Un zamorano con 496 cornadas

El cirujano taurino Enrique Crespo Rubio denuncia que la mitad de las 16 muertes por asta de toro de 2015 "se hubieran podido evitar"

30.04.2016 | 02:33
De la Riva, Marañón, Valdeón, Crespo Rubio y Mateo, en la Real Academia de Medicina de Valladolid.

Cuarta generación de una saga de cirujanos taurinos zamoranos que empezó su tío abuelo don Dacio y continuó entre otros su padre, Enrique Crespo Rubio acaba de pronunciar la conferencia de entrada en la Real Academia de Medicina de Valladolid que no podía versar sobre otra cosa que "Sobre las heridas por asta de toro". De eso sabe un rato, porque lleva casi medio millar operadas, algunas muy graves, como la sufrida por José Luis Bote, en Madrid, con la arteria femoral seccionada, otras muy famosas, como la de Francisco Rivera Ordóñez en Huesca, que dio la vuelta al mundo por la relevancia del personaje, y otras más "cotidianas", como las cuatro o cinco que en los diez últimos años ha tenido que ventilar en el Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo, con percances muy serios en los que han estado en juego la vida de otras tantas personas.

La de Crespo Rubio es otra óptica de la fiesta, y por eso denuncia que "el Reglamento de Festejos Taurinos de Castilla y León no está actualizado" como otros muchos de España, mientras los de comunidades como Castilla La Mancha o Madrid, sí exigen unos requisitos capaces de salvar la vida a una persona en caso de una cogida grave. "El pasado año murieron 16 personas por asta de toro y todas fueron en festejos populares. Además hubo una infinidad, cientos me atrevo a decir, de heridos que no fallecieron pero que han quedado con secuelas de por vida. Se puede mejorar la asistencia en festejos populares, pero lo que habría que hacer es cambiar algunos reglamentos taurinos de los festejos populares, por ejemplo el de Castilla y León no está actualizado, sinceramente así lo digo". Y pone un ejemplo, "si yo hubiera llevado sólo a Ciudad Rodrigo lo que me obliga el Reglamento esas cinco personas críticas hubieran muerto. Lo que pasa es que siempre vamos por encima".

Estas exigencias, es consciente, suponen un coste. "Saldría muy caro. Lo entiendo que saldría caro. Pero yo no soy el Ángel de la Guarda de los toreros, yo me responsabilizo de un equipo, solo no soy nada. Y cuando una persona muere también sale muy caro, económicamente y sobre todo moralmente. Salir a dar el parte a una familia de que un chico de 18 o 24 años está en estado crítico o puede perder la pierna es muy duro".

Crespo Rubio pide, además, que se afeite a las reses que protagonizan los festejos populares, para evitar heridas graves, no así a los toros de las corridas o novilladas profesionales.

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