La columna del lector

Santa Teresa y Cervantes unidos por los libros de caballerías

15.02.2016 | 00:18

Recién concluido el V.º Centenario del nacimiento, Santa Teresa (1515), se celebra este año 2016, el IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. Ambos ella y él, dos cumbres máximas de la Literatura Universal. Una, Teresa, la cumbre de la literatura mística con su magna obra el "Castillo Interior", que tiene mucho de simbología caballeresca, el otro, Cervantes, quien con su "Ingenioso Hidalgo", elevó la orden de la Caballería a la simbología mística. Ambos unidos a Castilla-La Mancha con importantes vínculos culturales y religiosos.

Santa Teresa sabía mucho de los libros de caballerías, a los que pretendió ridiculizar Cervantes inventando un Hidalgo de la Mancha, quien enloquece por su afición desmedida por los libros de caballerías. La verdadera intención de Cervantes es la que él afirma, no la que sesudos investigadores le atribuyen: así afirma el genial Manco de Lepanto: "No ha sido otra mi intención, sino poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías".

Sobre la lectura de los libros de caballerías Santa Teresa escribe su propia experiencia en el Capítulo 2-1 un testimonio que refleja muy bien la influencia de estos libros en la sociedad de aquel tiempo: "(?) Era (mi madre) aficionada a los libros de caballerías y no tan mal tomaba este pasatiempo como yo lo tomé para mí, porque (su madre) no perdía su labor, sino desenvolvíamonos para leer en ellos, y por ventura la hacía para no pensar no pensar en grandes trabajos (?). De este pesaba tanto a mi padre que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a quedarme en costumbre de leerlos; y aquella pequeña falta que en mi madre vi, me comenzó a enfriar los deseos y a comenzar a faltar en los demás; y parecíame no era malo con gastar muchas horas del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque escondida de mi padre. Era tan extremo lo que en esto me embebía que, si no tenía libro nuevo no me parece tenía contento".

Surgen algunas preguntas ante este sincero y revelador testimonio: ¿Por qué Santa Teresa se arrepiente de la lectura de estos libros? Y ¿por qué lo hacía a escondidas de su padre? ¿Por qué Miguel de Cervantes intentó ridiculizarlos? Los libros de caballerías eran el género novelesco preferido por las diversas clases sociales del siglo XVI, desde las más elevadas a las más populares; desde el emperador Carlos V hasta los últimos soldados y arrieros que sabían leer; así como las mujeres incluidas las de alta nobleza y las más plebeyas, o santos como Íñigo de Loyola. Tenían, sin embargo, grandes detractores no solo entre los teólogos y moralistas, sino entre los hombres prudentes y graves, el caso del padre de Santa Teresa, como lo refleja claramente ella en el texto citado. Las causas de este rechazo de los libros de caballerías eran su inverosimilitud e inmoralidad. Lo que seducía al público era el protagonista de los mismos: un caballero andante prototipo de heroísmo y fidelidad amorosa, quien emprende grandes aventuras en las que suele aparecer como defensor de doncellas desamparadas y oprimidos, por al amor de su dama. La parodia cervantina supuso, de hecho, el final de los libros de caballería.

Santa Teresa escribió con su propia vida y nos los dejó escrito en la maravilla del libro de "Las Fundaciones", uno de los libros más divertidos de la Literatura Española, en el que la protagonista es ella misma con sus humildes hijas e hijos con quienes emprendió la magna obra de la Reforma del Carmelo venciendo obstáculos sin límites para conseguir la libertad espiritual y la dignidad de la mujer por los duros caminos de los dos Castillas, Andalucía y Murcia, sembrando por todas las partes sus palomarcicos. Se trata de una aventura a lo divino, pero con los pies en la tierra, porque también entre los pucheros andaba Dios.

Miguel de Cervantes nos dejó encubiertos en El Quijote trozos de su vida tan dura y sacrificada, de la que incluso manco presumía por haber vencido en la que él calificaba: "Ocasión más grande que vieron los siglos" y por la que se lo conoce como el genial manco de Lepanto; a quien unos frailes mercedarios lo libraron del cautiverio de por vida y gracias a ellos, pudo escribir la madre de todas las novelas: "Don Quijote de la Mancha".

Fidel García Martínez, catedrático Lengua Literatura, doctor Filología Románica, licenciado en Ciencias Eclesiásticas

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine