San Boal, mártir zamorano

06.11.2016 | 01:41
San Boal, mártir zamorano

En la iglesia parroquial de San Torcuato, que antes fue de los Padres Trinitarios, se conservan recogidos en un cofre los restos preciosos del mártir zamorano conocido con el nombre de san Boal.

De la historia de los Santos Mártires compuesta en 1615 por el doctor Jerónimo Martínez de las Vegas, párroco que fue del pueblo de Roelos, aunque muchos no creen exacta esta relación según se desprende de algunos detalles, apuntamos lo que en ella se dice: "En las riberas del Esla, a tres o cuatro leguas de Zamora, hubo un hombre llamado Boal, de cuyos padres y patria nada se sabe, dedicado a una vida azarosa y delincuente. Robó un día unos bueyes y mientras los conducía movió Dios su corazón y comenzó a arrepentirse de los males hechos; buscó enseguida confesor e hizo después una vida ejemplar. El confesor le había ordenado que donde quiera que oyese el tañido de la campana o la salutación angélica, se hincase de rodillas y rezase. Cumplía esta penitencia en las riberas del río Esla, dedicándose desde entonces a dar hospedaje gratuito y pasaje con un barco por el río a cuantos viajeros lo necesitasen. Aconteció que un día Boal guiando su carreta cargada de leña que recogía para el hospedaje, siempre preparado para atender a todo peregrino y entrando con ella en el río para vadearlo, oyó el tañido de la campana que le recordaba la penitencia a que estaba obligado y no queriendo faltar a ella, se puso de rodillas en el mismo río que, apartando sus aguas, dejó que Boal lo atravesara de rodillas y orando.

En esta actitud le sorprendieron los enemigos del hombre cristiano que rodeándolo lo acuchillaron dejando allí el cadáver de aquel mártir".

¿Cómo vino a parar el cuerpo de san Boal a la iglesia de San Torcuato? Si creemos todo lo que hay en la memoria escrita que allí se encontraba, parece que a la muerte de san Boal, tocaron por sí solas las campanas de la comarca, y que extraído el cuerpo del río lo colocaron en una carreta dejando que los bueyes se marcharan por donde quisieran, los cuales no pararon hasta que llegaron a la iglesia de San Torcuato que entonces estaba fuera de muros, pararon allí sin querer moverse hasta que el cuerpo del mártir fue recogido. Entonces, dice, la campana de aquella iglesia tocó por sí sola. Aquella campana se conservó muchos años, siendo conocida con el nombre de san Boal.

Dice el comentarista que le merece poco crédito una parte de la relación citada, entre otras razones, porque las campanas no eran conocidas aún en el tiempo de San Boal, año 280, o sea el siglo III de la era cristiana, sino que fueron inventadas o al menos aplicadas al destino que hoy se conoce, por san Paulino de Nola en el séptimo siglo.

Para certificar si el cuerpo de san Boal se hallaba en la iglesia de San Torcuato, fueron a ella los señores don Juan Pérez de la Serna, arzobispo de México, canónigo lectoral que entonces era de Zamora, el doctor don Juan Fernández Valdivieso, magistral y el cura y feligreses de dicha iglesia; y en su presencia se abrió la sepultura de dicho mártir san Boal. En esta se hallaron un arca de piedra con su cubierta y letrero; dentro estaba llena de tierra y entre la tierra otro arca de madera ya corrompida, y en ella los huesos del cuerpo santo, con ellos unas avellanas ya vanas y unos pájaros consumidos, pero enteros y flores secas, y unas monedas antiguas. Volvieron a cerrar quedando allí el santo cuerpo, pero limpios y apartados de la tierra los huesos. La inscripción de la cubierta decía que allí estaban los huesos de san Boal, que padeció martirio con sus compañeros en el monte concejil cerca de los muros de Numancia. Algunos años después se volvió a desenterrar el cuerpo santo, y colocado en un cofre preparado al efecto en lo alto de una de las paredes de la capilla mayor.

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