Verano de 1909 en Cataluña

Las revueltas se sucedieron, intervinieron las fuerzas de seguridad y en Zamora la tropa se preparó por si tenía que ir a Barcelona

31.05.2016 | 00:04
Verano de 1909 en Cataluña

En la última semana del mes de julio de 1909, en Barcelona numerosos grupos de obreros recorrían las calles de la ciudad protagonizando disturbios y llegando a paralizar los tranvías; llamando a la huelga general, impidiendo que se realizara servicio ni trabajo alguno.

El pretexto de aquel movimiento era contra la guerra de Melilla. Las mujeres exhortaban a luchar, diciendo: "Es preferible morir por la libertad que morir en Melilla". Pero enseguida pudo verse que nada tenía que ver la guerra en Melilla con aquella revuelta en la que los revolucionarios quemaban iglesias y conventos, asesinaban monjas y destrozaban elementos de servicio público. En Villanueva y Geltrú fueron cortadas las líneas telegráficas, telefónicas y ferroviarias.

La iglesia de San Pablo fue incendiada, en Pueblo Nuevo ardió un convento de monjes, en el convento de Valdedoncellas se perdieron valiosas joyas históricas regalo de los reyes de Aragón.

Los organizadores de la sedición buscaron el apoyo de Solidaridad Obrera, que accedió a la huelga creyendo que se trataba de protestar contra la guerra de Melilla, pero cuando comprendieron el alcance y transcendencia del movimiento, trataron de retirarse, pero ya era tarde.

La autoridades civiles, ante la gravedad de los hechos, declinaron sus poderes en manos de la autoridad militar. Desde el Gobierno Central se acordó suspender las garantías constitucionales en la provincia de Barcelona y las limítrofes de Gerona y Tarragona: "Los elementos anarquistas y revolucionarios iniciaron la huelga general procurando extenderla a varias poblaciones; desde los primeros momentos acometieron a la fuerza pública y realizaron toda clase de desmanes y atropellos cortando todas las comunicaciones ferroviarias y líneas telegráficas y telefónicas para aislar completamente a Barcelona e impedir la llegada de refuerzos que sofocaran el movimiento sedicioso. Han incendiado vagones del ferrocarril, incendiaron un puente en Tarrasa y en la línea de Tarragona han volado otro con dinamita; han detenido varios trenes logrando impedir la entrada y salida de los mismos en Barcelona. En Pueblo Nuevo han asaltado un convento de Maristas resultando un hermano muerto y varios heridos; han levantado barricadas en las calles, habiéndose visto obligada la fuerza pública a hacer uso de las armas en multitud de ocasiones, y las últimas noticias del capitán general demuestran que al recorrer este toda la línea de la fuerza en Paralelo y Pueblo Nuevo hicieron fuego sobre dicha autoridad, viéndose obligada a contestar con su escolta. Han incendiado la iglesia de San Pablo y las escuelas Pías de San Antonio en las calles de Nápoles y Roger de Flor. Los revoltosos han deshecho los puentes que hay sobre la vía, haciendo caer los escombros sobre las zanjas y han atacado a la subdelegación de Pueblo Nuevo, defendiéndola la Guardia Civil que en ella se concentró. El Gobierno, ante semejantes hechos, ha enviado y enviará cuantos refuerzos sean necesarios para imponer orden público y reducir a los sediciosos a la obediencia de la ley. Dado en El Pardo, 29 de julio de 1909. El presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura Montaner".

Hubo importantes desplazamientos de tropas y contingentes de Guardia Civil. En el Regimiento Toledo, de guarnición en Zamora, se recibieron instrucciones desde la Capitanía General, con sede en Valladolid para que la fuerza estuviera preparada por si tuviera que desplazarse a la provincia de Barcelona.

Se llegó a la declaración de la República Independiente de Sabadell. También en Mataró y Palamós se declararon republicanos.

El terror se enseñoreó en Barcelona y los alimentos escasearon, hubo días sin pan ni carne. Las calles estaban llenas de basuras. No se efectuaban entierros. El alumbrado público estuvo apagado; los enfermos graves morían sin asistencia facultativa.

El día 3 de agosto, la tranquilidad volvía a las calles de Barcelona, las calles volvían a la normal animación y las fábricas recuperaban su trabajo. Las fuerzas del orden disminuían su presencia en las vías públicas, aunque no descuidaron la vigilancia.

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