09 de febrero de 2018
09.02.2018

De eméritos, pájaros y leyendas

Cuando uno llega a creerse Napoleón se encuentra con el derecho de autonombrarse cualquier cosa

09.02.2018 | 00:14
De eméritos, pájaros y leyendas

Cuando el diablo no sabe qué hacer con algo se tiene que entretener. Y ese refrán parecen habérselo tomado al pie de la letra los "indepe" catalanes, porque no hay día que no se les ocurra alguna argucia para tratar de burlar las leyes o hacerle una pedorreta al Gobierno, en definitiva, para tratar de incordiar en la marcha del Estado.

La última ocurrencia del ciudadano Puigdemont es la de ocupar el puesto de presidente emérito. Y es que, claro, cuando uno llega a creerse Napoleón o algo por el estilo, se encuentra en el derecho de autonombrarse cualquier cosa. Al fin y al cabo, eso de ser emérito está ahora de actualidad, así tenemos un papa emérito y un rey emérito, de manera que por qué no tener también un presidente de comunidad autónoma emérito.

El problema es que eso cuesta dinero, aunque los eméritos no tengan que justificar ni un céntimo de lo que gastan, ni tampoco dar un palo al agua, porque la "emeritez" podría decirse que es algo parecido a la jubilación, aunque mucho mejor remunerada, si bien, en el caso del catalán, no podría entenderse de ese modo, ya que es demasiado joven para dedicarse a vigilar las obras de las ramblas.

Para justificar el pastizal que costaría la broma de nombrar un emérito, los "indepe" posiblemente estén pensando que es la mejor forma de tener un presidente de la "república" en Bruselas, y un presidente "de la monarquía" en Barcelona. Así, de esa manera, no tendrían que renunciar a nada, y como, además, les sobra dinero del fondo del FLA, pues si hay que tener doble plantilla de consellers, pues se tiene, y si hay que viajar a Bruselas por la mañana para tomar decisiones, por la tarde, en Barcelona, pues se viaja, y a ser posible en business.

Aunque, todo sea dicho, los verdaderos culpables de que se les haya ocurrido tal agudeza son los ingleses, que, con esa manía de tratar a cuerpo de rey a los cuervos de la Torre de Londres, por aquello de que alguien dijo que mientras hubiera cuervos en la Torre habría monarquía en Inglaterra, les han sugerido la idea. De manera que, simplemente, aplicando un razonamiento análogo, el "ex" han llegado a la conclusión de que mientras haya un presidente emérito habrá "república" en Cataluña.

No se trata de comparar al "ex" de la Generalitat con los seis cuervos británicos de la Torre, ni mucho menos, pero lo cierto es que esos pajarracos viven estupendamente desde hace siglos, sin necesidad de echar un vuelo para procurarse el sustento, ya que solo se les exige dejarse fotografiar por los turistas. La única limitación reside en que, aunque quisieran volar no podrían hacerlo, ya que les cortan las plumas de vez en cuando, para que sus movimientos sean cortos y controlables. En el caso del "ex" no se sabe si le aplicarían alguna triquiñuela por el estilo para impedir que pudiera moverse a su antojo.

Todo parece encajar en una sintonía paralela, aunque exista una notable diferencia entre ambos casos, ya que los ingleses entienden que eso de los cuervos está inspirado en una leyenda, que no deja de ser una tradición sin más consecuencias, pero está por ver si los "indepe" piensan lo mismo de lo de Puigdemont, como tampoco si están dispuestos a que el "ex" se deje fotografiar por los turistas que viajen a Bruselas.

Una vez solucionada la "emeritez" de Puigdemont, solo quedaría por decidir el aspecto de los equivalentes a los beefeaters ingleses que cuidan de los cuervos. Quizás le estén dando vueltas sobre si dejarlos tal cual lucen ahora, o cambiarles el sombrero cilíndrico de seda, por un gorro frigio, que en Catalunya llaman barretina, para molar más en Bruselas.

De manera que, ante la posible proliferación de este nuevo tipo de empleo, el de emérito, las nuevas generaciones deberán ir pensando en abrirse camino en este oficio, preparándose en la universidad en tal especialidad que, sin duda, será enseñada en las facultades de políticas en cualquier momento.

Mientras eso llega, un gin tonic con beefeater, los sábados, después de cenar, que no nos los quite nadie.

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