07 de agosto de 2017
07.08.2017

No llegó

Algunas vías del tren no conducen a lugar alguno

07.08.2017 | 00:11
No llegó

P arece que si coges las vías del tren y comienzas a andar, tienes que llegar a alguna parte. Debió de ser lo que pensó Lucía Vivar, la niña de tres años desaparecida el 26 de julio en Pizarra (Málaga), y hallada muerta luego. Una cámara la grabó andando por la vía, intentando, seguramente, alcanzar una traviesa sin haber despegado el pie de la anterior. Las vías del tren dan mucho juego a la imaginación. Recuerdo haber fantaseado de niño con ellas. Yo caminaba mucho (aún no he parado) y agradecía cualquier cosa que indicara la posibilidad de un recorrido. Me habían marcado las miguitas de pan del cuento de Pulgarcito y llevaba siempre piedras en los bolsillos, por si acaso (todavía las llevo). Fue un mazazo escuchar la expresión vía muerta. Significaba que algunas vías no conducían a lugar alguno. Si al principio solo eran los trenes los que entraban en vía muerta, más tarde fueron las vidas y los proyectos. Cuando una novela entraba en vía muerta, significaba que se había podrido. A veces pasaban años hasta que eras capaz de dar marcha atrás, sacarla de ese callejón sin salida y emprender con ella un trayecto nuevo.

"Callejón sin salida" fue otro mazazo. La idea de que algunas calles morían sin desembocar en otras resultaba difícil de aceptar. Había también vidas y proyectos y novelas que entraban en callejones sin salida, perdiéndose en la oscuridad de su fondo. Por eso nos han conmovido tanto la noticia de Lucía Vivar. Al principio caminaría a ciegas, como se comienzan muchos poemas, sin saber adónde la llevaban sus piernas. Quizá sintió un poco de miedo hasta que descubrió las vías del tren. Con tres años ya se sabe que conducen a algún sitio porque todavía no se ha escuchado la expresión "vía muerta". Debió de ser un alivio para la pequeña. Ahora solo faltaba no abandonar su huella. Probablemente estaba segura de que la conducirían a donde había dejado a sus padres. Quiere uno pensar que se encontraba tan segura que quizá jugara a saltar de una traviesa a otra. Y cuando se cansó, se echó a dormir allí mismo, para no extraviarse de nuevo, de forma que cuando despertara pudiera continuar la ruta que la devolvía a casa. Por fortuna para ella, murió sin enterarse de que no había llegado.

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