Los protagonistas charlan sobre el suceso. | Jose Luis Fernández

Javier Montero y José Navas, en la Comisaría de Zamora. | L. O. Z.

Nos se consideran héroes, pero así les han nombrado los ciudadanos a pie del río. Y en las redes sociales. En apenas diez minutos, los policías nacionales José Navas y Javier Montero lograban ayer salvar la vida de una mujer que se precipitó al río Duero desde la mitad del puente nuevo de la autovía A-62, a una altura de unos 13 metros. Eran las 10.00 horas y la Policía Nacional había llegado justo a tiempo para evitar un fatal desenlace. Navas y otro compañero lograron conversar con la mujer, ya junto a la barandilla, pero “solo manifestaba dejadme que quiero morir”. Intento entretenerla”, recuerda Navas. Una estrategia que pretendía dar tiempo al otro policía para ir “colocándose detrás e intenta agarrarla”. En ese momento se gira y le ve. Y ocurre: “se arrojó al río”. Los dos agentes ven cómo cae, se hunde y, a los pocos segundos, sale a flote. Navas no lo piensa dos veces, “me quito el cinturón, el equipo, los pantalones, las botas y me tiro”. Mientras, su compañero busca el kit de supervivencia acuático que llevan en los coches zeta y “me lo lanza”. Navas coge el flotador y se dirige hacia la mujer, que “colabora al principio, se deja agarrar”. Trata de sacarla “poco a poco hacia la orilla”, pero llega un momento en el que le dice “déjame, déjame, que me quiero morir”. Comienza la resistencia. La mujer focaliza todas sus fuerzas en tirar hacia abajo para hundirse y poner fin a su vida. Los intentos de Navas por tranquilizarla son inútiles, no logra que se agarre al flotador. “Ese fue el peor momento, sientes una presión muy fuerte, estás en mitad del río y te ves solo por los dos lados del río, no hay nadie. Estás nadando, intentando flotar y ella solo quiere meterse hacia abajo”.

Al menos, han transcurrido seis minutos agotadores para el agente, que logra tranquilizarla. Casi al mismo tiempo, llega un grupo de canoístas menores de edad, a los que ha avisado el coche patrulla en el que llegó el policía Montero. Este se dirigió a la azuda, se quitó el uniforme y entró al Duero para llegar nadando al lado de su compañero. La zona es profunda, explica, “la corriente ahí es muy fuerte y arrastra grava”, por eso hay una especie de hoyo que complica más el rescate.

La aparición de Montero fue un alivio. Navas “estaba ya exhausto porque no soy un gran nadador ” como él. De hecho, ante la determinación de la mujer de tirar hacia abajo, aquel policía, un experto socorrista, decide bucear por debajo de la mujer “para agarrarla e impulsarla hacia arriba”, pero la maniobra era imposible por la falta de colaboración de la mujer, que pesaba. Hasta una de las canoas acabó volcada. Montero llegó desde la avenida Cardenal Cisneros con su coche patrulla justo en el momento en que la zamorana caía del puente. Vio cómo Navas la cogía y trataba de llevarla a la orilla con el flotador, “tiré para los Tres Árboles, estaba a 50 metros de ellos. Cuando les alcanzo, ella solo decía “me quiero morir, me quiero morir”, y se tiraba para abajo”. La ayuda de los canoístas, que se colocaron en diagonal, fue decisiva, para arrastrarla a la orilla, donde los bomberos tenían ya la zodiac para sacarla del río. La mujer se lesionó en la pelvis. Una ambulancia del 1 1 2 se ocupó del traslado al servicio de urgencias del Virgen de la Concha. Montero no se siente un héroe, “es mi trabajo, el más bonito que hay. Salgo cada día orgulloso a trabajar”.