10 de junio de 2018
10.06.2018
La Guareña | Un ejemplo de florecimiento demográfico en el mundo rural

Guarrate planta cara a la despoblación

Con 17 alumnos y dos maestros, la escuela mantiene una envidiable salud gracias a la pujanza de la ganadería que favorece el asentamiento de familias jóvenes | Cada día salen más de diez mil litros de leche hacia la central de Gaza

10.06.2018 | 02:39

Hay chascarrillos recurrentes en Guarrate. Cuentan, en tono jocoso, que hace diez años floreció tal explosión de natalidad en el pueblo que se echaba buena parte de la "culpa" al mal funcionamiento de la TDT o puede que a una "partida de preservativos picados". Y todo ello a cuento de que este municipio de la comarca de La Guareña, a medio camino de Zamora y Salamanca, y también muy bien comunicado con Valladolid, vive un boyante empuje demográfico del que es fiel reflejo una población escolar de 17 alumnos, repartidos en dos aulas, con dos maestros, y que se ha ganado por méritos propios la cabecera del CRA (Colegio Rural Agrupado), antes en Villamor de los Escuderos, donde hace una década que se cerró la escuela.

De los cinco pueblos que integran el CRA, Guarrate es el que presenta un futuro más venturoso. Argujillo, con tres niños tras la marcha de dos en la recta final del curso, cerrará el próximo año. En El Maderal y El Pego, sin expectativas de savia nueva, en dos o tres años pueden dar el cerrojazo, Vadillo se sostiene con cinco alumnos. Solo Cañizal y Guarrate se salvan de tan brumoso panorama asegurando la escuela durante los próximos años. Tal y como está el mundo rural no es normal que un pueblo como Guarrate, con 345 habitantes, cuente con 17 niñas y niños, y un grupo de unos diez adolescentes que van al Instituto de Fuentesaúco.

Laura Galán, maestra en La Guareña desde el curso 2008-2009 y directora del CRA, confirma que Guarrate es el pueblo que mejor soporta el zarpazo de la despoblación. "Conocí Vadillo con dos aulas y ahora solo queda una, igual que en El Pego; Argujillo llegó a tener 14 niños y ahora solo 3, Cañizal ha rondado los 20 alumnos y ahora tiene 14. A pesar de que tiene más población que Guarrate -sobre 450 habitantes- hay más niños aquí".

Por ello, cuando todo el discurso demográfico de Zamora y en general Castilla y León, pivota sobre el alarmante envejecimiento y el despoblamiento del mundo rural, Guarrate emerge como un oasis de esperanza. "Si hay trabajo hay futuro" comenta una de las jóvenes madres. Y en este pueblo ese potencial viene de la mano de una significativa actividad ganadera, con seis explotaciones de vacuno de leche y otras seis de cerdos, además de dos cebaderos de vacuno de carne. Más de 2.500 animales en producción que sostienen el tejido económico del pueblo.

"De aquí pueden salir a diario entre diez mil y once mil litros de leche" precisa el alcalde, Francisco Sáez. Todos camino de Gaza, industria muy vinculada a Guarrate, tanto por el influjo actual al ser uno de los pueblos ganaderos más importantes de la provincia, como por el que en su día le otorgaron de socios fundadores del pueblo que apoyaron el nacimiento de la empresa láctea zamorana. Muchos de los niños y niñas que nutren la escuela son hijos de ganaderos, jóvenes que han apostado por las explotaciones familiares. Emprendedores que han modernizado las granjas y, aún con todas las dificultades por las que atraviesa el sector agropecuario, salen adelante con ilusión y mucho trabajo. "Desde el Ayuntamiento también se han facilitado mucho las cosas para la puesta en marcha de las explotaciones, nunca se han puesto obstáculos" defiende el alcalde.

Buena parte de este llamativo esplendor infantil surge en la calle Garrido, donde viven varias de esas familias jóvenes. "Hemos pasado de un geriátrico a una guardería" resume Gemma Sáez, madre de dos hijos, Jimena, de 12 años, y Cristóbal, de 9. Hasta seis viviendas con niños pequeños se asientan sobre una calle ruidosa y viva, con una docena de niños correteando que en vacaciones se duplican cuando llegan los hijos del pueblo a pasar el verano.

Aunque trabaja en Zamora, en la asociación de ganaderos de la raza frisona (Afriza), la guarratina Gemma Sáez formó una familia en su pueblo con Carlos Andrés, colombiano que emigró a España y está colocado en una de las vaquerías. "Yo soy muy de Guarrate" contesta al preguntarle por su decisión de quedarse en su pueblo. "Si nos hemos asentado aquí matrimonios jóvenes es porque hay trabajo, en la agricultura y la ganadería".

Con su familia numerosa, Beatriz Centeno y Jesús Losada son de los más fecundos contribuyentes al auge de la escuela. Las tres hijas de esta pareja -Claudia, de 10 años, Ruth de 8 y Beatriz de 1-, ella peluquera y él ganadero de porcino, rompen la tónica de la parejita que abunda en los otros matrimonios. "Hay gente que se extraña cuando ven tantos niños por el pueblo, pero esto es vida" comenta Beatriz.

Junto a ella, acompañando a sus hijos el día de la fiesta del CRA Guareña, Ana Belén Velasco, nacida en Barcelona y criada desde los 9 años en Fuentesaúco, el pueblo de sus abuelos. Anabel se hizo vecina de Guarrate cuando se casó con Arturo Hernández, ganadero de vacuno. También vecinos de la calle Garrido, sus hijos, Iván de 7 años, y Alex, de 3, corretean por el pueblo y disfrutan en la granja donde el mayor se desenvuelve con sorprendente pericia. "Lo ha mamado" comentaba su orgulloso padre. "De la quintada de 2010, cuando nació Iván, se juntan unos quince niños y niñas entre las familias que vivimos aquí y otras que están en Valladolid pero vienen mucho" cuenta Anabel, que se muestra encantada de ser vecina del mundo rural.

¿Ventajas? "En Guarrate lo tenemos bien porque estamos al lado de Zamora y Salamanca; por ejemplo, a la hora de las actividades extra escolares te puedes desplazar a las capitales o incluso a Toro. Y en cuestión de tiendas aquí en el pueblo tenemos, también en Fuentesaúco, donde está el instituto, en La Bóveda hay bancos, y Zamora se encuentra a media hora".

La educación, con dos maestros para todos los niveles, desde Infantil hasta 6º de Primaria, lejos de ser un inconveniente resulta ventajoso para los padres. "Yo estudié con clases de 25 alumnos, todos del mismo curso, y no creo que sea mejor, te haces más exclusiva, ibas solo con tus amigas y no mirabas más allá. En cambio aquí juegan unos con otros, todos juntos, se mezclan todas las edades y tiene sus ventajas" opina Anabel Velasco. "No envidio nada la ciudad, es verdad que los inviernos en un pueblo son un poco tristes pero los niños salen igual a jugar".

Para Beatriz Centeno la escuela en Guarrate, donde conviven distintos cursos con pocos niños, es positiva porque "la educación es más personalizada, a cada niño se le da lo que necesita; en cambio en un aula con muchos del mismo curso te dan la materia y quizás no pueden estar tan pendientes de cada uno". "Uno de mis niños es ambidiestro y creo que si llega a estar en otro centro no se lo hubieran visto con tanta rapidez" defiende Anabel.

"Estoy encantada con el CRA, tenemos especialistas en psicomotricidad, logopedas, orientadores, por medios no nos podemos quejar, nuestros hijos están perfectamente atendidos" zanja Beatriz con el asentimiento de otras madres.

Gemma Sáez lo tiene también claro. "No echo de menos los colegios de la ciudad y de cara a la interrelación de los niños, en este CRA estamos muy interconectados. Mi hija en Guarrate no tiene compañeras de su edad, pero están las de El Pego y Argujillo y han hecho su grupito para que cuando, al año que viene, vayan al Instituto de Fuentesaúco ya se conozcan".

Además, con la posibilidad de desplazarse "ahora no haya distancias. No cambiaría el CRA por ningún colegio de Zamora, mis hijos han requerido apoyo de logopeda y han podido tener una clase para uno solo, cuatro días a la semana. Esta educación personalizada es un lujo para los chavales" certifica Gemma Sáez.

Y con este universo se encuentran cada mañana Rebeca Hernández y Miguel Ángel Díez, los dos maestros de la escuela de Guarrate, ella de los más pequeños y él de los mayores. Los 18 alumnos que iniciaron el curso se han transformado desde hace unos días en 17, por la marcha de un niño a Madrid.

En esta escuela comenzó el curso con tres escolares de 3 años, otros tres de 4 años, 1 de 1º de Primaria, 5 de 2º, 3 de 3º, 1 de 4º (de 5º no hay nadie) y dos de 6º. "Tener cinco niños en un mismo nivel es algo rarísimo ahora en una escuela rural" precisa la maestra a punto de coronar su octavo año en Guarrate. Rebeca Hernández comenzó con un aula de 13 alumnos de los aproximadamente 20 que había en la escuela y la progresión se ha ido manteniendo en comparación con la tendencia general en el medio rural.

¿Cómo se gestiona la educación en una escuela de distintos niveles?. "Tiene su lado positivo porque, por ejemplo, ves que los alumnos más pequeños siempre atienden a los mayores. Cuando explicas algo de cursos superiores por lo general los pequeños prestan atención, y eso les favorece" reflexiona Rebeca Hernández. A ello se suma una enseñanza "mucho más personalizada, sabes perfectamente cómo va cada uno de los alumnos y lo que van necesitando; lo puedes personalizar" cuenta esta maestra.

"Trabajar en los pueblos es otra vida" reflexiona Miguel Ángel Díez, con 11 alumnos a su cargo de 2º, 3, 4º y 6º de Primaria. "Es muy laborioso pero también muy agradecido" resume. ¿Inconvenientes? "Un poco de locura porque tienes a todos (los escolares) al mismo tiempo en el aula" precisa Rebeca, quien este curso  ha estado un poco más descargada, con los de Infantil y 1º de Primaria al tener que compatibilizar las clases con las labores de secretaría del CRA. "Normalmente buscamos un equilibrio entre las dos aulas, pero sabes que nunca puedes hacer una clase específica porque tienes distintos niveles".

A diferencia de otros pueblos, donde el futuro de la escuela pende de un hilo, en Guarrate, con los niños pequeños que hay y a la espera de que puedan llegar más, "estamos hablando por lo menos de cuatro años de tranquilidad". Un horizonte que en las actuales circunstancias del mundo rural es una proeza. De hecho, una de las batallas de los ayuntamientos pasa por el evitar el cierre de las escuelas. Porque un pueblo sin niños es un pueblo sin vida.

Los saben muy bien los mayores de Guarrate. Cuentan en el pueblo que hasta los abuelos han cambiado sus hábitos y se desplazan hacia el parque para disfrutar con el chiquillerío, un privilegio que hoy se vende muy caro en el mundo rural.

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