Así que pasen cinco años

Para tener autoridad a la hora de vaticinar se deben reunir determinadas condiciones

25.04.2016 | 00:19
Así que pasen cinco años

Si antes no se ha leído la obra, es probable que el público que asista a su representación no llegue a enterarse de mucho, o de nada, para ser más precisos. La pieza de Lorca "Así que pasen cinco años" es una función de premoniciones que se deslizan por el surrealismo, con personajes reales y ficticios, con alusiones a los astros, y a las sensaciones que de vez en cuando trasmite la naturaleza en forma de viento, fuego o tormenta. La escribió en 1931, precisamente cinco años antes que diera comienzo la Guerra Civil, cinco años antes de ser fusilado, cinco años antes, tal como reza el título de la obra. Parece ser que Lorca dijo que al ser una función de "teatro imposible" para su tiempo, solo se valoraría cuando transcurrieran, al menos, cincuenta años. Y no fue hasta 1978, cuarenta y siete años después, cuando llegó a estrenarse comercialmente en España, en el Teatro Eslava.

Así que, parece ser que existen las premoniciones, porque, de vez en cuando, se comprueba que lo que en su momento alguien llegó a vaticinar ha llegado a cumplirse. Vemos que se han cumplido gran parte de las premoniciones que hizo Julio Verne, como también algunos de los vaticinios que nos dejó Nostradamus, sin olvidar el que adelantó Abraham Lincoln unos días antes de ser asesinado. Dicen de Einstein que soñó su famosa fórmula, la que dio origen a la teoría de la relatividad, un día en el que dormía una plácida siesta en el campo. Y aunque la comunidad científica no lo certifique, lo cierto es que si admite la probabilidad de que esto pueda llegar a suceder. Pero para tener autoridad a la hora de vaticinar se deben reunir determinadas condiciones, ya que cualquier humano no está capacitado para ello, sobre todo si no tiene buen contacto con el hemisferio derecho de su cerebro, que es el que dicen que gobierna lo intuitivo.

Desde tiempo inmemorial ha habido hombres que han hecho premoniciones, pero solo unas pocas han llegado a cumplirse. Por eso resulta fácil explicar cómo no ha habido un solo economista que llegara a prever la gran crisis económica que llevamos años padeciendo, ni un solo político que haya hecho coincidir sus premoniciones con la realidad a la que, ellos mismos, nos han llevado en unos pocos años de Gobierno. De ahí que no haya que hacer demasiado caso a ese partido político que preconiza que si él no dirige el cotarro el caos se apoderará de España, ni a ese otro que no se corta en decir que de continuar gobernando los mismos nunca aumentará el empleo, ni se acabará con la corrupción. Y es que, dependemos tanto de la situación mundial y particularmente de la UE que queda poco margen para hacer pinitos, para caminar por sendas distintas a las que nos vengan impuestas desde Bruselas o desde Washington, de lo que se deduce que mas que premoniciones lo que nos sueltan los políticos son propagandas baratas o cuentos chinos. De manera que cada uno es libre de hacer sus propios vaticinios, con la seguridad que el grado de acierto no será muy diferente del que puedan obtener esos gurús del tres al cuarto que optan a seguir marcándonos el camino.

Eso sí, cuando nos encontremos en plena labor premonitoria, es posible que notemos como vuela sobre nosotros, como en un goyesco "volavérunt", la sombra de algún líder del pasado, de aquellos que nos llegaron a impresionar, porque los del presente ni vuelan, ni han aprobado todavía la EGB de la política. Pero tal cosa no sería ningún desdoro, de hecho, y salvando las distancias, ahí tenemos a Platón que tuvo a Sócrates como su "alter ego", o a Nietzsche que bebía en las fuentes de Schopenhauer, y a ambos no les fue mal en sus estudios y teorías.

Pues eso, que así que pasen cinco años sabremos lo que nos ha ofrecido el futuro, pero habrá que esperar todo ese tiempo para que la incógnita llegue a ser despejada. Ya que solo mentes privilegiadas, como las de Lorca o Einstein, por citar a algunos, fueron capaces de ver más allá de lo que veían los demás, ya fuera en clave surrealista o rompiendo con los principios de la física. Y ese no es precisamente el caso que ahora nos ocupa.

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