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Amador Pérez

La Gaya

Amador Pérez

Los niños que cantan ganarán la guerra

El 2022 no es el final del pueblo ucraniano, sino el principio

Mujeres y niños ucranianos se esconden de los ataques rusos.

En el mismo momento en que oí cantar a Amelia, esa niña de 7 u 8 años, en el túnel del metro de Kiev supe que los rusos iban a perder la guerra, los niños que cantan forman el Ejército que nunca ha sido vencido por los ejércitos con tanques. La gloria del mundo entero son los niños y si catan son invencibles.

Con la llegada a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica de, James Carter, en 1977, varios grupos de jóvenes artistas cubanos pudieron viajar al país cuya entrada le había sido prohibida en 1962 por John F. Kennedy. Demostraron que, aunque de manera lenta, la revolución castrista no había podido acabar con la producción artística cubana. Entre los del grupo estaba el gran artista de franca sonrisa y ademanes lentos, “Chucho Valdés”. Ese tipo que compuso la melodía “De Alto Cedro voy para Marcané/ Después de Cueto voy para Mayarí”. Chucho Valdés dice: “me han aplaudido lo mismo príncipes en sus palacios que mendigos en la calle”. Eso es conquistar el mundo, dominarlo es otra cosa y hasta ahora nadie lo ha conseguido.

Alguno de los artistas del antiguo grupo como Juan Formell dice: “En el extranjero me han ofrecido, dinero, villas y un mercado inmenso, pero me exigen que deje Cuba y eso no lo puedo cambiar por nada”. Chucho, Formell, José Luis Cortés y otros artistas cubanos han luchado contra la “Revolución castrista” más que todos los Presidentes de los EE. UU. De Norteamérica desde Kennedy, tan solo con las únicas armas que tienen. Su talento artístico.

¡Querida niña Amelia! Estoy ensayando una canción que se titula Patria, hay un verso que dice “yo quiero en mi Patria vivir”, el día que la cante, no sé dónde estarás. En mi corazón, seguro

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Me gustaría decirte, Amelia, que me siento feliz de unirme a ti hoy, a vosotros y a esos músicos, que mientras los días son interrumpidos por cañonazos y las noches por cenizas, interpretáis himnos de paz en una plaza pública con instrumentos de música tan opuestos a los tanques, pero los vencerán. No, no, no estoy feliz, porque hay una guerra, nadie lo está mientras caigan bombas que obliguen a los niños como tú a cantar en un túnel del metro. Pero a pesar de todo son días jubilosos porque pasarán a la historia como la mayor manifestación mundial de solidaridad por la libertad de un pueblo.

A los militares nos gusta estudiar la historia, el 2022 no es el final del pueblo ucraniano, sino el principio. Y quienes crean que al ejército de ciudadanos y de niños que cantan los van a dominar, le decimos que están equivocados. El ejército de ciudadanos desarmados no ha sido jamás vencido. Desde Ciro el Grande en el siglo VI antes de nuestra Era, los niños, las mujeres y los ancianos, han sido los que siempre han sufrido en mayor proporción, que el resto de la humanidad, los que han padecido con más saña todas las tormentas de las persecuciones y la brutalidad, pero, con su aparente debilidad desde los guetos y los suburbios vencieron hasta a las SS de Hitler. Claro que pagaron un precio muy alto. En 1933 Stalin decretó la confiscación del granero ucraniano, impuso la rusificación y prohibió el idioma ucraniano, la hambruna que surgió mató, entre uno y medio y tres millones de personas, la mayoría niños. Las SS cuando entraban en las aldeas y no encontraban niños judíos ahorcaban a los campesinos cosacos en las plazas donde pocos días antes se elevaban estatuas de Lenin o de Stalin, porque sospechaban que los ocultaban.

Barricadas con libros

La barricada con libros de un escritor ucraniano me ha recordado que también las SS fusilaban a los aldeanos que sabían leer porque los consideraban más peligrosos que los analfabetos y los perseguían por entre los campos de girasoles. El otro día cuando vi la imagen del niño ucraniano huyendo a ninguna parte con una bolsa en una mano con un peluche, se me representó inmediatamente la viva imagen de la niña vietnamita con el cuerpo abrasado por el napalm en otra guerra decretada por otros bárbaros como Putin, que también ganaron los niños con armas de peluche ¿sabéis una cosa? Las batallas las ganan siempre los más brutos, las guerras las ganan los inteligentes.

¡Querida niña Amelia! Estoy ensayando una canción que se titula Patria, hay un verso que dice “yo quiero en mi Patria vivir”, el día que la cante, no sé dónde estarás. En mi corazón, seguro.

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