La columna del lector

¿Dónde está la humanidad?

10.06.2016 | 00:03

Santiago de la Calle Anegón abandonó este mundo y a su familia el 29 de mayo de 2016 en el Hospital Virgen de la Concha de Zamora a los 40 años de edad.

Luchó con uñas y dientes, plantándole cara a la enfermedad más devastadora que sufre la humanidad, el cáncer, durante 10 años, pero perdió la batalla. La enfermedad pudo con él, pero seguro que esta le recordará como uno de sus más dignos rivales.

Su familia teníamos la esperanza de que pasara los últimos días de su vida en casa, rodeado de su familia y con su esposa, Verónica, su más fiel escudero en su dura batalla. Pero la gravedad de su estado no se lo permitió y tuvimos que acudir a urgencias del Hospital Virgen de la Concha el 26 de mayo. Allí lo estabilizaron, nos pusieron al día de la situación terminal en la que se encontraba y nos ofrecieron la posibilidad de dejarlo ingresado para un mejor seguimiento de su proceso terminal.

Trasladaron a Santiago a la tercera planta, a la Unidad de Ginecología-Obstetricia pues era la única unidad que disponía en ese momento de una habitación individual en espera de su traslado al Hospital Provincial, traslado que no llegó a realizar ya que falleció en esa planta.

La atención recibida en esa planta por parte del personal de enfermería (enfermeras y auxiliares) fue excepcional, pendientes del paciente y de la familia en todo momento, haciendo gala de una gran profesionalidad. Gracias por todo, vuestro trabajo engrandece la profesión.

No podemos decir lo mismo de uno de los médicos, concretamente el que atendió a Santiago cuando se agravó su estado en la recta final de la enfermedad. La familia consideramos que no estuvo a la altura de las circunstancias ya que al pedirle que valorara la modificación del tratamiento de sedación paliativa puesto un día antes por la doctora de paliativos se negó a ello alegando simplemente que no lo creía necesario, sin ni siquiera entrar a la habitación y valorar al paciente. Finalmente y ante la insistencia de la familia, accedió a hacerlo mejorando así la agonía del paciente y de su familia. Aún estamos esperando a que se digne a darnos el pésame, con un simple "lo siento" cuando vino a certificar la defunción de Santiago horas después.

Pero por Dios..., ¿dónde está la humanidad?

Quien haya vivido, como familiar, el estado terminal de un ser querido cuando está próximo su fallecimiento, entenderá que son momentos muy duros y difíciles de llevar. Crean una gran angustia en la familia porque sencillamente, no entendemos lo que está ocurriendo, nadie nos prepara para ello. Solo deseamos que el ser querido no sufra.

Yo, con todos mis respetos, me atrevería a dar un consejo a todos los profesionales que trabajan en la sanidad: Haz con los demás lo que a ti te gustaría que hicieran contigo.

Para conseguirlo solo es necesario ponerse en el lugar de la otra persona, "ponerse en sus zapatos". Eso se llama empatía, palabra cuyo significado hay personas que desconocen por completo.

No sé si esto hubiera ocurrido si a Santiago lo hubieran ingresado desde un principio en el Hospital y planta que le correspondía, no queremos pensar si fuimos víctimas de los inútiles recortes que obligan al cierre de plantas ubicando a los pacientes en unidades que no le corresponden.

Santiago ha fallecido rodeado de su familia y en paz, eso es lo más importante.

Serafín Alonso Villar

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