Zamoreando

Microeconomía

El hambre y la penuria habitan en cientos de hogares zamoranos

12.09.2015 | 00:18
Microeconomía

Mucho se habla de los buenos vientos que soplan para la macroeconomía, pero poco hincapié se hace en el vendaval que, a día de hoy, todavía sopla para la microeconomía. Hay personas a las que todo le va también que cuando le cuentas que el vecino tiene hambre o no puede pagar el recibo de la luz, se ríe y dice que eso son "cuentos". Y como en España de cuentos vamos bien servidos, hete aquí que se ningunea a los económicamente débiles cuando no se niega la cruda realidad por la que atraviesan.

El drama del hambre y la penuria habita en centenares de hogares zamoranos. Y duele saber que hay quienes lo niegan, que hay quienes quieren seguir cerrando los ojos a la evidencia, que hay quienes con sus palabras de incredulidad o indiferencia hacen daño. Quizá por eso se muestran incapaces para la generosidad que ahora reclaman, cuántas veces en silencio, los que nada tienen, los que antes nada reclamaban porque la bonanza económica les sonreía.

La microeconomía no ofrece signos de recuperación. Algún atisbo, pero poca cosa como para permitirnos dar rienda suelta a la esperanza. Y es que la situación económica de las familias en España ha ido a peor en los últimos cinco años. Si en 2013, el 13% de las familias patrias reconocía tener dificultades para llegar a fin de mes, los datos actuales muestran que esta cifra ha aumentado considerablemente hasta situarse en el 46% de los hogares españoles. ¡Casi la mitad! Los datos de la Organización de Consumidores y Usuarios no permite poner en tela de juicio esta situación.

El índice de preocupaciones apenas ha variado en los últimos tiempos. El empleo y las reducciones salariales son las dos grandes preocupaciones y las dos causas más evidentes de la situación por la que atraviesan las familias españolas. Es más, un 20% reconoce abiertamente que sus gastos han aumentado a pesar de haber perdido capacidad adquisitiva. Y es que todo está por las nubes. Nos fríen a impuestos, también nuestros amados y nunca bien ponderados Ayuntamientos, y para más regodeo, las Eléctricas, con el beneplácito del ministro Soria, nos ahogan.

Cualquier día caeremos asfixiados y solo en ese momento quienes mandan aquí y allí se darán cuenta de que no pueden seguir tensando la soga que nos han atado al cuello de la supervivencia y de la economía familiar. Dicen que el otoño será relativamente cálido y el invierno frío, muy frío, pues bien, que bajen el importe de las tarifas eléctricas para que ningún español se muera de frío en su propia casa. O eso o volver a los braseros de cisco con los siguientes "atufes" y sustos para quienes los utilizan. Ahorrar es una proeza en estos tiempos en los que la microeconomía evidencia las dificultades por las que pasan más de la mitad de los hogares españoles.

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