emilio Fraile / Alejandro Bermúdez
Estos días, Santiago Gallego recorre con su Land Rover los nueve colmenares para evaluar el alcance de los daños. Hay al menos 400 colmenas afectadas, algunas destruidas por completo y otras con la población de abejas muy diezmada por el humo y el calor. “En un día normal no podríamos estar aquí de pie sin protección. Ahora son tan pocas que ni nos pican”, sentencia el apicultor en uno de los colmenares que tiene en el término de Boya.
Entre las colmenas que siguen en pie el zumbido es bastante débil, en el suelo se amontonan abejas calcinadas, y las supervivientes se afanan en “sacar las larvas muertas de la colmena”, asegura Santiago Gallego.

Hecatombe para las abejas / Alejandro Bermúdez
En una colmena sana “viven unas 60.000 abejas, en estas quedarán unas 20.000 supervivientes”, calcula paseando entre el desastre. El colmenar de Boya no es de los peor parados, el que tiene –tenía– en La Torre de Aliste ha quedado destruido por completo.
El número total de abejas fallecidas es muy difícil de calcular, pero se cuenta por millones, probablemente más de 16 solo en las explotaciones de Santiago. Una auténtica tragedia para una especie en peligro de extinción y que es imprescindible para la polinización, cumpliendo una función que se sitúa en la base de la cadena trófica.

Hecatombe para las abejas / Alejandro Bermúdez
Además de soportar la pérdida económica que supone esta hecatombe, Santiago Gallego tendrá que trabajar a destajo en los próximos días si quiere salvar lo que queda de sus colmenas. Lo prioritario es proporcionar alimento a las abejas supervivientes. Él será uno de los beneficiados del compuesto alimenticio enviado el pasado viernes por el Servicio Territorial de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León a las explotaciones apícolas afectadas en la Culebra.
Después, tendrá que introducir niveles nuevos en las colmenas, comprobar una por una si hay una reina viva “para evitar que las abejas hagan enjambre y se vayan” y, lo más costoso, cambiarlas de ubicación: Incluso las supervivientes lo tienen crudo en una zona en la que solo hay ceniza mires donde mires, ni una flor. Toca buscar nuevos terrenos aptos para la apicultura lejos de las 30.800 hectáreas calcinadas por el incendio. Por eso, urge que los seguros periten ya los daños. Antes de la visita del perito el apicultor no puede “ni tocar” sus colmenas.

Santiago allego abandona un colmenar destrozado por el fuego. / EMILIO FRAILE
En cualquier caso, la solución a medio plazo, ya lo tiene claro el propio Santiago Gallego, es volver a invertir en comprar nuevas colmenas si quiere alcanzar la producción que vendía cada año antes del desastre. Algo que supondrá un gran desembolso.
Profesionales como Santiago Gallego necesitan ayuda de las instituciones para reponerse de las pérdidas sufridas por el incendio y estimular la recuperación económica de la Sierra de la Culebra, una de las zonas de toda España más castigadas por la despoblación.
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