Alguien camina en dirección contraria

Arnaldo Otegi debería desaparecer no solo de las listas políticas, sino también de las sociales

02.09.2016 | 13:43
Alguien camina en dirección contraria

Antonio Machado fue un poeta al que guardo una devoción extraordinaria, no solo por su poesía, universalmente reconocida, sino también porque fue mi predecesor en ocupar una de las aulas más visitadas en la antigua Universidad de Baeza. Y este poeta, que muchas veces filosofa, dice en una ocasión: "Caminante, no hay camino; se hace camino al andar". Así es en la vida humana. Uno nace y el mundo le ofrece un espacio en el que no está señalado camino alguno, a no ser que sus padres ya hayan elegido una senda precisa por la que ha de caminar. Lo más corriente es que uno mismo fije su atención en un punto y comience a andar con la clara intención de llegar a la meta que se ha fijado: "hace camino al andar".

Esa meta y el camino seguido en consecuencia puede ser el bien o el mal. La mayoría de las personas tienden hacia el bien, pretendido por ellos mismos, como tal, o entendido así por los demás; otros, en cambio, caminan por el mal, universalmente reconocido y, tal vez, reconocido por ellos mismos, aunque digan lo contrario. Es el caso de todos los que se adhieren a alguna banda asesina, justificada erróneamente por ellos o sin justificación posible. En España tenemos un caso clarísimo, que ha ocupado la atención de todos los ciudadanos y, también, las actividades de sucesivos gobiernos. Está claro que me refiero a la ETA. (Su nombre (Euzcade ta askatasuna= Euzkadi y libertad) tiene un cariz que llamó la atención de muchas personas que pusieron la libertad como meta suprema, sin reparar siquiera en las vidas de las personas que se oponían a una libertad sin límites, con uniforme o sin él; la libertad estaba por encima de la vida, incluso. Cerca de mil personas han caído bajo las balas o las bombas de la ETA.

Unas veces los etarras se nos presentaban "valientes" (si la naturaleza de la misma ETA admitiera "valentía"), "cara a cara", pistola en mano o cualquier otro instrumento letal.( De hecho algunos murieron en sus enfrentamientos con las Fuerzas del Orden). Otros etarras obraban como vergonzantes cobardes, colocando una bomba bajo el coche destinado o en el lugar elegido para matar y se escondían donde no se les viera, para activarlas en el momento oportuno o simplemente para no ser advertidos. Finalmente, como dice la historia, ETA creó organizaciones que hasta tuvieron cabida en parlamentos regionales o nacionales.

Está en candelero, en controversia que no debería existir, el personaje, partícipe en las labores de ETA y miembro de Herri Batasuna, una de las organizaciones que se han admitido en la legalidad, Arnaldo Otegi. En el camino que "ha hecho al andar", a lo largo de su vida, ha estado en la cárcel durante varios años y ahora goza de libertad por cumplimiento de una sentencia que lo condenó a seis años de cárcel e "inhabilitación para cargos públicos hasta el año 2021"; es decir, que ha cumplido la sentencia en cuanto a los años de prisión y le queda la inhabilitación por cinco años. De aquí que la controversia no debe tener lugar: si está inhabilitado para cargo público, no cabe posibilidad para que aspire a ser elegido para ocupar el más alto en el País Vasco.

Y quiero fijarme ahora en su propio comportamiento. Cuando una persona ha sido reconocida como "asesina", su camino justo no es ir hacia la notoriedad que la haga visible a diario: en la prensa, en la televisión y hasta en cualquier documento que proceda de la Presidencia de una región; y de una región tan notable y notoria como es el País Vasco. El camino debido para el "andar" de don Arnaldo Otegi, expresidiario como asesino y dirigente en una organización ideada por una banda de asesinos, es ir hacia el olvido, meta contraria a la candidatura a lendakari del País Vasco. Yo diría que su apellido, Otegi, debería desaparecer no solo de las listas políticas de su región, sino de las listas sociales; tal vez sería deseable que, en el caso de tener familia, utilizara la posibilidad que permite la legislación española para cambiar el orden de los apellidos. De esa manera el apellido desaparecía en una segunda o tercera generación. Recordando a Machado, diríamos: Otegi: dirige el camino que hagas en adelante al olvido; lo contrario a tus aspiraciones de llegar a ser lendakari del País Vasco.

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