Es de la única forma que me puedo dirigir al hoy flamante general de Brigada de la Guardia Civil, Antonio Rodríguez-Medel Nieto. Su relativamente reciente ascenso no me pilló por sorpresa. Lo esperaba hace tiempo. La suya es una carrera imparable en la que ya solo le quedan por superar dos escalafones, general de división y teniente general. A sus 59 años y en base a su trayectoria profesional, sin olvidar la humana que lo convierte en una persona excepcional, a buen seguro que el general Rodríguez-Medel seguirá en esa carrera ascendente.

De casta le viene a quien es hijo de coronel, sobrino de general y nieto de comandante de la Benemérita por la que transita, tras su paso por la Academia General Militar, cuando en 1988 fue promovido a teniente del Instituto armado. El general Rodríguez-Medel es hombre tremendamente trabajador, lúcido, brillante y concienzudo, una persona de ley y orden, siempre presto a desarrollar su trabajo de forma abnegada y exigente. Lo es consigo mismo. Antonio ha hecho de la máxima divisa del Cuerpo, el honor, el lema de su bandera.

Del nuevo general de Brigada de la Guardia Civil, me ha cautivado su campechanía y su cercanía, su conversación siempre agradable, su amor y su pasión por la Guardia Civil, que comparto plenamente, su apego a la familia y a la tierra, la que le vio nacer, Málaga, y esta Zamora por la que pasó dejando huella como jefe de la Comandancia. Y porque de Zamora es su más preciado tesoro, Montse, su esposa. Repasando su trayectoria de largo recorrido, en todos los destinos que ha ocupado ha conseguido dejar su impronta. El Grupo Antiterrorista Rural de Logroño, en el Servicio de Información en Guipúzcoa, el Servicio Marítimo en Huelva, la comandancia de Jaén, casi siete años en la de Zamora, y la Academia de Suboficiales de la Guardia Civil, en El Escorial que ocupó antes de ser nombrado máximo responsable de la Comandancia de Málaga.

Siento un especial cariño, trufado de respeto y admiración, por Antonio Rodríguez-Medel. Cariño que también le profesaban, en grado sumo, mis padres, en especial mi progenitor. Se lo ganó por el corazón de forma inteligente, amable, cercana. Como es el propio Antonio. Los dos vistieron y visten, con honra, el uniforme de la Guardia Civil. Los dos hicieron y hacen camino al andar por la historia de una institución consagrada al servicio de los ciudadanos.

A pesar de las semanas transcurridas desde su nombramiento, no es tarde para hacerle llegar estas consideraciones, por esta vía que bien conoce. Con orgullo y satisfacción dejo constancia de mi afecto, mi General.