El zamorano Javier Benavente Barrón acaba de ser elegido como Líder Europeo de Impacto por la organización YPO, gracias a la iniciativa “Ilumina una vida” que, desde la compañía Alares, ayudó a cinco millones de mayores a mitigar su soledad durante la pandemia debido al confinamiento. Este sector de la población es el que asegura que las empresas deben tener “muy en cuenta” como motor económico y social.

–¿Qué significa este reconocimiento a nivel europeo de su labor social con el proyecto “Ilumina una vida”?

–Es muy importante que te lo otorgue una organización como YPO, formada por líderes de grandes empresas de 160 países repartidos por todo el mundo. Que en España y después en Europa hayamos quedado los primeros y estemos entre los catorce finalistas a nivel mundial te llena de orgullo, porque se presentan proyectos muy bonitos y potentes. Es un premio al trabajo de un gran equipo que lo hace posible.

–¿Cómo surgió la idea?

–El proyecto ya estaba antes, porque el tema de la soledad entre las personas mayores es un drama con el que ha trabajado dentro de la fundación Alares a nivel presencial, con personas que van a casas de los mayores para hacerles compañía, con gustos y aficiones similares, para que así tengan algo que compartir. Pero llegó la pandemia y el estado de alarma y se tuvo que cortar, aunque en tres días ya teníamos montado un teléfono gratuito, donde cualquier persona que se sintiera sola podía llamar, hablar y compartir sus sentimientos y emociones a cualquier hora del día o de la noche, de lunes a domingo. Funcionó muy bien y desde el punto de vista de las personas que atendíamos fue maravillosa la experiencia. También fue muy positiva la iniciativa al tener una lluvia de personas voluntarias que querían apuntarse para poder estar al otro lado del teléfono. Los profesionales de nuestra plantilla estaban todos como voluntarios, pero con ellos se apuntó mucha gente de otras empresas. Fue impactante y el resultado magnífico. De hecho, el proyecto sigue estando, con el teléfono 900 877 037 al que puede llamar cualquiera. Ha nacido para quedarse, unido a la parte presencial.

–¿Qué tipo de personas solicitaban esta escucha?

–El proyecto se montó para gente mayor, pero podía llamar cualquiera. La sorpresa fue que la media de edad estaba entre los 52 y los 54 años. El problema afectaba a gente de todo tipo, desde los 24 años, que fue el más joven que llamó, hasta los 96 años del mayor.

–Desde su experiencia con los mayores, ¿cuáles son sus principales necesidades?

–Se puede resumir en un concepto: cariño, en el más puro sentido de la palabra. La gente quiere hablar con alguien que sienta ese afecto y le escuche. Ahora sigue habiendo muchísima soledad, independientemente de la pandemia, y hay personas que no tienen a nadie o los hijos no pueden atenderlos por cualquier circunstancia. También hay personas que quieren estar en su casa y no ir a una residencia. Si la administración utilizara ese dinero para las residencias en una persona que los atendiera en sus casas, estarían más felices, porque seguirían en su entorno.

El fundador de Alares, en su despacho.

El fundador de Alares, en su despacho. Cedida

–¿La pandemia ha visibilizado la situación de los mayores?

–Sin duda, se ha visibilizado enormemente y no solo eso, sino que, desde el punto de vista del sector empresarial, se ha visto que el mundo del mayor puede ser no un gasto social, sino una industria que genere bienestar y empleo en un montón de entornos que hoy día no se está creando. Por ejemplo, en cualquier pueblo de Zamora una atención profesionalizada en domicilios crearía empleo directo, formación de esas personas e incluso comercio local. La denominada “silver economy” se ha puesto de moda de repente y todo el mundo está mirando hacia el mundo del mayor.

Con independencia de la pandemia, ahora sigue habiendo muchísima soledad

–¿Puede que ahora se les tenga más en cuenta?

–Se les ha puesto en valor por lo que son. Primero, administrándoles la vacuna por ser las personas más sensibles, pero también desde el punto de vista social y económico, porque se ha visto que ellos son los que están sosteniendo a muchísimas familias y son una fuente de bienestar y riqueza para toda la población. No son un gasto, como algunos ven. Cualquier cosa que se haga en el mundo del mayor es una inversión que produce un entorno favorable y positivo alrededor. En Castilla y León el 25% de la población tiene más de 65 años, así que imagina que pasaría si se atiende adecuadamente, lo que puede generar, con todo un mundo de asistencia y cuidados en su entorno habitual, que es donde quieren estar. Creo que se les ha puesto más en valor por parte de la sociedad en general, que ha demostrado una solidaridad tremenda en esta pandemia, que de la administración pública, desde mi punto de vista. Va muy lenta y debe tomar medidas para que se favorezcan estos entornos del mundo del mayor y para que las personas que los atiendan tengan también unos horarios dignos, reconocidos, porque ahora es todo muy precario y hay mucha economía sumergida y el Estado la está permitiendo.

–Usted ya vio ese nicho en 1999, cuando fundó Alares.

–Todo surgió a raíz de un accidente muy grave que tuve en 1997. Tras salir del coma y recibir rehabilitación, regresé a casa, pero sin ninguna ayuda. Ahí vi esa necesidad de asistencia y decidí montar Alares para dársela a cualquier persona en cualquier lugar, independientemente de su nivel económico y social. Y como empresa, para que fuera sostenible económicamente a largo plazo. Así hemos conseguido que siete millones de personas tengan estos servicios.

–¿Y su compromiso con las personas con discapacidad?

–Vimos que el 70% de ellas están en desempleo y nos comprometimos a que toda la gente que contratáramos, primero discrimináramos a favor de la discapacidad, eso sí, con el perfil profesional que buscábamos. Es lo que ha hecho que de las más de 500 personas que trabajan hoy internamente en nuestra estructura central prestando los servicios, la mitad sea gente con discapacidad. Es una experiencia maravillosa que tratamos de trasladar a muchísimas empresas para que también lo hagan, porque te atienden con una delicadeza y atención impresionantes, dan una estabilidad tremenda, ya que, si están a gusto, no buscan la movilidad en sus puestos de trabajo y, por último, no se paga por ellos seguridad social, ya que están subvencionadas por el Estado, con lo cual puede incluso repercutir ese coste en los clientes.

Las crisis provocan también oportunidades

–Son un ejemplo de que puede salir bien esta apuesta.

–Y así lo decimos, somos empresa líder en España de asistencia privada a las personas y sin hacer publicidad, porque nosotros tenemos dos fundaciones y todo el dinero lo invertimos ahí, en proyecto sociales como “Ilumina una vida” o EmprendEX, de apoyo para aquellas personas que se han quedado fuera del mercado laboral pero que saben hacer algo y que pueden montar un negocio con muy poca inversión, poco riesgo a nivel de gastos y que les reporte un ingreso digno.

–Además de la Fundación Alares está la Fundación Diversidad, ¿en qué se trabaja con ella?

–La Comisión Europea quiso promover en España la Carta Europea de Igualdad y No Discriminación dentro de las empresas y que fuéramos los representantes, así que creamos esa fundación, ya que era un proyecto en sí mismo con suficiente envergadura. Lo que se intenta es promover y dar valor a la diversidad de personas dentro de las plantillas como fuente de valores y no de conflicto. Diversidad en todos los sentidos: por edad, religión, cultura, origen u orientación sexual.

–¿Todos sus proyectos son rentables?

–Siempre invertimos en proyectos sociales, porque consideramos que lo que se invierte en la sociedad, luego esta te lo devuelve y esto es mucho más efectivo que la publicidad, ya que contribuyes a generar un entorno en el que te mueves mucho mejor. Esa es nuestra filosofía.

–Una filosofía que refleja en el libro que acaba de publicar, titulado “¡Quédate conmigo!”.

–Se trata de un libro autobiográfico y escrito con toda la intención de que mis experiencias les puedan servir a otros. Tenemos la obligación de mejorar el mundo en el que estamos y crear empresas desarrolladas y países prósperos que funcionen bien. Hacer cosas que causen impacto social o medioambiental, por ejemplo, es bueno para la sociedad, cambias el entorno y se recuerda más que cualquier otra cosa.

–¿Qué consejo daría para poder enfrentarse a esta crisis que ha dejado todos los sectores tocados?

–En mis charlas yo siempre digo que crisis ha habido a lo largo de la historia y que, por desgracia, las seguirá habiendo. Al margen de lo triste que es toda la muerte que ha provocado esta última crisis sanitaria y el problema social y económico que va a acarrear, hay que pensar que siempre hay oportunidades, solo hay que escuchar e intentar ponerlas en marcha, así lo he hecho yo durante toda mi vida.