09 de mayo de 2019
09.05.2019

Santa Marta vela armas

El restaurador Miguel García destaca la "originalidad" y el "efectismo" de La Tarasca de Ramón Álvarez, mientras ultima las labores de conservación de la obra, pieza a pieza

08.05.2019 | 23:03

Dice la tradición que un dragón de extrañas formas tenía aterrorizado al pueblo francés de Tarascón. Marta, cuya hazaña la convertiría en santa, sometió al monstruo con la única ayuda de agua bendita. Estos días, consciente de que cada festividad del Corpus ha de imponer el bien sobre el mal en las calles de la ciudad, la santa se prepara para la lucha. Un restaurador salmantino, Miguel García, se encarga de realizar una ligera intervención, "de conservación", en el conjunto, pieza a pieza. La iniciativa ha partido de la agrupación La Morana, encargada de la salud del conjunto y de sacarla en procesión cada año, con la financiación del Ayuntamiento de Zamora.

Los trabajos han dado la oportunidad, como suele ser habitual, de conocer más cosas de cómo Ramón Álvarez hacía magia con, prácticamente, nada. Al restaurador le sorprende, por ejemplo, que "la estructura interna, el armazón, no es solo un busto en el que se adivinan las diferentes partes, sino que el autor ha creado una silueta perfectamente definida". Porque don Ramón ponía tanta atención en lo que se veía como en lo que no. El imaginero de Coreses "era muy efectista", perfectamente consciente de que "lo importante era el rostro, las manos y los pies, pero con un toque más cuidado del resto que otros artesanos", añade.

Durante el desmontaje y la primera toma de contacto con la obra, Miguel García ha percibido diferentes desperfectos, propios del uso de una imagen que sale a la calle. "Predominan pequeñas grietas propiciadas por intervenciones anteriores, que ha habido que sellar e integrar de forma cromática", apunta el especialista. Y pese a todo, el estado de conservación de santa Marta es "bueno". Se percibe en detalles como las manos que, pese a haber reemplazado alguno de los dedos, se mantiene en condiciones óptimas.

Y de nuevo las sorpresas, como la técnica para ensamblar las propias manos con los brazos, que "además de la habitual espiga, presentan una especie de guía para fijar la extremidad". Los cuidados se han extendido por toda la cabeza, donde el restaurador ha hallado diferentes "craqueladuras", una forma habitual de deterioro de la pintura. El restaurador ha abordado igualmente la mejora de las alas, fabricadas en tela encolada, y el cuerpo del dragón, la vistosa carroza.

Quizá don Ramón no creó a santa Marta para que durara más de un siglo, pero la heroína continúa intacta a lomos del dragón al que tendrá que derrotar de nuevo muy pronto. Así se mantiene el orden natural de las cosas: el bien siempre gana al mal.

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