11 de enero de 2018
11.01.2018

Una tarde perdida

A veces los planes se derrumban como esas torres más altas que han caído

11.01.2018 | 00:20
Una tarde perdida

El otro día se me escapó la tarde. Así, como el que no quiere la cosa, aunque en realidad sí la quería. La cosa. La cosa es que se me escapó. Se fue, se largó, evaporose. Adiós, tarde, que poco me duraste. Vino y no me dio tiempo a aprovecharla. A veces pasa, las cosas se marchan, como se marcha una tarde de invierno para la que uno había hecho planes. Planes que se derrumban, como esas torres más altas que han caído. Ignoro dónde ha ido esa tarde. Tal vez a los recuerdos. O al éter. Quizás a la nada. Al baúl de las tardes perdidas, que sin embargo no lo son porque han sido vividas. Contradicción.

No podré incorporar esa tarde al inicio de un cuento que diga: "recuerdo que aquella tarde". Básicamente porque no la recuerdo. Se me escapó, ya lo he dicho. Una mala tarde no la tiene cualquiera. Una buena tarde está al alcance de quien quiera, pero una tarde escapada, plis, plas, tarde de nada, vespertinismo errado no es cualquier cosa. Al menos me ha servido para hacer la columna, que suele ser para mí más una ocupación matinal, que no maquinal, salvo cuando se le va a uno el santo de la inspiración al cielo y no hay manera de que baje. Baja, hombre. Hombre, no: santo. La otra tarde vi llover, decía la canción. A mí, la tarde que se me fue era fría pero seca (¿o al no recordarla la estoy imaginando?) y la pasé alejado de afanes mundanos, de la calle y de los ventanales.

Es bueno estar cerca de los ventanales ya que por ellos te entra la vida y una persona sin vida, sobre todo si la persona es articulista, es un articulista anulado o sin vida. Un ojo de buey, o sea, esos ventanales redondos de los barcos, también vale. Por él entra más bien vida marina, pero vida al fin y al cabo. De hecho, la vida comenzó en el mar. Y nuestras vidas son los ríos, que van a dar a la mar, nos lo tiene dicho el poeta. No creo que pueda decir más vale tarde que nunca, dado que la tarde escapada es nada, o sea, equivale a nunca. Mañanita de niebla, tarde de paseo. "A mediodía, la sombra del hombre es encogida, pero cuando la tarde se adelanta entonces se agiganta", dicen en el campo. A las cinco de la tarde. Espero que la de hoy sea más fructífera, que pase la criba de la memoria aunque sea para engrosar las filas de los recuerdos melancólicos. Que son menos frecuentes por la mañana, más propicia a ensoñaciones o comienzo de alocadas empresas vitales para las que nunca debe ser tarde.

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