20 de noviembre de 2019
20.11.2019

Franquicias cerradas de par en par

La clausura de Pull & Bear y de Mary Paz, dos firmas que se van de la capital, evidencia el delicado estado de la economía zamorana, con un consumo estancado y sin perspectivas de mejora

19.11.2019 | 21:20
Pull & Bear, último comercio en cerrar, deja vacío un local en Santa Clara, en pleno centro de Zamora.

Ayer cerró Pull & Bear. Hace unos días bajó la persiana la zapatería Mary Paz. La semana pasada fue Marionnaud, hace menos de un mes desapareció Amichi, y así podría seguir la lista durante bastantes líneas más. Hasta hace años, cuando cerró Pronovias en San Torcuato. Las calles comerciales de Zamora se vacían, y durante los últimos años lo hacen a un ritmo bastante elevado. Las franquicias, que en la década de los noventa y los primeros años dos mil desplazaron a los profesionales zamoranos de las principales arterias comerciales, son las últimas víctimas de una economía que en Zamora, como insisten muchos empresarios, es de poco más que de subsistencia. Algunas cierran porque la matriz se encuentra en concurso de acreedores o ha aprobado un ERE y otras lo hacen, directamente, porque los resultados en Zamora no son los esperados. Por una u otra causa, el caso es que el centro se vacía. Y lo que es peor, todo indica que el cierre de Pull & Bear no será el último.

Cada comercio que cierra es un golpe de realidad a una provincia que languidece. No hay demanda interna. El envejecimiento de la población no ayuda, ya que este segmento de la sociedad no destaca precisamente por su dinamismo económico. La baja natalidad tampoco, ni la fuga de jóvenes que abandonan la ciudad para cursar sus estudios universitarios y que, en muchas ocasiones, establecen su vida fuera de Zamora. Todo esto cristaliza en un cóctel que no hace otra cosa que restar atractivo a las calles comerciales de la capital.

El funcionamiento que exigen las franquicias es lo que coloca a muchas tiendas de Zamora en la picota, como ha pasado también con la marca Mary Paz, en expansión nacional en España y Portugal pero abandonando Zamora. Las franquicias exigen a los emprendedores que se atreven a invertir en Zamora un lugar privilegiado para abrir sus tiendas. Zara no está en Santa Clara por casualidad, como no es casualidad que esté en la Gran Vía de Madrid, en la avenida de los Campos Elíseos de París o en la Quinta Avenida de Nueva York, obviamente con todos los factores diferenciadores que se quieran señalar. La misma estrategia la siguen prácticamente todas las marcas. Fue este interés el que, en pleno "boom" de apertura de franquicias, disparó los alquileres en Santa Clara y San Torcuato, algo que alejó de estas calles a los pequeños negocios, que tuvieron que pasar a ocupar otras zonas de Zamora. En parte, son los elevados alquileres los que lastran las capacidades de muchos negocios, aunque es una realidad que si la ganancia de una empresa va ligada solo a su alquiler, es que el futuro no es halagüeño. Ahora las franquicias se van, pero los alquileres se resisten a bajar, lo que explica la proliferación de locales cerrados.

Pero hay más. El sistema de las franquicias es perverso para muchos franquiciados. Hay tiendas que arrancan cada semana en negativo. Con el sistema de devoluciones que tienen algunas franquicias, no son pocos los zamoranos que acuden al comercio a devolver productos que han comprado días antes en Valladolid o en Internet. No es que las compras se reduzcan, es que hay gente que compra fuera y devuelve aquí. Los que tienen que adelantar el dinero son en ocasiones los franquiciados, esperando a que la matriz se lo ingrese.

Con todo, el problema es de base. Las grandes marcas necesitan para funcionar una demanda constante y elevada que en Zamora, hoy por hoy, no existe. Hay épocas puntuales, como la inminente Navidad o el cada vez más famoso "Black Friday", en los que las calles tienen mejor aspecto, pero la realidad es que el día a día está "muy parado".

La caída de una franquicia, que cuenta con el paraguas de una gran marca, hace pensar en la situación que viven los pequeños comerciantes, que muchas veces saltan sin red. A finales de agosto, en un recuento efectuado por este diario, se cifró en 120 el número de locales vacíos de las principales calles comerciales de la ciudad. Esa cantidad ya se queda corta. Ilustraba la noticia una foto de la ya cerrada tienda de Gocco, en San Torcuato, un comercio dedicado a la moda infantil. Era previsible desde que cerró Pronovias. Sin bodas, cómo van a nacer niños.

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