27 de junio de 2012
27.06.2012
La Opinión de Zamora
Doctor en Medicina y Académico de la Real Academia de Medicina
Alfonso Ballesteros fernández

«Los recortes a la ciencia van a asestar un hachazo a la investigación médica»

«Las restricciones son necesarias, sin duda, pero han cortado por lo fácil; en Mallorca cierran dos hospitales y eso ha creado una crispación terrible»

27.06.2012 | 02:00
J. Alfonso Ballesteros, el pasado domingo en los soportales de la Plaza Mayor de Fuentesaúco.

Alfonso Ballesteros ha recibido muchos reconocimientos a lo largo de su vida, pero la invitación para pregonar las Fiestas de la Visitación de su pueblo, Fuentesaúco, «ha sido el más entrañable» confiesa. Médico con una profunda vocación por la enseñanza, viajero empedernido, amante de la Fiesta Nacional y buen conversador, el doctor Ballesteros reconoce tener el corazón partido entre su tierra natal y la Mallorca de adopción, donde vive desde hace casi cuarenta años y ha cultivado amistades como la de Camilo José Cela, al que acompañó en su viaje a Estocolmo con motivo de la concesión del Premio Nobel de Literatura.
—¿Sin antecedentes en la familia, que le llevó a estudiar medicina?
—Influyeron en mi médicos de mi pueblo a los que conocí y otros de reconocido prestigio que nacieron en Fuentesaúco, como los doctores Olivares o Matilla. Y es muy posible también la circunstancia que el esposo de mi hermana estuvo enfermo mucho tiempo y yo vivi desde niño mucho el ambiente de las clínicas. Tengo la fortuna de poder decir que desde que estudiaba el Bachillerato tenía muy clara la idea de ser médico. Cuando hice la carrera en Salamanca mi idea inicial, para la cual me preparé, era ir a Estados Unidos, que entonces era la meca de la medicina. No pudo ser y fue siempre una frustración para mi.
—¿Por qué no fue posible?
—Influyeron varios factores. Uno de ellos es que no tenía hecho el Servicio Militar y no te daban pasaporte. Me quedé y para hacer la mili alguien me dijo una solución muy ingeniosa, en vez de ir de soldado haz oposiciones y te haces médico militar. Me dijeron harás la mili llamándote de usted y con un sueldo; y efectivamente. Tengo un gran recuerdo de mi época de médico militar destinado en Valencia, pero en aquella época en el Ejército científicamente no era fácil progresar, así que al final lo dejé y me fui a Palma de Mallorca donde había estado unos meses antes y tenía un gran recuerdo. Me fui en el año 74.
—Y allí se quedó para siempre.
—Yo había ido a Mallorca primero en el paso del ecuador y me lo pasé bomba, tenía un gran recuerdo. Y en el 69, al terminar la carrera, como no podía irme a América y no quería irme a un pueblo, salió una plaza en una clínica. Vi que era una tierra en aquel momento con una gran diferencia con el resto de la península, de gran vitalidad económica, un sitio muy cosmopolita. En 1974, cuando se produjo la gran revolución de la Sanidad Pública, se crearon los grandes centros hospitalarios jerarquizados con servicios y me ofrecieron una plaza de médico especialista en medicina interna. No lo dudé. Desde entonces estoy allí y soy un mallorquín de adopción.
—Y allí ha desarrollado una fructífera carrera profesional
—Pero yo siempre he sido un poco de culo inquieto. En el año 1992 hice otra pirueta que me salió muy bien. Abandoné toda la actividad pública y me dediqué exclusivamente a la privada, que en Mallorca es importante, incluso con centros pioneros. Tanto que se hicieron algunas de las primeras cirugías cardiacas, los TAC, resonancias etc. Aposté por la privada y sigo ejerciendo.
—Y ha compatibilizado la consulta con la docencia, toda una vocación para usted.
—Realmente me hubiera gustado más dedicarme a la docencia pero en Palma no hay Facultad de Medicina y la suplí dando clase en la Escuela de Enfermería. Luego durante unos años la Universidad de Barcelona dio clases de patología médica en Palma y yo estuve encargado. Si tengo alguna frustración es que me hubiera gustado ser profesor de medicina de forma continua.
—Mallorca es muy distinto a la tierra que le vio nacer, no le costó adaptarse.
—He tenido la suerte de que en Mallorca me adapté muy bien al medio. Uno de los errores que a veces tiene la gente que va a las islas es que se crean guetos peninsulares; esto en principio puede ser un error, te limita. Soy una mezcla de castellano porque nunca renuncie a mis raíces, hago gala de ello, pero también soy mallorquín porque el buey es de donde pace no de donde nace. Se puede ser las dos cosas. Mallorca me ha dado mucho.
—¿Se imagina como sería hoy la experiencia de un joven médico castellano tal y como están las cosas, con la Sanidad sometida a profundos recortes y tanto paro?
—Las cosas han cambiado mucho porque en aquel momento había un déficit de médicos, incluso en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Ahora el nivel es muy superior a mi época pero hay muchas menos oportunidades. Cuando yo acabé podías elegir, te ofrecían trabajo aunque tuvieras un curriculum sencillo. Empieza a haber paro otra vez en medicina.
—¿Qué repercusiones pueden tener los recortes sanitarios?
—Yo soy un afortunado porque estoy en el sector privado, aunque no me he desvinculado del público. Soy una «rara avis» porque desde hace 20 años, al menos dos días por semana voy al hospital donde trabajé y he seguido relacionándome, voy a las sesiones que me es muy útil. Y lo están viviendo de forma dramática, en Mallorca especialmente porque hace unos cuatro o cinco años a los médicos se les reconoció que las guardias se pagaran al precio que en el resto de las comunidades (esto de las comunidades ha sido una anarquía). Pero de repente hubo unos sindicatos que impugnaron eso porque no habían estado en la mesa de negociación y ahora pretenden, no solamente pagarle al precio anterior sino que devuelvan todo lo que han cobrado.
—Incluso se ha cerrado algún hospital.
—Con las restricciones presupuestarias, que son necesarias sin duda, lo que pasa que han cortado por lo fácil; hay otros sitios para cortar. Sí, van a cerrar dos hospitales para crónicos. Esto ha generado un clima de crispación terrible hasta el punto de que el viernes era la fiesta del Colegio de Médicos y a última hora se suspendió.
—Porque sanidad y educación son cuestiones muy sensibles para el ciudadano.
—Pero es la partida económica que más gastos genera y entonces han ido a lo más fácil, a meterse con los funcionarios, la sanidad y la educación. Y hay grandes partidas, fundamentalmente de los políticos que no tocan. Fíjese lo que ha pasado con Dívar.
—Y en las Islas Baleares han tenido muy cerca un caso muy flagrante, con el llamado «caso Matas».
—Exactamente, o lo que ha pasado con el Defensor del Pueblo catalán con 150.000 euros en viajes. Son partidas absolutamente inaceptables. O lo que pasa con la Administración. En Mallorca tenemos el gobierno balear, el consell de cada isla (que es una especie de Diputación) pero incluso crearon hace muy poco el consell de Formentera donde incluso están teniendo dificultades, por lo pequeña que es la isla, para encontrar gente que cubra los puestos.


—Y mientras tanto cierran hospitales y los investigadores se van al paro o se tienen que buscar la vida fuera. Esto es lo que no entiende la sociedad. ¿Cómo afectarán los tijeretazos a la investigación?. Ya se habla de una generación perdida.
—Sin duda, un efecto muy negativo. El problema de España en mi opinión es que el invento de las autonomías es absolutamente insostenible. Puede haber un gobierno autónomo pero por qué tiene que haber un parlamento con no se cuantos parlamentarios. El otro día leía que en California, que podía ser la quinta potencia del mundo si fuera independiente, tienen eLn el congreso unos 60-80 congresistas; y en el parlamento de Mallorca debe haber unos 60. Luego está el consell que tiene sus propios consejeros. Una inflación de cargos que es absolutamente insostenible.
—Pero parece ser que para eso sí hay dinero y no para los "cerebros"
—Sin duda estos recortes van a asestar un hachazo a la investigación médica.
—Usted que conoce la sanidad de Estados Unidos, Francia... ¿España está abriendo brecha con los países más desarrollados?
—Creo que sí, aunque ha habido unos años en que España tenía un nivel muy digno. Cuando yo llegué a Francia en el año 75 el nivel médico en España había despegado con el sistema MIR, los hospitales estaban recién hechos y cuando veía aquellos hospitales medievales yo fardaba de los grandes centros que se habían hecho en España, con una red hospitalaria modélica. Incluso teníamos un sueldo muy bueno en comparación con el francés y todo aquello se ha ido desmoronando.
—Cambiando totalmente de tercio, por utilizar un término taurino, ¿cómo observa los movimientos contra la llamada Fiesta Nacional que por otro lado tantos defensores tiene en la comarca de La Guareña?
—Yo soy un defensor de la fiesta en tanto forma parte de nuestra cultura. Así como la silueta del toro de Osborne se llega a identificar como símbolo español, creo que la fiesta de los toros forma parte de nuestra cultura y de nuestra idiosincrasia. E incluso estaba muy incrustado el tema taurino en nuestra lengua, hasta tal punto que yo soy muy admirador de la terminología taurina. La expresión "una faena de aliño" o "mirando al tendido", "cambiando de tercio" o una larga cambiada yo todavía las empleo. La fiesta está muy enraizada en la cultura española y culturas próximas.
—¿Se refiere a Francia, tan cercana a la Cataluña, donde se han prohibido las corridas de toros?
—En Hispanoamérica es muy importante y en Francia, en lo que era el Roselló, la Provenza actual, es importantísimo. Estuve el año pasado pasando unos días en el sur de Francia y me llamó la atención el gran interés que tienen por los toros en esta zona. En Nimes, hay cafeterías, bares con referencias taurinas, de allí es el famoso Nimeño, el torero. Parece mentira pero es que en esa zona francesa hay visitas a las ganaderías, lo viven con tanta intensidad como los propios andaluces. Después de la prohibición en Cataluña, que es puramente política porque por ejemplo no han prohibido los correbous, en Francia han declarado a la fiesta de los toros Bien de Interés Cultural. La mística del toreo y lo que significa el festejo taurino con calor, con moscas, esa música peculiar... Es algo que casi no se puede describir.
—Pues dígaselo a los detractores, que no parecen pocos.
—Yo pienso que es se produce en parte por esnobismo, porque ahora hay muchos movimientos que defienden evitar la crueldad con los animales. Pero no hay que olvidar que si no estuviera la Fiesta Nacional el toro hubiera desaparecido. El toro de lidia es un vestigio del uro que desapareció en Europa a finales del siglo XVIII. Si no hubiera fiesta se extinguiría una especie porque está mantenida con una finalidad. Los que critican el toreo por lo que tiene de cierta violencia a lo mejor admiten deportes como la caza, que está también vinculada al hombre desde sus orígenes, o el boxeo. Hay que evitar la violencia gratuita pero si llegamos al extremo de no comer animales porque hay que sacrificarlos podemos ir dando pasos y llegar al infinito. Llegar al absurdo de que no puedes decorar una casa con flores porque las has arrancado y no podrías comer una lechuga. Yo creo que globalmente la fiesta de los toros tiene unos componentes culturales que neutralizan el componente de cierta violencia.
—¿Cómo se ve Zamora desde la distancia?
—Se ve con cariño porque son las raíces. Los que vivimos fuera la vemos con añoranza. Yo creo que Castilla en general tiene buena imagen. Es una zona que por las circunstancias geográficas ha tenido un menor desarrollo y por eso mismo puede que la crisis se note menos; al menos la caída es más suave.

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