Todo igual o peor

Políticos y periodistas explotan los resentimientos de unos y de otros para dividir en lugar de tender puentes

18.01.2016 | 00:15
Todo igual o peor

Ha estado uno fuera del país, desconectado durante varios días de lo que ocurría dentro, y se encuentra a la vuelta con que todo sigue igual o aún peor de como lo dejó.

¡Qué pequeño parece en cualquier caso todo desde la perspectiva europea! Los catalanes, o al menos un importante sector de los ciudadanos de esa región o nación, empeñados en romper con España, a la que acusan de todos los males, incluidos los cometidos por sus propios y corruptos gobernantes.

Los otros españoles, cada vez más indignados por la insolidaridad que ven en esos catalanes, que solo parecen pensar en lo suyo, no quieren saber nada del resto del país y se creen más europeos que nadie cuando en el fondo demuestran ser solo balcánicos.

Y entre unos y otros, políticos y, ¿por qué no?, también periodistas que explotan los resentimientos de unos y de otros para dividir en lugar de tender puentes e intentar entender las razones del otro, que algunas tendrá.

Todo sigue pues igual o peor que cuando uno salió del país aunque se haya constituido mientras tanto "in extremis" y al cabo de un proceso rocambolesco un inverosímil Gobierno en Cataluña, que si a alguien puede beneficiar es precisamente a quien en Madrid quiere que las cosas sigan igual.

El nuevo Gobierno catalán continúa impertérrito su andadura hacia la independencia que uno no sabe si llegará a alguna parte mientras que ha gobernado durante cuatro años todo el país sin escuchar ya no solo a los catalanes, sino a muchos otros españoles, parece empeñado en seguir fabricando independentistas con su empecinamiento.

¿Qué queda por hacer ahora? ¿La suspensión de la autonomía? Con la segura respuesta de una campaña de desobediencia civil en esa parte del país que sin duda puede atraer a muchos jóvenes. Todo lo que está ocurriendo de un tiempo a esta parte a este lado de los Pirineos es un puro disparate.

Cuando lo lógico y deseable habría sido el camino contrario al emprendido: llegar a una ideal Unión Ibérica, que incluyese además a Portugal y con una capital que a uno le gustaría que fuese -¿por qué no?- Lisboa, hay quienes se empeñan en separar, en enfrentar.

¿Costaba tanto que el rey recibiese a la presidenta del Parlamento catalán por impresentable que hubiese sido el comportamiento de esta como decididamente ubuesco el proceso que llevó a la formación allí del nuevo Gobierno?

¿No habría sido un gesto de buena voluntad hacia quien, quiérase o no, encabeza al legislativo que han elegido libremente los votantes de esa parte de España?

Pero parece que aquí estamos decididos a romper los puentes que aún quedan en lugar de ayudar a reconstruir los ya destruidos o construir otros sobre bases nuevas y con las que sea fácil identificarse.

Es cierto que quienes gobiernan en Cataluña han hecho todo lo posible por enfrentar a sus gobernados ya no solo con Madrid sino también con el resto de ese país que llamamos España y que al parecer solo sabe robarles.

Hay mucho, demasiado de manipulación histórica y también de estúpida xenofobia en las declaraciones de tantos políticos e ideólogos independentistas que parecen haber perdido el sentido de la realidad, pero hay mucho también de pereza mental, de estúpida cerrazón en sus oponentes.

Y mientras aquí tan absurdamente nos peleamos, las bolsas caen en todo el mundo, aumenta el desempleo, crecen la desigualdad y la pobreza, y el más fanático y ciego terrorismo de la historia, el islamista, continúa haciendo estragos por todas partes. ¡Bonito panorama para intentar nuevas divisiones!

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