Raquel de Sixte | Psicóloga

"La dislexia la sufre el niño, pero deben estar implicados tanto el colegio como la familia"

"Cuando se confirma un caso, el centro educativo debe tener sensibilidad ante esta dificultad del alumno"

19.03.2016 | 00:47
La psicóloga extremeña Raquel de Sixte.

Todavía desconocida por la gran mayoría y muchas veces mal relacionada con un simple retraso en el aprendizaje, la psicóloga Raquel de Sixte despejará esta tarde (paraninfo del Colegio Universitario, 20.00 horas) todas las dudas que las familias tienen acerca de la dislexia.

-¿Cómo percibe la sociedad la dislexia?

-Es una dificultad que al surgir a nivel académico y estar asociada con el ritmo de aprendizaje, se tiene la ingenua idea en la sociedad de que si el niño tiene dificultades para aprender a leer y escribir, solo es cuestión de maduración. No hay un conocimiento para tratar con una mayor sensibilización este tema y hay que seguir trabajando mucho, porque es una dificultad muy importante, que necesita una atención personalizada.

-¿Cuál es la reacción de los padres ante esta dificultad en sus hijos?

-Te encuentras desde padres que ya se lo imaginaban hasta otros que, aunque parecen comprenderlo, su cara demuestra que no entienden qué significa eso. La experiencia te suele demostrar que en estos casos los padres siguen esperando que el niño de repente sea capaz de hacer algo que realmente no puede. Por eso hay que trabajar mucho con ellos, porque también lo sufren. Y es fundamental informar a la sociedad y sensibilizarla sobre lo que efectivamente es la dislexia, porque en general tendemos a reajustar lo que es el problema en función de lo que tú puedes manejar. Estos niños tienen una dificultad específica para manejarse con el lenguaje escrito siempre, aunque a distintos niveles. Y asumir eso es muy complicado, ya que no se trata de una dificultad visual o motora que se puede apreciar a simple vista. La dislexia pasa desapercibida, porque como todos tenemos que aprender a leer y escribir, deducimos que simplemente es una cuestión de ritmo si no lo consigue.

-¿Es entonces un trabajo que aglutina a toda la familia?

-El problema lo tiene el niño, pero de él son partícipes tanto la familia como el centro educativo. Su dificultad para aprender a leer y escribir le afecta a nivel personal, por lo que los padres y el colegio también deben implicarse.

-¿Qué papel desempeña el educador?

-Su función tiene dos vertientes. Por un lado, aprender a detectarlo y después, saber derivar el caso para el diagnóstico y coordinación con los profesionales que lo van a tratar. Si realmente se confirma que es un caso de dislexia, se tiene que tener cierta sensibilidad a la hora de las realizar las tareas y la evaluación, ser sensible a esta dificultad del alumno para que vea que puede ser viable para afrontar con éxito esta dificultad.

-¿Existen medios suficientes en la actualidad para tratar a estos niños?

-Depende de cada caso. Algunos profesores, orientadores y familia van bien y aún así es difícil. En otros casos, el colegio no le da la importancia real que tiene el problema y no se adapta curricularmente. O la familia, paradójicamente, no ve lo que le pasa a su hijo.

-¿Qué consejo daría a los padres para afrontar que tienen un niño con dislexia en casa?

-Hay que saber que los niños con esta dificultad entienden que hay cosas que el resto puede hacer y ellos no, que escuchan a los mayores decir que quizá son un poco vagos o que solo hacen lo que verdaderamente les gusta. Y terminan pensando que son torpes o vagos. Hay que ayudarles a tener muy claro qué es lo que les pasa realmente. Y siempre con el apoyo de un profesional. Una vez que se tiene el diagnóstico, hay que darle a vuelta a la tortilla y trabajar a nivel motivacional. Los padres deberían tener experiencias positivas con la lectura y la escritura junto a ellos. Y eso pasa por entender lo que les ocurre y ajustar sus expectativas sobre cómo tienen que ir mejorando. Eso es muy difícil de hacer, porque supone aceptar que la evolución va a ser muy lenta y que no pasa nada si se equivocan. Hay que trabajar desde ahí.

-¿Qué opina de las asociaciones que, como Disfam Zamora, aglutinan a padres que comparten este problema de sus hijos?

- Las asociaciones son el motor del cambio en muchísimos de los problemas que tenemos como sociedad. Y un padre o madre que no sepa cómo actuar ante esta situación tiene a la asociación como núcleo, aunque solo sea para recogerlos desde la angustia o el desconocimiento que se tenga en ese primer momento. Alguien que te pueda ayudar es fundamental, porque este es un proceso a lo largo de la vida de un hijo.

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