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Laura Rivero

Detrás de un gran hombre…

Irene Montero ha sido objeto de los peores ataques machistas de la sociedad solo por ser mujer

La ministra de Igualdad, Irene Montero Fernando Sánchez - Europa Press

Casi todas las personas –al menos de cierta edad- sabemos acabar el dicho con el que, desde el buenismo cargado de mejores intenciones, se pretende justificar que existan más grandes hombres que mujeres grandes, a la vez que se halaga por un lado y se relega por otro a la mujer al segundo plano social. Eso sí, siempre considerando a la mujer imprescindible para el éxito del gran hombre: desde la madre que le parió y le amamantó, hasta las mujeres que a lo largo de su vida le han hecho la comida y lavado la ropa para que luciera como el gran hombre que un hombre puede llegar a ser… si tiene una mujer o varias detrás.

Pese a que la reflexión anterior parece cargada de dureza, no es ni mucho menos de los peores dichos y pensamientos culturales sobre la mujer. De hecho hay muchos más extendidos sobre la lengua de las mujeres, por ejemplo en el refranero tradicional: “Truchas y mujeres, por la boca se pierden”, “Donde hay barbas, callen faldas”. O en la cultura actual, como la canción de Sabina cuando era de izquierdas: “Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta”. Y aunque personalmente yo me identifico con esa descripción –orgullo de mi gente, no callarme y piernas para sujetar las convicciones o correr si hace falta-, algo se ha avanzado porque tuvo su réplica: “(…) que a mí, sin embargo, sus famosos 19 días y 500 noches, se me hicieron largos.”

Este ejemplo nos demuestra que tanto en la cultura tradicional como en la actual se mantienen los sesgos machistas o de género sobre la mujer, aunque han evolucionado desde la lengua viperina “por la que te pierdes” a la lengua muy larga, y desde que “callen las faldas” al “calladita estás más guapa”, que nos han dicho tantas veces.

¡Claro que se ha evolucionado! Pero insisto en que se mantienen los dichos machistas que perviven de una manera más sutil. Seguramente ya nadie defiende abiertamente “a la mujer con la pata quebrada y en casa”, salvo estos vicepresidentes carpetovetónicos que andan por nuestra región castellana y leonesa echándonos la culpa a las mujeres de la despoblación de esta tierra. Pero ¿quién no ha pensado alguna vez “mujer tenía que ser” cuando una mujer hace la misma tontería que cualquier hombre hace a diario?

Por eso la primera parte del dicho de este artículo no es el peor dicho machista, aunque no sea bueno. Por justificar esta frase tan popular, lo cierto es que me ha recordado en parte al poema de Bertolt Brecht cuando habla de los grandes hombres de la historia, que son los que se llevan los méritos. Y de quiénes los hicieron posibles en realidad: “César venció a los galos ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?”. (Que seguramente sería cocinera, o sea: ¡mujer tenía que ser!).

Tras intentar demostrar que se mantiene la desigualdad y el sesgo negativo de género hacia las mujeres -por más que intente negarse- , y sobre todo que esta forma de ver a la mujer acaba teniendo consecuencias tan graves como la violencia de género, si volvemos al refranero y a la actualidad política y social, donde el primero dice: “Cuando la mujer es famosa, casi siempre lo es por mala cosa”, la actualidad lo confirma.

Y así han pasado en estos días a la fama y a la más rabiosa actualidad –en el sentido literal de la rabia- dos mujeres que representan a la ciudadanía en el Parlamento: a Irene Montero por sacar adelante con muchas más personas responsables la “ley del sí es sí”; y a Carla Toscano que ha armado la de vox –no la de dios- insultando a la primera cuando dijo que “su único mérito ha sido estudiar en profundidad a Pablo Iglesias”. (Por si no lo saben, hay que aclarar que no se refiere al histórico socialista, sino a su marido, al de Irene).

Carla Toscano: ¿Quién es el hombre o el marido que la ha catapultado a usted a la fama? ¿Por qué no ha seguido siendo una mujer detrás de un gran hombre como exige la ideología de su partido?

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Porque en la forma y en el fondo lo que está diciendo es que Irene Montero es la ministra de un Gobierno que ha impulsado la ley que aclara que no oponerse a una violación con uñas y dientes es violencia si no das tu consentimiento; y que si no dices “sí” aunque ni te salga de tus labios un “¡noooooo!” por miedo o por conmoción, estás sufriendo una agresión sexual. Pero que su trabajo no vale nada porque el puesto lo ha conseguido gracias a su marido y no gracias a su trabajo. Y que en el fondo debería haberse limitado a ser la mujer que está detrás de un gran hombre.

Desde la profunda discrepancia política dentro de la izquierda que tengo con Podemos desde que surgió, y con sus grandes o pequeños hombres y sus grandes o pequeñas mujeres, lo que ha dicho una mujer contra mujer -Toscano contra Montero- es una vergüenza de Carla contra Irene y para todas las mujeres.

Porque cuando una mujer es famosa, -volvemos al refranero- casi siempre lo es por mala cosa. Y entonces Sra. Toscano, usted que se ha hecho famosa con la mala cosa de sus insultos a Irene Montero: ¿Por qué duda de sus méritos? ¿Quién es el hombre o el marido que la ha catapultado a usted a la fama? ¿Por qué no ha seguido siendo una mujer detrás de un gran hombre como exige la ideología de su partido?

Una mujer del nada sospechoso occidente civilizado y del menos aún de la publicidad, lo ha explicado con una sencilla frase que he encontrado en las redes sociales porque no la conocía. Decía Lois Wyse desde su experiencia: “A los hombres se les enseña a disculparse por sus debilidades, a las mujeres por sus capacidades.” Mira niña, no destaques, porque “una buena esposa, siempre conoce su sitio.”

Afortunadamente, se va avanzando en igualdad. Y los hechos lo demuestran. Tras decidir el título de este escrito le he preguntado a un joven compañero de izquierda unida que completara el dicho “Detrás de un gran hombre”, y me ha respondido lo siguiente: primero, “una sonrisa”; segundo, otro “hombre”. Y una compañera menos joven, me ha dicho: “una gran familia”. Mi gente más querida lo tiene claro.

Este escrito es de empatía y solidaridad con todas las mujeres que, como ahora Irene Montero, han sido objeto de los peores ataques machistas de la sociedad sólo por ser mujer. Y por no estar detrás de un gran hombre. Y con los hombres feministas que cantan como Miguel Gane: “No, calladita no estás más guapa. Tú eres preciosa cuando luchas. Cuando peleas por lo tuyo. Cuando no te callas, y tus palabras muerden. Cuando abres la boca y todo arde a tu alrededor.”

Porque al lado y no detrás de un gran hombre o de una gran mujer, lo que hay es muchos compañeros y compañeras que con su trabajo lo han hecho posible: una sonrisa, otro hombre, otra mujer, una gran familia… y todos los que se han agrupado en la lucha final del género humano que incluye a todas las mujeres y a los parias de la tierra.

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