Día tras día

La nueva casta

La gran decepción con algunos de los del cambio era previsible

23.02.2016 | 00:12
La nueva casta

Era previsible, se temía, por eso de que así es la condición humana. Pero la decepción es muy grande. Con los del cambio, con algunos del cambio, una minoría, desde luego, pero que ahí está. Tanto criticar y con todos los motivos y razones del mundo a la actual clase política española - que no da la talla por su mediocridad y corrupción- la casta que señalan despectivamente los de Podemos, y resulta que en cuanto tocan el poder hacen lo mismo que ellos.

Ya son conocidos muchos casos de cómo los nuevos ayuntamientos de izquierda surgidos de las elecciones de mayo, en coaliciones por lo demás perfectamente lógicas y sobre todo esencialmente democráticas, están cayendo en la misma mala praxis que criticaban a los demás. Han abierto las puertas a sus parientes, a sus amigos, a sus conmilitones, para darles cargos a dedo bien remunerados mientras les duren. Y lo hacen sin ruborizarse ni cortarse un pelo. Madrid está siendo un triste y vergonzoso ejemplo, pero naturalmente ni PP ni PSOE son apenas capaces de abrir la boca cuando ellos mantienen en la misma situación a miles y miles de enchufados, tantos que constituyen una administración paralela que si al final hay cambio de Gobierno será sustituida por otra semejante de distinta cuerda.

Puede entenderse, si acaso, lo de determinados puestos de confianza, pocos. Lo de los asesores, una legión de paniaguados, es inadmisible. Entre esos enormes gastos y los escándalos de corrupción, el dinero público se va como agua entre las manos y el déficit público se desata, sobre todo en los años de Rajoy y su supuesta recuperación económica, hasta el punto de que sea quien sea el partido o los partidos que lleguen a gobernar, y todos están de acuerdo en ello, tendrán que negociar con Bruselas el alargamiento de los plazos concedidos por la UE pues es imposible cumplir con los objetivos.

Y por desgracia no es solo eso, el meter a dedo a los suyos, sino que están copiando ya, y acaban de llegar, algunos de los malos hábitos más habituales, como acostumbrarse a cargar todos los gastos, incluso los más personales, al erario público. Ahí está el caso del alcalde de Zaragoza, una coalición de Podemos, que ha cargado hasta la gomina a las arcas municipales. "Era para estar presentable", ha justificado. Pero, claro, la oposición del PP debe callar, porque tampoco puede abrir la boca, ya que hace casi 20 años un alcalde de los suyos, el de León, que ahora anda por Zamora con el dispendio ese del Consultivo, hizo lo mismo, justamente, y el asunto fue muy aireado y comentado.

De lo que se deduce fácilmente lo de siempre: que una cosa es predicar y otra dar trigo, o que es muy fácil presumir de honrado cuando no se tiene la oportunidad de dejar de serlo. Cierto que esto no es nada, una mera anécdota -pero que deja un pésimo sabor de boca y unas inciertas perspectivas de futuro- si se compara con la inmensa ola de corrupción que aparece cada día en los medios con toda clase de pruebas y detalles relacionados en su mayoría con el PP o aledaños.

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