10 de febrero de 2019
10.02.2019
Buena jera

El relator que relata felones

Jamás unas palabras, casi en desuso, se habían puesto tan de moda en pocas horas

09.02.2019 | 20:38

-¿Y usted a qué se dedica, joven?

-Soy relator.

-Vaya, vaya, muy interesante, pero eso ¿con qué se come?

-Pues, es como si fuera un mediador o un hombre bueno o un pacificador, en fin, un árbitro para líos muy liados.

-Ah, un árbitro. ¿Y usan ustedes, como en el fútbol, el VAR para las jugadas conflictivas.

-De momento, no, pero todo se andará.

-¿Y tiene usted mucho trabajo?, ¿da eso del relator para vivir?

-Bueno, para ir tirando y mal. Ahora tenía grandes expectativas, no sé si ha enterado usted de lo de Cataluña, pero la cosa se ha torcido a última hora y aquí estoy compuesto y sin novia.

-Pues, tírele los tejos a Carmen Calvo.

-Ya es tarde; se ha comprometido con Torra.

-Una pena, que tenga usted mucha suerte, que la va a necesitar.

-Gracias, voy a ver si sello la cartilla del paro y si ha llegado alguna oferta de trabajo para relatores experimentados.

Ya ven: el pobre relator se ha quedado sin empleo cuando todo apuntaba a que, a la vista de la gravedad del problema, iba a tener currelo para años. Se hizo falsas ilusiones, quizás por desconocer cómo se las gastan los nacionalismos, de allí, de aquí, de cualquier sitio. Bastó que el líder del PSC, señor Iceta, dijera sin casi decir algo sobre el asunto en una emisora catalana para que todo se desbordara. En uno de esos monólogos suyos tan particulares, la vicepresidenta del Gobierno, lo confirmó. Después, miembros de la Generalitat, de la ex CiU, que ya no sé cómo se llama, y de ERC se lanzaron a reivindicar ("y dos huevos duros", bramaba Puigdemont desde Waterloo) todo lo reivindicable.

-¿Algo más, molt honorable?, le preguntaba el leguleyo a don Torra.

-Sí, que el Barça gane la Champions cinco años seguidos; que el Espanyol baje a Segunda; que el Girona juegue la UEFA; que el Ebro nazca en Lérida y solo pase por Catalunya y que trasladen Madrit a Senegal para que la presida Lluis Llach. De momento, vale; ya se me ocurrirán más cosas.

Y en estas entró Pablo Casado como un torbellino en la sede nacional del PP. Iba tan encendido que se cargó el único ordenador de la era Bárcenas que quedaba en buen uso.

-A ver: necesito una palabra fuerte, recia, contundente que defina para siempre a Pedro Sánchez. Y que suene a castellano viejo, a Edad Media, a esa Reconquista que vamos a emprender en cuanto arreglemos lo de la caja B.

-Felón, dijo Dolores de Cospedal que seguía por allí recogiendo sus cosas.

Todos se quedaron anonadados, en éxtasis como si fuera Pentecostés y hubieran descendido lenguas de fuego traídas por el Espíritu Santo. Hubo suspiros, lágrimas, abrazos, triduos de acción de gracias.

-Patentad la palabra, que no se nos adelanten ni Ciudadanos ni Vox, que son muy de copiar la esencia patriótica, ordenó Casado, que también pidió que la palabra fuera enviada a todos los cargos y miembros del partido que tuvieran que valorar en los minutos siguientes lo del relator. Y así empezó a sonar "felón" por tierra, mar y aire. Era como un bombardeo indiscriminado "felón, felón, felón". Rivera y Abascal buscaron en el diccionario palabras similares, gruesas, leñeras, para atacar a Sánchez. No las encontraron. Se tuvieron que conformar con nimiedades: traidor, vendepatrias, inútil?Solo les faltó llamarle individuo.

Estábamos ya en la tormenta perfecta. Torra y sus mariachis apretando y apretando (nada de relato; mediador y, si puede ser, internacional o de Marte); Carmen Calvo enredando la madeja cada vez que intentaba explicarse; el trío "La, la, la" cantando 155 futuros desastres y convocando una manifestación en la que ninguno va a hablar (o eso dicen) por si acaso saltan chispas entre ellos y hay que trocear la Patria. Si Sánchez me hiciera caso, convocaría las elecciones a las once del domingo; a ver qué pasaba. Igual tenían que pagar el autobús los que se desplazaron a Madrid desde provincias.

Y en esas estamos. Con la situación cambiando cada segundo y con todos el mundo (o casi) cabreado. Y el que no se cabree es un felón sin perdón de Dios. Y el pobre relator haciendo cola en las oficinas del paro. Si es que no hay justicia en este mundo, no señor.

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