02 de febrero de 2017
02.02.2017

Ética en el territorio del lobo

Los expertos recomiendan a quienes se acercan a la Culebra para observar al cánido un comportamiento respetuoso con la fauna, con las propiedades y la gente

04.02.2017 | 03:13
Un grupo de jóvenes en una reciente visita a la Culebra para observar el lobo.

La observación de la fauna silvestre es hoy día una confrontación tal de intereses, de anarquía y hasta de malos comportamientos que no faltan las denuncias, los insultos y hasta los intentos de peleas en medio del campo, prácticamente a la vista de los lobos y de los ciervos. "En la sierra de La Culebra se montan unos cuantos pollos" expresa uno de los responsables de una empresa de la naturaleza.

En esta meca del lobo confluyen personas que esperan echando un cigarro tras otro, otros que van acompañados de perros, otros que mandan callar y guardar el más absoluto silencio, otros que consideran que deben explicarse los acontecimientos. "Hay problemas infinitos".

Sin embargo, fuentes de la Guardería Medioambiental también destacan que a la Culebra se acercan personas que "preguntan qué se puede ver", o que no causan problema alguno y se avienen a la sensatez.

Aunque nadie desea la guerra, se aboga por una regulación que ponga orden a las cosas o "al manga por hombro" que se estila en el espacio protegido zamorano, especialmente en el núcleo o entorno de Villardeciervos, que es como el imán del turismo lupino.

El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha elaborado un "Manual de Buenas Prácticas para la Observación de Oso, Lobo y Lince en España" con el que marca unas pautas que pretenden poner un cierto orden en un turismo de la naturaleza "que ha experimentado un gran desarrollo en los últimos años", y cuyas repercusiones socioeconómicas "pueden revertir en el territorio".

Cacería en Ferreras

El Ministerio considera necesario el desarrollo de una gestión de este tipo de turismo basado "en un modelo sostenible y que evite los efectos negativos sobre la conservación de la biodiversidad y que evite el medio natural". Estas buenas prácticas fueron presentadas a la Comisión Estatal del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad en julio de 2015.

Uno de los consejos es que el personal interesado en ver al predador no vaya con perros de compañía porque "pueden perturbar la fauna silvestre, el ganado u ocasionar situaciones de riesgo potencial". Además, "los perros sueltos en zonas con presencia de lobo pueden ser atacados" al decir de los redactores del Manual. En la Reserva de Caza es una prohibición plasmada en las autorizaciones, pero que cumplen quienes se avienen a la solicitud, de modo que no han faltado observaciones con personas llegadas por libre con un perro que abre los ojos, si la dicha es buena, más que nadie.

Algunas buenas prácticas del Manual quedan grandes en una zona donde no hay una norma legal de aplicación "que respetar" ni unos usos permitidos o prohibidos a los que "prestar atención". Es un escenario para hacer uso del sentido común. La recomendación es, "dada la complejidad de la observación de estas especies, contar con la mediación de empresas y guías profesionales para el buen desarrollo de la actividad y lograr que la experiencia sea grata para todas las personas". Sin embargo, el avistamiento del lobo, que es uno de los ases a los que aspiran los amantes de la naturaleza que eligen La Culebra, es casi un mito y tampoco la Administración parece "colaborar" a que su contemplación sea una realidad. La petición de no efectuar una cacería en la zona de Ferreras, donde un cánido satisfacía a los clientes con su presencia, fue desatendida y, según afirman, incluso se disparó a un predador pero sin éxito. Y es que, al margen de quienes tratan de conciliar los intereses, existe la sensación de que en la Reserva Regional de Caza de la Culebra "todo se pasa por el forro" desde la Administración, a quienes se ha reclamado una y otra vez la regulación. El Manual pone de relieve, y la realidad lo demuestra día tras día, que las personas "deben ser conscientes de las dificultades que entraña la observación" del lobo. Que no es llegar y besar el santo. Y incluso pide "honestidad" a las empresas que ofertan las actividades de avistamiento, "evitando crear excesivas expectativas que puedan llevar a la frustración o a comportamientos inadecuados". También se apunta que "las empresas especializadas deben respetar el régimen de propiedad y fomentar la contratación de personas con arraigo en el territorio".

Respecto a las distancias, se indica que "la adecuada es la que hace pasar desapercibido al observador ante el animal y le permite actuar conforme a su comportamiento natural". Parece idóneo ubicar la posición de avistamiento "en laderas opuestas o en lugares elevados con amplias vistas panorámicas que faciliten la detección, y descartar lugares próximos a la zona probable de avistamiento de la especie o enclaves donde se pueda cortar el paso natural de los animales".

Una vez situados en el punto de observación, el consejo es "integrarse como un elemento más del ecosistema, sin perturbarlo ni alterarlo". También es apropiado "comportarse adecuadamente y de modo cordial con otras personas que puedan estar en la zona, dar ejemplo de comportamientos éticos y, ante comportamientos inadecuados, comunicar la situación a los agentes medioambientales o personal de vigilancia". Esta buena comunicación choca, empero, con una guardería que en estos momentos mantiene las espadas en alto reivindicando mayor autoridad policial para ejercer sus cometidos, y para no verse en situaciones comprometidas con personas capaces de todo.

Redes sociales

En cuanto a encuentros fortuitos "a corta distancia" con lobos, los responsables del Manual ponen de relieve que "por su carácter discreto y huidizo, evitará en todo momento cualquier contacto con las personas". No obstante hacen referencia a encuentros con perros agresivos, "que es una situación de riesgo que se da con más frecuencia". En estos casos, lo apropiado "es retirarse con tranquilidad a un lugar seguro y, si se producen agresiones serias, notificarlo al Seprona o a los agentes medioambientales".

Los redactores del Manuel desaconsejan "compartir de un modo masivo información sobre la presencia de las especies en lugares concretos, especialmente a través de redes sociales, ya que pueden provocar un gran efecto llamada de otras personas con repercusiones negativas para las especies y para las propiedades".

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