10 de enero de 2018
10.01.2018
Día tras día

Ir a Urgencias

La crisis se ha acabado, según Rajoy, pero no los recortes sanitarios

10.01.2018 | 00:04
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Un año más y como siempre ocurre por estas fechas, los servicios de urgencia de los hospitales públicos se han visto desbordados, poniendo de relieve el colapso del sistema social sanitario. Quejas y más quejas de los pacientes y sus familiares, que creen y con razón que faltan personal y medios, aunque no voluntad y esfuerzo por parte de los profesionales. Y quejas y denuncias, nuevamente, y que se repiten con gran frecuencia, de los sindicatos de los médicos, de las enfermeros, del resto del personal sanitario y de los funcionarios. No pueden seguir así las cosas, piensan y dicen todos. Pero siguen. Ante la incompetencia de los políticos y de los gestores que, como es habitual, miran para otro lado, porque a ellos no les afecta directamente, porque no tienen esos problemas dada su situación.

Ha ocurrido en prácticamente todos los centros públicos de la sanidad española, con salas de espera atiborradas, camas copadas, largas esperas, pasillos llenos de familiares, y nervios por parte de todos, como no podía ser de otra manera. En Castilla y León y por supuesto en Zamora, lo mismo que en todos los demás sitios, un pobre consuelo que no sirve a nadie. Cierto que el calendario, en esta ocasión, ha hecho aun más difícil la situación al formar largos puentes festivos, pero eso es algo que tenían que haber tenido en cuenta los directivos de Sacyl, y no lo han tenido como parecen no tenerlo nunca pues la saturación suele repetirse en otras épocas puntuales, casi siempre con varias fiestas por medio. Tamaña incapacidad de prevención inhabilita a estos dirigentes, que luego se refugian en los tópicos habituales, que no son sino una causa más para haber tomado medidas suficientes para agilizar la atención al público, como es el caso del repunte de la gripe, más que habitual por estas fechas, o el recurrir a echar la culpa a los pobres pacientes a los que se acusa de acudir a urgencias sin auténtica necesidad. Pero cada cual sabe lo que le pasa y el miedo es libre. Ahora parece que el Clínico ha abierto algunas camas cerradas y ha contratado persona de enfermería y auxiliares para tratar de paliar la situación que continúa sin alcanzar los niveles exigibles. En la sanidad privada, la espera media en urgencias es de media hora, y aquí nadie se libra de horas de espera en el mejor de los casos. Hace poco la red de hospitales privados ofreció a Sanidad colaborar para poner el contador a cero pero el Ministerio ni contestó, porque necesita el dinero, se conoce, para atender los derroches de las autonomías y sus políticos.

Los males de la seguridad social se agravaron con la crisis y los recortes pero la crisis se ha acabado, según Rajoy, pero no los recortes a costa de los demás. Porque las listas de espera aumentan cada día y la gente se busca ya la vida por su cuenta en los seguros médicos, pero estos, que son sobre todo un negocio, no admiten a personas que pasen de los 70 años, o poco más, sin que el Gobierno ni el Congreso hagan nada por obligar o intermediar en este sentido y con respecto a este sector tan boyante cuando es precisamente la tercera edad la que más suele necesitar y de manera crónica la atención clínica, y la que más satura, por tanto, el artrítico funcionamiento del mastodóntico sistema.

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