Obras que hablan
La antigua iglesia de La Encarnación y el claustro de la Diputación albergan una amplia antológica del artista Fernando Mayoral

Un hombre contempla algunos de los óleos y la figura de Juan Pablo II. / Foto Emilio Fraile
N. S.
Un acercamiento a toda la producción artística de Fernando Mayoral ofrece desde ayer la sala de exposiciones de la Diputación. Esta muestra antológica reúne numerosas obras, una treintena de pinturas y más de medio centenar de bocetos y una docena de esculturas de grandes proporciones, realizadas por el artista de origen extremeño, pero salmantino de adopción.
Una escultura de un hombre, El Carpazas, un personaje que el escultor descubrió en una pequeña población de Galicia, y los retratos de sus padres, en óleo, dan paso a distintos cuadros y a obras escultóricas de pequeño formato, entre ellas un pequeño busto del escritor Camilo José Cela, un boceto de un Yacente o la maqueta del paso de la Santa Cena de la Vera Cruz, cedida para la ocasión por el Museo de Semana Santa de la ciudad.

Obras que hablan
Pinturas de paisajes castellanos gallegos o andaluces dialogan con bronces como el del Lavatorio, que aspiró a procesionar en Zamora, un boceto de unas comadres, un bronce de un desnudo y una parka o la cabeza de San Pedro de la Santa Cena que desfila el Jueves Santo, entre otras piezas escultóricas. En otro nivel, ya más cercano al altar de la antigua iglesia, se exhiben un dibujo, óleos de paisajes de París, Roma o La Bretaña junto a un boceto escultórico de una Santa Cena para Salamanca y tres pequeñas figuras, una de Filiberto Villalobos, una paisana y Juan Pablo II.
Y precisamente una réplica de la escultura del Santo Padre, en aglomerado de pizarra con poliester, comparte el protagonismo, en el centro de la iglesia, con las esculturas de Sor Eusebia Palomino o Santa Teresa y un Crucificado de grandes dimensiones a caballo entre el que Fernando Mayoral hizo para el grupo de La conversión del centurión, del Santo Entierro, y el Cristo que efectuó para la iglesia del barrio salmantino de El Zurguén. «Realicé varias figuras muy similares aunque modificas la cabeza, una mano o el paño de pureza», atestiguó ayer el artista, formado en la Escuela de San Fernando, quien ha facilitado el cerca de centenar de piezas que se exhiben, algunas de gran tamaño como las que presenta el claustro de la Diputación, donde la figura de Baltasar Lobo dialoga con las esculturas de don Quijote y Sancho Panza, con José del Castillo, El Niño de la Capea o José Luis Sánchez Paraíso.

Obras que hablan
La muestra «es un recuerdo a todo lo que he hecho, bien o mal. Es una recopilación de muchos años, de hecho hay cuadros de más de 50 años», comentó el escultor que por primera vez presenta el global de su producción en Zamora, a donde suele acudir «para ver los pasos que he hecho (La Santa Cena y La conversión del centurión) en la calle». «Compruebo que se conservan bien y veo que lo he hecho con un material noble». «Gracias a esta muestra la gente va a descubrir mi faceta como pintor gracias a los cuadros que tengo en mi casa», esgrimió
En la inauguración arroparon al escultor compañeros de profesión como Daniel Lorenzo Goñi, Tomás Crespo, o pintores como Eduardo Pedrero, Alfonso Bartolomé y Carlos Piñel, entre otros, así como muchos semanasanteros y personas vinculadas con el mundo cultural de la ciudad.

Obras que hablan
En una alocución ante los congregados el presidente de la Diputación, Fernando Martínez Maíllo, destacó que la exposición «es muy similar a la que hubo en Salamanca», donde contó con miles de visitantes, y «es un honor que un reconocido artista como Fernando Mayoral nos dé a conocer al conjunto de la sociedad zamorana su obra» en un marco como la iglesia de la Encarnación «un templo desafectado que dice mucho de lo que es esta Institución, 200 años de vida y de historia». Por su parte Fernando Mayoral destacó que «lo importantes es que las obras hablen». «Soy de una generación que no entiende de elementos modernos planos que te brindan la oportunidad de fotos y de hablar con Inglaterra gracias a los dedos con los que también realizas esculturas, en las que dejas una importa que no ven a veces la gente salvo los que son muy aficionados o muy locos, como los artistas». «Lo bonito del arte es que no tiene límites». «El arte aporta en el ser humano una alegría interna que no se ve, pero que aporta educación», subrayó.

Un hombre contempla algunos de los óleos y la figura de Juan Pablo II. / Foto Emilio Fraile
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