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La Opinión de Zamora

Carmen Ferreras

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Carmen Ferreras

La razón de don José

Argusino está vivo y presente en las vidas de sus descendientes

Antiguo cementerio de Argusino.

Leo con atención e interés el artículo remitido a nuestro periódico por don José Martín Barrigós. El titular desvela, en cierta medida, por donde va el contenido. “La Presa/Embalse de Argusino de Sayago, que no de Almendra”. Y como todo lo que sobre Argusino y los argusinejos cae en mis manos, lo devoro, en esta ocasión no iba a ser menos. Empiezo por decir que estoy totalmente de acuerdo con don José en exigir, que no pedir, ya no hacen caso a las peticiones, que la Presa/Embalse cambie de nombre al grito de ¡ya! Hay que honrar como merece el recuerdo de un pueblo que se vio despoblado no por la emigración, ni por la falta de nacimientos. Se vio despoblado y destruido por ‘imperativo legal’, para dejar que las aguas de un pretendido progreso, inundaron el pasado, el presente y el futuro de sus habitantes.

Argusino está vivo y presente en sus vidas, no solo cuando descienden las aguas de un embalse que en su entraña guarda muchas historias colectivas e individuales

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No han podido con ellos. Argusino está vivo y presente en sus vidas, no solo cuando descienden las aguas de un embalse que en su entraña guarda muchas historias colectivas e individuales y las piedras de lo que, en otro tiempo, fueron los hogares de sus habitantes. Argusino está presente en cada acción, en cada iniciativa, deportiva o cultural, de las muchas que se celebran a lo largo del año para que la memoria de la localidad siga viva en sus habitantes y en los hijos de estos. Eso es también memoria histórica y no se le puede dar la espalda. Son muchas las personas implicadas, son muchas las personas, como don José, dispuestas a que Argusino permanezca vivo. En eso, mi querida Consuelo Pardal es un ejemplo digno de encomio.

Estimo que, todos unidos, servidora también se suma, podría pedirse el cambio de nombre para esa presa que no puede llamarse de otra manera. Poco cabe esperar de los políticos, de las autoridades, que bien podrían avalar esta petición acertada, sensata y necesaria. Zamora, entendiendo por tal la capital y la provincia, ha perdido más que ganado a lo largo de los años. La pereza y la desidia de políticos y autoridades no pueden seguir constituyendo un lastre para conseguir nuestros logros, para avanzar, para de verdad entrar en el progreso que no consiste en ahogar o secar nuestros pueblos.

Son muchas las aguas “homicidas”, como las llama don José, que han engullido pueblos enteros, que han cortado de raíz su devenir, que no han proporcionado a Zamora nada de lo que se nos dijo o se nos prometió. La razón de don José es la razón de Argusino y los argusinejos que se resisten a ser olvidados.

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