26 de marzo de 2019
26.03.2019
Juan Ignacio Codina | Autor de "Pan y toros. Breve historia del pensamiento antitaurino español"

Juan Ignacio Codina: "Los más grandes patriotas españoles fueron antitaurinos"

"La tauromaquia siempre ha sido señalada como una losa que impedía el progreso social y sus detractores la denunciaban precisamente por el amor que sentían hacia su patria"

25.03.2019 | 19:50
Juan Ignacio Codina, autor del libro "Pan y toros. Breve historia del pensamiento antitaurino español" en La Alhóndiga de Zamora.

¿Es realmente el antitaurinismo una moda? El periodista y doctor en Historia Juan Ignacio Codina se formuló esta pregunta a sí mismo ante la creciente irrupción de las voces que consideraban que esta corriente era una cuestión pasajera. Tras tres años de investigación y 1.200 páginas de tesis determinó que no, que la tauromaquia ha contado a lo largo de los siglos con relevantes detractores como Miguel Ramos Carrión, Santiago Alba y Bonifaz o Leopoldo Alas 'Clarín' en Zamora. Las conclusiones del trabajo son ahora recogidas en el libro "Pan y toros. Breve historia del pensamiento antitaurino español", que fue presentado en La Alhóndiga durante las jornadas de ética animal celebradas en los últimos días.

–¿Cómo es que un periodista se adentra en una investigación de este tipo?

–Durante mucho tiempo, se ha defendido insistentemente en los medios de comunicación que el antitaurinismo era una moda, algo pasajero que no tenía un sustento ideológico, histórico o moral. Simplemente una moda, como la canción del verano o una prenda de vestir para desprestigiar una corriente como el antitaurinismo. El objetivo de los taurinos era minimizar el impacto de un fenómeno social que iba creciendo cada vez más. Yo partía de un conocimiento muy escaso del tema, sabía que no era una moda, pero lo que no sospechaba era el alcance que iba a tener la investigación. Empecé a tirar de hilos y el vestigio más primitivo del antitaurinismo se remonta al siglo XIII.

–¿Con qué argumento?

–En 1531, por ejemplo, se denuncia que ningún espectáculo se puede fundamentar en el sufrimiento de un ser vivo como el toro.

–¿Quiénes lo defendían?

–En el Renacimiento Gabriel Alonso de Herrera; en la Ilustración Jovellanos, Blanco White, José Cadalso, Clavijo y Fajardo; en el Costumbrismo Mariano José de Larra, Mesonero Romanos, Emilia Pardo Bazán, Carolina Coronado o Cecilia Böhl de Faber que firmaba como Fernán Caballero; en la Generación del 98 Unamuno, Azorín o Pío Baroja y aparte un largo etcétera como Ramón y Cajal, Juan Ramón Jiménez, Machado, Luis Cernuda... la nómina es muy amplia. Cada vez que en España había un movimiento aperturista, la tauromaquia era señalada como una losa que impedía el progreso del pueblo español. En cada época ha habido muchos ilustres antitaurinos.

–¿En Zamora también?

–Sí, podemos citar a Miguel Ramos Carrión, Santiago Alba y Bonifaz y Leopoldo Alas Clarín.

–En el libro también ahonda en la relación entre el españolismo y la tauromaquia. ¿Se puede ser patriota y antitaurino?

–Sí. Uno de los argumentos empleados por los taurinos es que los detractores "odian las corridas porque odian todo lo español". Y es una falacia, una mentira grandísima. Los grandes patriotas de nuestra historia han sido antitaurinos y han denunciado la tauromaquia precisamente por el amor que sentían hacia su patria. Nadie puede negar que Emilia Pardo Bazán, José Cadalso, Carlos III, Carlos IV, condes, marqueses o militares eran patriotas. Muchos fueron heridos en combate defendiendo el país y eran antitaurinos. Para mí el máximo exponente que rompe con esta falacia es el general Arsenio Martínez Campos, quien devolvió la monarquía a España tras la Primera República. Militar, capitán general de Cuba, presidente del Consejo de Ministros, conservador, monárquico, católico... no puede haber nadie que encarne mejor la figura de patriota español. Y en un discurso en las Cortes dice que las corridas son una barbarie.

–En su opinión, ¿es cultura o es tortura?

–El problema no reside en discutir si es cultura, arte o tradición. Para ciertas personas un cubo de basura en Arco lo es y la quema de herejes también lo era, por ejemplo. Lo que tenemos que hacer es ir superando esas tradiciones porque nos están frenando para que progresemos como país y como pueblo.

El título del libro "Pan y toros" hace un claro guiño a la locución latina pan y circo. ¿Por qué?

–El título del libro viene a decir que la tauromaquia ha sido una herramienta utilizada de forma deliberada por los poderes de cada época para distraer al pueblo y tenerle totalmente alejado de cualquier reflexión fiscalizadora de la autoridad gobernativa. Un gobernante prefiere tener a un pueblo dócil que no esté vigilando dónde se gasta el dinero, si le pone muchos impuestos o si tiene derechos y libertades. En la época más decadente del Imperio Romano, la gente estaba distraída con la barbarie, cuanto más embrutecidos estuvieran, menos pensaban.

–Uno de los argumentos en defensa de los toros recae en la riqueza que este sector genera, sobre todo en el medio rural. ¿Qué hay de cierto?

–Desde hace muchos siglos hay un oscurantismo respecto de los datos oficiales sobre lo que genera y lo que nos cuesta esta actividad económica. Pero si vamos a evaluar la tauromaquia en función del dinero que genera, ¿por qué no defendemos la explotación sexual de la que viven muchos miserables, la explotación infantil, la compra venta de droga o el tráfico de armas? No todo se puede reducir a una cuestión mercantilista.

–¿El fin de la tauromaquia será cuestión de evolución?

–Es la pregunta del millón. Cuando me preguntan qué expectativas tengo, suelo ser un poco optimista frustrado. Es una situación muy delicada. Ahora la tauromaquia está blindada constitucionalmente. Además, nos enfrentamos también a un enemigo muy duro de roer, muy poderoso, que suele ser el de la costumbre. Pero debemos de luchar con la luz del conocimiento para hacer ver a la sociedad española que en pleno siglo XXI no es necesario divertirse ni entretenerse haciendo sufrir a un animal. Y los cambios tienen que venir de abajo a arriba. De los ciudadanos a los políticos.

–¿La prohibición de alancear el Toro de la Vega es un primer paso?

–Sí, aunque en mi opinión es que en este caso ha sido una explosión controlada porque los propios taurinos reconocían que era una salvajada y el clamor social podía contagiar a la tauromaquia tradicional.

–¿Son necesarias entonces jornadas de ética animal como las celebradas en Zamora?

–Absolutamente, estoy seguro de que las generaciones futuras nos criticarán por el trato que le damos a los animales. Se avergonzarán y se preguntarán cómo permitimos que esto siguiera así.

–La ONU le ha dicho a España que la asistencia de menores a los toros vulnera los derechos humanos. Pero siguen entrando en las plazas.

–Una de las cuestiones que más me ha llamado la atención de mi propia investigación ha sido el descubrir que muchos de los argumentos que se utilizan hoy en día para denunciar la tauromaquia no son de nuestra época sino que vienen de muchos siglos atrás. Los taurinos llevan siglos sabiendo bien lo que hacen. Perpetúan su tradición inculcándola en mentes en formación como la de los niños de corta edad para que antes de que tengan uso de razón ya la vean normal y no hagan ninguna crítica. Su entrada estuvo prohibida pero la ley fue derogada y su autor premiado por la "gran labor" que había hecho en defensa de los toros. Una vez más, vemos esa connivencia entre el poder político y la tauromaquia, un engranaje histórico.

–Usted también es el candidato de Pacma a la Presidencia del Govern en las Islas Baleares. ¿Debe entrar el animalismo en campaña electoral?

–Sí. De hecho aunque solo sea por puro interés de los partidos, debemos conseguir que el animalismo entre en la agenda política.

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