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La Opinión de Zamora

Manuel Antón.

No entiendo cómo un fatuo puede llamar tanto la atención

El tal Escalona es un youtuber que, aprovechándose de su popularidad, va por ahí “haciendo favores...”, o sea, “perdonando vidas”

Borja Escalona en uno de los vídeos que compartió esta mañana para hablar sobre el episodio de la empanadilla en Vigo.

Llevo varios días oyendo hablar de un tal Borja Escalona y, como lo que dicen de él me parece tan inaudito, he pensado que, aunque ya deben ser pocos los que no sepan de qué va, podría ser interesante contarlo.

Al parecer, el tal Escalona es un youtuber (persona que se dedica a crear contenidos audiovisuales que promociona a través de su propio canal de la plataforma You Tube -creo que es así-) que, aprovechándose de su popularidad, va por ahí “haciendo favores...”, o sea, “perdonando vidas”. Me explico:

Según he visto y escuchado hasta la saciedad, porque sus “hazañas” han salido en muchos medios de comunicación, e incluso han sido objeto de debate en varias tertulias radiofónicas y televisivas…, el mérito de este personaje es ir por la vida “echándole un morro que se lo pisa” lo que, curiosamente, le ha granjeado multitud de seguidores en las redes sociales.

Una de sus actuaciones (no sé si está bien empleado el término) tuvo lugar hace unos días en Vigo, ciudad en la que se encontraba paseando por sus calles el ínclito bufón (por lo que se de él, a mi es lo que me sugiere), cuando decidió entrar en un popular establecimiento de hostelería, “A Tapa do Barril”, muy conocido entre los vigueses por la calidad de sus empanadillas, y tras charlar un rato con quien estaba al otro lado de la barra -supongo, para darse a conocer- le pidió un trozo de empanada y se lo comió, según se ha difundido, exclamando a continuación: “esta masa es un espectáculo”.

Todo iba bien hasta que, llegado el momento de abonar la tapa, el youtuber se negó a pagar la consumición aduciendo que: “yo solo como cosas gratis” porque me dedico a promocionar los establecimientos en los que entro, colgando en mi canal de You Tube las escenas que en ellos protagonizo, y esa es una publicidad que “no tiene precio”.

La persona que atendió al hoy archifamoso youtuber le hizo saber que no era la dueña del establecimiento en cuestión, sino una empleada, y, en consecuencia, no estaba autorizada a regalarle nada; así que, tenía que abonar el importe de lo consumido… Debieron intercambiarse calificativos no reproducibles pero, al final, al “señor” Escalona no le quedó más remedio que abonar la consumición ante la insistencia de la empleada de “A Tapa do Barril”, que, lógicamente, le amenazó con denunciarlo.

La información que ha salido a la luz es diversa, pero lo que sí parece cierto es que, al abandonar el establecimiento, Borja Escalona hizo saber a quién le había atendido que recibiría una factura de 2.500 euros por la promoción que había hecho de sus empanadillas.

Estarán ustedes conmigo en que la cosa parece de chiste, aunque es verdad.

Afortunadamente, dado el revuelo que ha levantado la actuación del youtuber, influencer, o lo que sea el desvergonzado “caballero” con el asunto de la empanada que quiso comerse gratis en Vigo, YouTube le ha cerrado su canal, y de ahora en adelante, imagino, el más que cara dura y espabilao Escalona tendrá que inventarse otro modus vivendi, si es que quiere seguir comiendo empanadas, o empanadillas.

A este humilde escribidor, que no es habitual consumidor de las redes sociales, visto lo visto ya no le sorprende casi nada. Por eso prefiere seguir su camino antes que convertirse en uno más de los muchos millones de adictos que ya han caído en las “telas de araña” que tejen los más avispados de la clase, que hoy, por obra y gracia de la incauta sociedad en que vivimos, son todos multimillonarios .

En cuanto pueda intentaré ponerme al día para, al menos, saber diferenciar a un youtuber de un influencer, a un coach de un bloguero, o a un instagramer de una celébrity, por ejemplo, pues hoy no vas a ningún sitio si solo sabes distinguir entre un médico, un abogado, un profesor o un ingeniero…

Será que me estoy haciendo mayor.

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