Rivera trabaja y Rajoy reflexiona

Todo el mundo quiere pactos pero no premia a quienes los consiguen

16.08.2016 | 01:12
Rivera trabaja y Rajoy reflexiona

En este agosto que no pasa nada -excepto graves incendios y el furor vacacional de quienes pueden permitírselo- los comentaristas políticos andan faltos de acontecimientos que comentar. Quizás por eso las terminales mediáticas del poder han desarrollado un argumentario muy repetido entre los que tocan la partitura oficial. Punto 1: Si a Pedro Sánchez se le ve relajado en un chiringuito debe calificarse como "abandono de responsabilidades ante la crisis política". Si Rajoy decide irse de puente a Sanxenxo y se fotografía haciendo deporte, el comentario debe ser "el presidente está reflexionando". Punto 2: Si Albert Rivera no hace nada, se le llama poco menos que niñato metido en política y si hace algo es porque "el IBEX lo pone en vereda". Y así sucesivamente.

La única verdad de lo que pasa es que media Galicia se quema a manos de "delincuentes", como los califica sin eufemismos Alberto Núñez Feijóo, presidente y candidato popular, mientras el resto de formaciones discuten sus listas ajenos a la catástrofe; que en política el único que toma iniciativas para desbloquear esto es Albert Rivera, como ya lo hizo hace cuatro meses con un acuerdo con Pedro Sánchez; y que la opinión pública, aunque narcotizada unas semanas por la ola de calor, está cada vez más encendida por la incapacidad de los diputados electos para alumbrar un gobierno. Si en septiembre no hay investidura, proliferarán los pronunciamientos pidiendo "gobierno inmediato". Si las terceras elecciones llegaran a ser convocadas, el clamor popular llevaría el título de "que se vayan" por su incapacidad para lograrlo,

Sin esperar a ello, Alfonso Gajate, un importante directivo empresarial, reclama en un Manifiesto particular que ofrece a varias entidades por si quieren suscribirlo, una idea diferente: "un Gobierno de Consenso y Transición que incorpore a las mejores personas que existan en España, estén o no en el Congreso, con experiencia política o de la sociedad civil, un gobierno de mandato breve para reformar la Constitución y alcanzar los pactos de Estado urgentes en Educación, Empleo, Justicia, etc". Y pide al final "que se permita a los parlamentarios votar en conciencia, buscando el interés de España y no el de su partido".

Nada más lejos de las reflexiones de Rajoy que una salida así. Ni que la consideren Sánchez o Iglesias, también desaparecido este incluso en iniciativas parlamentarias. Excluimos a Ciudadanos porque propuso algo parecido poco después del primer bloqueo tras las elecciones de diciembre. No. Rajoy lo que hace es ganar tiempo sin considerar que el país ya ha perdido demasiado, aunque no sea él el único responsable. Cuanto más tiempo pase más presión sobre el PSOE que se verá obligado a ceder algunos diputados para que Rajoy sea investido y que no se convoquen terceras elecciones. Y aún quedará una válvula de seguridad relativa: que el segundo intento de investidura de Rajoy se celebre después del 25 de septiembre -elecciones vascas y gallegas- tras las que el PNV podría necesitar algunos votos para mantener a Urkullu como lendakari, gesto que agradecerían los cinco diputados nacionalistas en la investidura.

A Rivera se lo llevan los demonios: en vez de escuchar propuestas del candidato a presidente para cortejar a sus 32 diputados tiene que hacer él la oferta; y cuando la hace, en el PP necesitan una semana para reflexionarla. Es él quien tiene un activo que pone sobre la mesa -los acuerdos con Sánchez para su investidura fallida- un material de gran valor ahora mismo porque si se le proponen a Sánchez cosas que él mismo propuso, o acordó, tiene más difícil negarse en redondo a hablar.

Pero a pesar de este esfuerzo negociador de Rivera que en privado reconoce casi todo el mundo, no debe esperar el joven dirigente político que después se lo reconozcan. Este país es así. Todo el mundo quiere pactos pero no premia a quienes los consiguen. Todo el mundo pide moderación pero vota en clave radical, a derecha o a izquierda. Adolfo Suárez se doctoró en la materia y murió amargado sin entender por qué cosechaba tantos aplausos y tan pocos votos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine